Capítulo XX

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MIEL

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Froto mi brazo para entrar un poco en calor a pesar del clima cálido. No estoy prestando la atención que debería a la psicóloga Montserrat Del Valle. Me siento un poco culpable, pero me es imposible. Los recuerdos de la noche anterior vienen a mi mente una y otra vez.
_¿Corina?_su dulce voz hace que la mire con timidez. Sonrío como una niña al ser pillada en una de sus travesuras.
_Lo siento mucho_me disculpo desviando mi mirada de la suya, tratando de escapar.
_No te preocupes_sonríe con amabilidad. Descruza sus piernas y deja su cuaderno en la mesita de cristal que hay entre nosotras. Quita sus gafas de ver de su rostro_Estoy aquí para escucharte. Cuéntame que es lo que traes en mente_ su encantadora sonrisa permanece en sus finos labios. Suspiro con pesadez. La miro al fin, asintiendo.
_Ayer fue una noche complicada _su silencio me invita a que siga_Fue muy extraño todo_mi mirada divaga por la habitación_El hermano de León, Jen se comportó peor de lo normal conmigo y..._suspiro.
_Continúa, tranquila_
_Conseguimos tener una conversación "normal" por unos segundos y después..._dejo de hablar, volviendo a recordar la escena_Volvió a actuar como antes, me tenía miedo_Reprimo un sollozo_No lo soporto más _
_¿No lo soportas a él?_La miro.
_No soporto que me siga machacando psicológicamente. Siento que mis fuerzas se desvanecen_ mi respiración se dificulta y las cuencas de mis ojos se acumulan con lágrimas.
_¿Cómo te sentirías mejor?_
_Alejándome por un tiempo de él, pero se que eso sería imposible porque vivimos en la misma casa_ asiente.
_Tienes razón _comiemza ha hablar_no puedes dejar de verlo porque vivís bajo el mismo techo, pero si podrías tratar de ignorarlo el mayor tiempo posible, solo hasta que te sientas preparada para volver a enfrentarlo _
_¿Y si volvemos a coincidir?_
_Solo trata de ignorarlo. De veras, inténtalo y si ves que no puedes ven a verme o llámame si se trata de algo urgente_me extiende una pequeña tarjeta de color blanco donde tiene anotado su nombre y número de teléfono. Asiento agradecida.
_Gracias_la miro seria_Hay algo más _asiente y me mira de la misma forma que yo_Ayer creo tuve una visión, un recuerdo borroso tal vez...no sé como llamarlo_sus ojos se abren con asombro.
_¿De verdad?_prgunta sin cambiar de expresión. Asiento_¿Cómo fue?_
Tomo un gran suspiro, ni yo misma sé cómo fue.
_Muy extraño_aclaro mi garganta_Estaba sentada junto al lago tranquilamente, no escuché que alguien se acercaba a mí_
_¿Alguien?_
Asiento.
_Lo más sorprendente fue que esa persona_me explico sin dar el nombre del verdadero culpable _me cogió de una forma tan brusca que creí que me tiraría al lago...fue en ese momento que sentí que realmente iba a suceder y la borrosa imagen, recuerdo, visión...no sé como llamarlo vino a mi cabeza y me horrorizó _ mira brevemente su cuaderno, pero no lo coge. Suspira con pesar.
_Lo que te ocurrió quizás debe estar relacionado con el agua_ la miro pensativa.
_No puede ser, no me da miedo_
_Conscientemente no_la miro sorprendida.

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_Muchas gracias buen hombre_agradezco con una gran sonrisa al vendedor ambulante de comida rápido que está estacionado en una gran plaza. Hace un muy buen día y eso ha hecho que me sienta mucho mejor y piense razonadamente.
_A usted buena mujer_sonríe devolviéndome el gesto. Cojo el batido de chocolate fresco con emoción y camino cerca del barrio de la mansión Cron, a unas cuantas cuadras. Todo el día metida, aunque tenga un amplio jardín, no es bueno para mí. Necesito mis momentos de Soledad para reflexionar o simplemente para poner la mente en blanco y disfrutar. Comienzo a beber el delicioso batido absorbiendo con la pajita de color amarillo que me han dado por petición mía. No quería beber directamente del orificio de la botella. El cálido y suave viento acaricia mi melena, llevándola tras mi espalda y moviéndola. Miro las grandes casas ambos lados de mí. Las estructuras, las decoraciones son muy hermosas. Todo es tan distinto a España. Hecho de menos caminar por las calles de mi ciudad, llena de altos edificios, personas cálidas, la naturaleza allá donde vaya,...también hecho de menos mi idioma natal. Solo llevo aquí unas semanas y me ha gustado este cambio tan repentino de aires, pero mi corazón pertenece a mi querida España. Sonrío al recordarla.
Una vez a orillas de la playa, decido sentarme, sin profundizar en ella, en una de las rocas cerca del paseo marítimo. Termino de beber el batido de chocolate que poco a poco se va calentado y no me gustaría continuarlo.
Saco mi teléfono móvil de mi pequeño bolso de hombro. Busco el contacto de mi madre, pero no presiono en él , si no en el de mi amiga de toda la vida, Ariani. Espero pacientemente hasta que me contesta.

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