Capítulo XXXV

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RECUERDOS FLORALES

(Nueva portada)

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¡Basta ya!

El sonido violento de mi agitada respiración es lo único que se escucha. Retumba en las paredes de mi habitación. Mi autocontrol está por los suelos. Agarro con fuerza cada parte de mi cabeza con mis manos, mientras me hago pequeña en mi cama, arrugando las sábanas en el proceso.

Toda yo estoy mal.

No entiendo porque me atormenta de esta forma tan atroz. Yo, mi propia mente me clava una daga por la espalda, enterrándomela hasta traspasar el otro lado.

Diente de León

¡Maldito diente de león!

Es que no consigo entender el significado ¡de estas absurdas flores!
No tienen nada que ver conmigo, sin embargo aquí están de vuelta, torturándome sin piedad. Siento que me estoy volviendo loca. Nada de lo que tengo tiene sentido, nada de lo que viene a mí lo tiene. Siento que me he congelado en el tiempo. Miro mis temblorosas manos en el aire. Mi cabello abundante y sudoroso cae, cubriendo parte de mi enrojecido rostro.

Tulipán rosa.

Pego con todas mis fuerzas un puñetazo con ambas manos, cerradas en puños, sobre el colchón. Ahogo un grito de desesperación, hundiendo mi rostro en una blanda y rosada almohada. Ya no siento más lagrimas caer por mis mejillas, he llegado al tope.

Estoy seca.

Suspiro. Estoy congelada en el tiempo. Me siento ahora mismo así. A mi mente vienen los últimos recuerdos vividos; Leo, Jen, Ágata, los señores Cron, mi caída en la montaña, la psicóloga Del Valle, pero por alguna extraña razón León no aparece en ellos. Siento como si nunca hubiese hablado con él. Tenemos cosas de las que hablar, muchas diría yo y todavía no lo hemos hecho. Me dijo de esperar, pero ya lo he hecho bastante. Estoy harta de esperarlo, pero tampoco quiero ir yo detrás de él. Si no quiere aclarar las cosas iré por mi cuenta. Estoy harta de esperar unas respuestas a mis miles de preguntas. Yo no pedí tenerlas, pero si pido sus respuestas.

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El tacto del fresco y la humedad de la saludable hierba del jardín trasero reciben gustosos las palmas de mis pies. Tras un rato de reflexión he llegado a la conclusión de que seguiré mi camino. Vaya a donde vaya siempre me tendré a mí y a Leo. No importa que más pase, estaremos los dos juntos en esto.

Saldremos de esta, juntos.

Los lazos que una vez tuve con Leónidas se rompieron hace muchos años. Por una tonta e insignificante razón creí en la posibilidad de que me pidiese creer, confiar en él, volver a conocerlo. Que todos esos deseos saliesen de él y no de mí, pero nunca llegaron. Puede que al fin y al cabo no tenga que sentirme culpable por el sueño que tanto me atormentaba con Jen.

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