Capítulo V

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ESPECTRO

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-¿Abuela?-la adormilada voz de Leo hace que lo mire aliviada por cortar la tensión entre la mujer y yo, pero al seguir el rastro de sus ojos, vuelvo a mirar a la mujer de cabellos rojos...su abuela.
Sus labios tiemblan hasta formar una amplia sonrisa llena de ternura y alegría.
-Leo-susurra llevando ambas manos a sus labios para reprimir un jadeo provocado por sus lágrimas.
-¿Por qué lloras abuela?-
Ágata camina hasta llegar hacia nosotros y abraza a la madura mujer bien cuidada.
Ágata gira en mi dirección sonriéndome.
-Dame al pequeño, necesita dormir-
Miro a Leo con angustia, es mi punto de fuerza.
Hago fuerza con mis brazos, pensando en que voy ha hacer hasta que accedo.
Lo miro preocupada.
¿Qué va a ser de mí en estos momentos sin el?
Ha sido el único que no se ha quedado petrificado al verme.

Miro asustada la recta espalda de Ágata alejarse con Leo en sus brazos, acunandolo y besándolo en la cabeza.

-Corina..¿cómo?..-la mujer intenta hablar, pero unas fuertes pisadas en lo alto de las centrales y grandes escaleras hacen callarla al instante.
Su semblante cambia drásticamente a uno serio y preocupado al ver al culpable de su silencio. Sigo la dirección de su mirada encontrándome en la mitad de las escaleras a un hombre joven y alto, de traje oscuro, apoyándose en un bastón marrón.

Sus ojos azules apagados pasan de la mujer pelirroja a los míos al instante.
Siento un nudo en mi garganta que poco a poco me prohíbe respirar.
Siento como las palmas de mis manos se van humedeciendo debido al frío y a los nervios.
Su reacción es la misma que todas las anteriores. Parece que ha visto a un fantasma.
Sus gruesos labios rosados tiemblan sin control y sus ojos bien abiertos me asustan más que las otras.
Trago saliva con mucha dificultad. Necesito la presencia de Ágata o de Leo en estos momentos. No sé porque justo se tenía que ir.
Cierro mis manos en puños hasta pintar mis nudillos de blanco puro.

Escucho sus pesadas pisadas de nuevo.
La mujer intenta acercarse a él, pero un movimiento de mano por parte de él la detiene a mitad camino.

Apoya una de sus manos en la barandilla dorada de las escaleras y la otra la mantiene en su reluciente bastón.
Camina con dificultad hasta llegar a mí.
Nuestras miradas, no se han separado en todo el trayecto.
Vuelvo a tragar saliva mientras tarareo una absurda canción en mi cabeza para intentar relajarme de nuevo.
Me siento como si hubiese cometido el peor de los crímenes. Sus miradas lo dicen todo.
¿Habré sido una mala persona?
Lo dudo.

Sus labios siguen temblando y su respiración es cortada, parece como si se estuviera ahogando.
Mueve su mano libre, parece indeciso, trata de no temblar.
Su pequeña frente sudorosa está cubierta por varios mechones oscuros.

Abro un poco más mis ojos al sentir el contacto de su mano libre en mi mejilla.
Separo mis labios para recuperar el aire que tanto necesito ahora mismo.
Mueve su dedo índice, pero aparta la mano al instante de hacerlo, como si se hubiera quemado.
Lo miro muy confundida. Necesito tomar el aire, necesito volver a mi casa.
Necesito que Ágata vuelva.

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