29. Noticias

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Lorena llegó a su salón de clases sintiéndose terriblemente cansada. El fin de semana se le había hecho demasiado largo. Miguel no la había dejado en el trabajo ni un solo segundo en paz, pues el joven había querido saber absolutamente todos los detalles sobre la forma en que habían derrotado a Alatiel. Lorena no estaba de humor para contar aquello. Aparentemente los Alejandrinos estaban muy contentos con haber evitado que Marco cayera en la trampa de Alatiel, al igual que sus amigos. Sin embargo, ella no podía evitar la horrible sensación de que se aproximaba algo ante lo que la Viuda Negra parecería poca cosa.

—¡Hola! —la saludó una voz en cuanto traspasó el umbral de la puerta de su salón.

Al igual que el primer día de clases, en el salón solo se encontraba Gabriel. En esos momentos se encontraba leyendo un libro titulado La Esperada.

—¡Hola! —le regresó el saludo Lorena poniendo sus cosas en el asiento que estaba detrás de Gabriel.

—¿Qué te pasa? —inquirió Gabriel.

—Nada —respondió inmediatamente Lorena.

—¿Segura? —preguntó el muchacho alzando las cejas.

Lorena suspiró. Gabriel podía ser bastante despistado, pero cuando se trataba de asuntos que les molestaban a sus amigos resultaba bastante perceptivo.

—Tengo una sensación extraña —confesó Lorena—. Como si el asunto de Alatiel hubiera sido lo menos preocupante del mundo en comparación con lo que se nos aproxima.

—No me extraña —contestó Gabriel tranquilamente.

Lorena miró a su amigo con confusión. ¿De qué estaba hablando?

—Bueno, por lo que nos ha contado Marco, Belial debe ser un enemigo extremadamente peligroso —dijo Gabriel poniendo su libro sobre la paleta de la banca—. He de confesar que yo también tengo miedo y no dejo de preguntarme si podremos contra él o seremos aniquilados por los Carneros.

Lorena no había pensado en aquello. El recuerdo de Belial le puso los cabellos de punta, aunque solo lo había visto dentro de otro recuerdo. Su don sería mortal para muchos de ellos si no lo detenían rápidamente. Aunque le costaba trabajo concebirlo, el plan que Gabriel había ideado hacía tiempo parecía el más efectivo. Después de todo, Belial no podría robar su energía áurica. Pero por otro lado, no quería que Gabriel estuviera en peligro rodeado de un montón de Carneros que pudieran matarlo con un solo destello de su aura.

—Los demás están muy confiados —comentó Lorena, intentando ahuyentar los pensamientos negativos de su cabeza.

—Eso es porque te apuesto a que no se acuerdan que tenemos que enfrentarnos a Belial —la contradijo Gabriel poniendo los ojos en blanco—. Piensan que dado que la trampa puesta por Alatiel fue superada ya no hay nada por lo cual preocuparse.

La joven Oranday se quedó callada. Era muy probable que sus amigos pensaran de aquella manera. Seguramente la victoria sobre Alatiel era lo que los tenía tan felices y habían olvidado por completo cuál era el verdadero enemigo en aquellos momentos.

—Eso me recuerda, ¿le contaron a Vanya lo que sucedió? —inquirió Gabriel.

—Por supuesto —contestó Lorena—. Le contamos todo y se sorprendió bastante de no haber sospechado de Alatiel desde un principio. Sin embargo, estaba principalmente aliviada de que Marco ya no se encontrara en peligro.

—¿Qué hicieron con Sebastián? —preguntó el muchacho.

—Cuando nosotras llegamos ya se había marchado —contestó Lorena sonriendo de repente.

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