Corina Herrera, conocida como una mujer mediterránea alegre e independiente, es la mujer del prestigioso inspector de policía Leónidas Cron. Un joven matrimonio, perdidamente enamorado, con toda una vida por delante.
Aquella noche se apagó la luz de...
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Envuelvo su pequeño y frágil cuerpo en mis brazos, atrayéndolo hacia mi cálido pecho con ternura y cariño para abrazarlo con toda la fuerza permitida. Respiro su dulce aroma exparcido entre nosotros dos debido al aire. Sus pequeñas y blancas manos buscan apoyo en las mías para evitar caer. Su melodiosa risa me contagia y solo se escuchan ellas en todo el inmenso jardín, alumbrado por la débil luz del atardecer. Con una mano liberada, revuelvo su flequillo de pelo fino, consiguiendo molestarlo y hacer que gire sobre sí mismo para mirarme con el ceño fruncido. Río al ver su aniñada expresión molesta. No le gusta que le toquen el flequillo, me encanta molestarlo. -Venga chico, no me mires así -hablo acompañada de mi risa incesante. Aprovecho que tiene sus brazos cruzados para hacerle cosquillas en los costados. Ríe, cambiando su expresión radicalmente y desarmando la postura rígida que había formado con sus delgados brazos. El sonido de nuestras risas son lo único que se escucha en todo el verdoso jardín, hasta que la voz masculina de Leonidas las interrumpe. Lo miramos, con sonrisas en nuestros labios, caminar hacia nosotros tras habernos saludado con una gran sonrisa mostrando sus dientes blancos impecables y levantando una mano. Su americana azul claro esta desabrochada, dejando ver su camisa blanca fina. Le da un toque elegante y a la vez despreocupado ya que su camisa no esta bien lisa,sino algo arrugada y mal metida en los pantalones. -¿Oye, qué está pasando aquí? ¿Una guerra de cosquillas y no he sido invitado?-ríe como un niño tras pronunciar sus palabras. Leo ríe, del mismo modo que él. Yo tan solo me limito a sonreír mostrando un poco mis dientes. Leónidas ordena los mechones desordenados de su flequillo,haciendo que Leo sonría agradecido y me mire con una expresión triunfadora. Río captando la atención de Leonidas, quien no tarda en sonreírme. -Ha empezado mamá -la confesión de Leo me delata al instante. Levanto mis manos en forma de derrota al haber sido descubierta. -Lo confieso-hablo, haciendo que ambos rían. -Mamá eres muy divertida -las palabras del pequeño Leo llegan a mi corazón nada más terminar de escucharlas. Sus delgados bracitos rodean mis piernas para abrazarme con amor. No dudo un segundo y aparto sus brazos de mí para abrazarlo mejor. Aspiro su dulce aroma de nuevo, creo que no me cansaré de olerlo. -Oh, que tiernos sois-la voz burlona de Leonidas hace que lo miremos inquisitivamente. -¿Algo más que añadir?-pregunto de forma burlesca, ganándome una risa de aprobación por parte de Leo. Este levanta las manos,rendido, tal y como lo había hecho yo antes. Río ante eso. Nos levantamos y empezamos a caminar hacia la mansión. Leo se nos adelanta unos pasos ya que ha visto una mariposa. -Ten cuidado Leo-le recuerdo ya que este ha empezado a correr un poco. Me da lastima que no pueda disfrutar de pequeñas cosas como esta. -Veo que estás bien puesta en el tema de su salud-la voz de Leonidas hace que lo mire. Sonrío mientras asiento. -Así es, desde que tu hermano se fue he podido meterme de lleno en el asunto e informarme-hablo entrelazando mis dedos mientras miro al frente. -Me alegra escucharte decir eso, de verdad-coloca sus manos detrás de su espalda para estar mas cómodo mientras mira la hierba fresca. Caminamos por segundos en un cómodo silencio hasta que vuelve ha hablar. -Mi hermano acaba de llegar de su viaje, parece que tiene que comunicarnos una noticia muy importante según él -Lo miro directamente-Ha pedido que cenásemos todos juntos- -¿Estoy invitada a esa cena?-pregunto intentando disimular mi tono agrio. Espero que no haya hecho el feo de excluirme. -Por supuesto-asiente mirándome.