Corina Herrera, conocida como una mujer mediterránea alegre e independiente, es la mujer del prestigioso inspector de policía Leónidas Cron. Un joven matrimonio, perdidamente enamorado, con toda una vida por delante.
Aquella noche se apagó la luz de...
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Respiro profundamente, asintiendo a las cálidas y cordiales palabras de la prestigiosa psicóloga, Montserrat Del Valle. Debo reconocer que no le estoy prestando especial atención. Tengo claros mis objetivos y me tomé el tiempo necesario para analizar mi nueva situación, ordenar mi mente, mis emociones...todo lo hice yo sola. La miro directa a sus ojos marrones, por tercera vez desde que estoy aquí. Sus facciones están poco marcadas, su tono de piel oscuro, y su cabello claro la hacen ver hermosa. No tiene acento inglés. Ella solo quiere convencerme de que siga hacia delante y que no me atormente por mi pasado. Lo que pasó paso sin más. Nadie quiere decirme nada, solo animarme y es que no puedo con eso. Necesito saber con urgencia mi pasado y mi paciencia se está acabando. Intento ser todo lo positiva posible, pero cada vez que veo luz se apaga en mis narices. -¿Corina?-la femenina voz de la psicóloga me saca de mis pensamientos. Levanto mi mirada de nuevo. -¿Si?-pregunto acomodándome en mi asiento. Su mirada me transmite comprensión y amabilidad. -Montse te preguntaba si has tenido algún tipo de recuerdo Cora-la voz del señor Cron a mi lado hace que lo mire. Asiento. No estoy segura de responder con la verdad. No me dan motivos suficientes para confiar. -No-respondo tras unos segundos. Esta asiente y escribe en una hoja de su cuaderno de notas negro. Siento la cálida mano del señor Cron en la mía. Sus ojos me transmiten apoyo, ¿de verdad trata de comprenderme? ¿Me estará mintiendo? Suspiro. Sonrió levemente y vuelvo mi atención a la psicóloga. Levanta su mirada para poder verme directa. -¿Qué sentiste al despertar?- Su pregunta me deja anonada. La miro sin pronunciar palabra, sin aliento. Considero que es algo privado, debería contárselo ya que trata de ayudarme, pero no me siento en confianza. Siento que...si cuento de verdad mis sentimientos, pensamientos,...estaría muy desprotegida y podrían aprovecharse para intentar manipularme o mentirme. No sé que responder. Ambas miradas están puestas en mí. -Anthony, ¿podrías ir a comprar algo de beber para Corina? No soporta este calor como nosotros-ríe con elegancia al pronunciar sus últimas palabras. El señor Cron se pone en pie de inmediato y desaparece no sin antes despedirse. Mi intranquilidad no desaparece. -Corina -su voz hace que la mire al instante-Sé que no querías hablar delante de él, ¿por alguna razón en particular?- Suspiro con pesadez. -Discúlpeme doctora Del Valle, lo mejor será no continuar con todo esto. Señalo el entorno en el que nos encontramos; una habitación grande de color beich con una mesa de escritorio y dos cómodos sofás pequeños verdes oliva. -¿Por qué dices eso? Corina, necesito que hables con la verdad para poder ayudarte-se levanta cuando yo lo hago para impedir que me marche. Niego. -No puedo- -¿Por qué?-me invita a sentarme de nuevo con una gran sonrisa que inspira confianza. Sonrío levemente. -Ya fui a terapia cuando estuve en España y no me sirvió de nada, bueno,si, para sacarme dinero, pero para nada más -nada más terminar de hablar, abro mis ojos con exageración -Discúlpeme...no quería decir...-me interrumpe. -No te preocupes y por favor,tutéame, será mucho mas cómodo -junta sus manos mientras entrelaza sus dedos, sin quitar su sonrisa amable-Creo que hay algo más que te impide abrirte, ¿verdad?- Asiento. Deja su cuaderno de notas sobre la mesita de cristal que hay entre los sofás en donde nos encontramos-Quiero que te sientas comoda totalmente. No quiero que me veas como un robot que oye tus preocupaciones y te medica, para nada-niega colocándose mejor sus gafas de ver-Sabes, yo llegué a conocerte antes de que te pasara todo esto- La miro incrédula. -¿De verdad? ¿No me está mintiendo?-le pregunto haciendo caso omiso a su petición para tutearla, no me sentiría cómoda. Asiente volviendo a sonreír. -Eras una muchacha mediterránea muy alegre y simpática, nunca se te borraba esa sonrisa de tus labios y hacías que cualquiera que te conociese se sintiera en confianza contigo, como si estuviese hablando con una persona de hace años de conocerla -para para reír con elegancia. Permanezco en silencio, analizando sus palabras, meditando sobre ellas, sorprendiéndome cada vez más. Si tuve una vida aquí, no me mienten como a veces he creído. -Leónidas y tú estábais muy enamorados, no se te despegaba ni un solo momento, ni tu de él -su cálida sonrisa hace que sus ojos brillen-Lo eras todo para él -su sonrisa decae al decir sus ultimas palabras. Mis ojos curiosos no dejan de observarla. -¿Qué pasó ?-pregunto, con la esperanza de que me responda. -Tuviste un accidente que acabó con tu vida, o eso creíamos-me contesta acomodándose en su asiento. -¿Se sabe algo del accidente?-pregunto. Me alegra que me haya respondido a una de mis miles de preguntas. Aunque ya lo sabía, me ha dado claros indicios de que puedo contarle algunas cosas. D
e momento es algo magnífico para mí. -No-niega moviendo su cabeza-Se supo que tuviste un accidente de coche a las afueras de Luisiana una noche y que pudieron llevarte al hospital, pero no dejaron que nadie pasara a verte una vez después de la operación, ni siquiera a Leónidas-suspira sin despegar sus ojos de los míos -pocas horas después anunciaron tu muerte y tu traslado a España por petición de un familiar tuyo. -¿Qué familiar?- Niega. -Nadie lo sabe- Las palabras de la doctora divagan en mi cabeza, causándome un remolino de pensamientos que me impiden descubrir una pista. -La mañana en la que desperté me sentí como cualquier persona, normal, solo tenía un pitido en los oídos -comienzo ha hablar, respondiendo a la segunda pregunta hecha por ella. Su atención sigue en mí, con mas intensidad- La primera persona que vi fue a mi madre, acababa de ir a comprar una botella con agua para refrescarse, hacia un verano caluroso. Yo no estaba sudada y me pareció extraño porque siempre me ha costado soportar las olas de calor-paro para tomar aire-Cuando ella me vio, despierta, escuche como respiraba con fuerza y su pecho se comprimía. Sus ojos empezaron a aguarse y las lágrimas no tardaron en bajar por sus mejillas. Yo no entendía porque estaba actuando de esa forma. Yo solo recordaba que acababa de tener una operación de varias horas y tras ella me había ido a la sala de camas donde descansaban los profesionales de la salud. Soy cirujana-sonrio alegre al haber podido conservar esa información. Sus ojos me miran con compasión y un deje de tristeza. Su silencio me indica que puedo seguir hablando. -Cuando mi madre me contó lo que me había pasado la tomé por bromista, una muy mala, pero cuando vi que mi vestimenta se trataba de la de un paciente y no la de un médico empezo mi pesadilla-respiro- Desde que desperté nadie me ha respondido a ninguna de mis preguntas- Asiente tras unos largos segundos. -¿Qué te contó tu madre exactamente?-su pregunta me toma por sorpresa. Me tomo un tiempo corto para hacer memoria y decir lo correcto. -Tuve un accidente de coche cuando me dirigía a Teruel para operar en plena autovía y había estado en cama varios años, seis para ser exacta- -¿Nada más?- Niego. Toma su cuaderno de notas y me lo muestra por afuera, alzándolo. -En este cuaderno no voy a escribir nada porque iría directamente a tus familiares de aquí por petición suya. No te lo tomes a mal, pero quieren saber también lo que te pasó y poder ayudarte, pero no lo haré porque siento que no es de tu agrado- Abro mis ojos con sorpresa. Asiento dándole la razón. -Se lo agradezco mucho. La verdad es que creía que podrían responder a todas mis preguntas, pero desde que estoy aquí no lo han hecho y...- -Tranquila, puedo entenderte y no les diré nada de lo que me cuentes. Te doy mi palabra Corina. Te ayudaré en todo lo que pueda para que consigas salir de esto- Empiezo a sentir como mis ojos pican y se bañan en agua lacrimal. Las lágrimas bajan por mis mejillas que adoptan un color rosado y mis labios se humedecen. -Oh, Corina-la dulce voz de la psicóloga me hace saber que se a levantado del sofá y está a mi lado. Imito su gesto y la abrazo con todas mis fuerzas. La sorprendida psicóloga se queda dos segundos contados conmocionada, sin saber como actuar hasta abrazarme de la misma forma en que lo hago yo. -Muchísimas gracias-susurro cerca de su oreja. ___________________ -Como me alegra que te haya ido tan bien con Montse -Anthony sonríe feliz por mí mientras caminamos por el estacionamiento al aire libre de la clínica privada. Sonrió al igual que él o incluso más al sentir una ligera esperanza que hace que mi corazón bombee con mas velocidad. Bebo el agua fría de la botella que ha cogido para mí. -Yo también -respondo tras haber bebido una buena cantidad. -Señor Cron-lo llamo, haciendo que nos paremos a dos pasos del todoterreno dorado oscuro. Me mira como si un padre regañara a su hija con la mirada-Anthony-sonreímos-quiero darte las gracias por lo que has hecho por mí, te estaré agradecida por el resto de mi vida. Se dirige hacia mí con una amplia sonrisa que hace darle una expresión todavía mas paternal. Me envuelve en sus grandes brazos cubiertos por una americana de color marrón. -Gracias por volver Cora,te hemos echado de menos- _________________
Camino por el inmenso jardín trasero de la casa igual de inmensa que este. Siento la fresca hierba en mis pies descalzos al andar. No me preocupa tanto el aire caliente al estar bajo la gran sombra que produce las hojas verdes de un árbol que esta cerca de la valla de seguridad blanca. Miro el lejano paisaje que va a parar al agua del pacífico mar con mis manos juntas en mi espalda. Respiro con profundidad, llenando mis pulmones con plenitud. Ahora siento que todo esta comenzando a caminar. Siento que pronto acabara todo esto y comenzare a vivir realmente.