Capítulo XXXIV

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CULPABLE

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El sonido de las agujas del reloj, de la pared del pasillo de la clínica privada, llega a mis tímpanos, como si fueran agujas clavándose en ellos sin ningún tipo de compasión. Doy suaves golpes en el suelo de mármol, mientras espero sentada en una de las sillas de espera, a que Leo termine su revisión semanal. Le han dado más días de "descanso" al ver que su salud está mejorando. A partir de hoy solo irá dos veces por semana, pero como la próxima semana nos iremos a la casa familiar de los Jones, los padres de Rubí, ha tenido que quedarse hoy más de lo habitual. Apoyo mis codos sobre mis piernas y me inclino en mi asiento, adoptando una postura cómoda. Miro el blanco e impecable pasillo. No se escucha absolutamente nada, ni una mosca. Creo que soy la única en esta planta. Me resulta hasta un poco espeluznante. Vuelvo a apoyar mi espalda en el respaldo rojo de la silla. Golpeo con suavidad, mis dedos en un lateral de mi pequeño bolso de paseo, negro. Agradezco tener mi cabello recogido en un cómodo moño, con algunos mechones más cortos a cada lado de mi ovalado rostro. Cuando escucho el sonido de la puerta de la consulta, me levanto de inmediato, agarrando el asa de mi bolso con fuerza. Trago saliva y camino hacia la entrada. Le dedico una tierna sonrisa a Leo, quien sale un poco desganado. Sé cuánto odia venir aquí, le hacen recordar su problema de salud. Él mismo me lo dijo. También me emocioné al saber que se sentía mejor si yo estaba con él. Lo quiero, quiero a mi hijo de ocho años. Le invito a mi con un movimiento suave de mano. Este anda hasta colocar su cabeza por debajo de mi vientre de una forma maternal la cual yo acepto rodeándolo con mis brazos. Levanto mi mirada para empezar una conversación con la especialista, quien nos mira sonriente.
Me entrega una gran bolsa opaca y unos cuantos folios con letras impresas.
_Deberán seguir todo al pie de la letra_habla, señalando dichos documentos una vez en mis manos. Asiento. Miro los avellanas ojitos de Leo, cansados, quienes me miran pidiendo que salgamos cuanto antes de este frío y solitario lugar.
_Cualquier duda tienen mi número_
_Gracias_

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El potente sol de la mañana impacta en nuestros rostros al poner un pie fuera de la clínica. Cubro una parte de su blanca carita para protegerlo de este. Caminamos hasta llegar al final de la acera, cerca de las verjas oscuras de la clínica.
_¿Dónde está?_pregunta, refiriéndose a Jen. Quedó en venir a buscarnos después de la consulta. Le avisé de que estaríamos unas cuantas horas más. Me tenso al recordarlo. Intento apartarlo de mis pensamientos lo más rápido posible. Ya no me agrada, es más su sola presencia hace que mi rechazo crezca. Desde que tuve ese sueño, me siento culpable por León. No sé que me pasa.
_Enseguida viene_miro al frente, protegiendo mis ojos con unas gafas de sol_Allí está_indico las verjas. El todoterreno oscuro e intimidante las cruza. Estaciona a un lado de la acera en la que nos encontramos_Vamos_lo animo a caminar.
_No me encuentro muy bien_solloza. Paro y me agacho, quedando a su misma altura. Aparto sus temblorosa manos de su enrojecida cara por las lágrimas.
_Lo sé cariño. Ahora vamos a casa y no tendrás que volver aquí por muchas semanas, ¿vale?_este asiente,dedicándome una mirada apagada. Lo atraigo hacia mi y lo beso en la frente_Vamos_vuelvo a animarlo, dirigiendo una mano hacia él para que me la coja. El sonido de la puerta del todoterreno hace que trage saliva con pesadez.
_¡Leo!_la voz alegre de Jen retumba en mis tímpanos.
_Hola_murmura este, sin fuerza alguna.
_¿Qué pasa campeón? No me digas que la doctora se a portado mal_este niega. La encantadora e irresistible sonrisa de Jen consigue que Leo camine hacia él para enterrar su somnoliento rostro en su abdomen. Lo abraza mientras le acaricia con ternura la cabeza_Ya está campeón. Todo ha pasado_Leo traga con amargura y se aferra más a el. Mis ojos se acumulan de dolorosas lágrimas. No es justo que esté pasando por esto. Jen levanta sus claros y profundos ojos hasta pasarlos en los míos cubiertos. Alcanzo a ver una sonrisa llena de consolación para mí. Mi semblante se mantiene serio. Aparto mis ojos de los suyos y vuelvo a mirar a mi hijo con dolor.

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Miro al pequeño Leo descansar en su asiento, en la parte trasera del todoterreno. Se le ve tan tranquilo e inocente. En paz, así lo ven mis ojos. Llevo mi mano hacia su brazo. Siento el tacto de la tela de su fina camisa. Está tan pálido...el sol no es bueno para él. Casi ni una pequeña gota, pero gracias a los tratamientos tan duros que está tomando puede recibir algún que otro pequeño rayo de sol.
_Saldrá de esta_dirijo mi atención al espejo retrovisor al escuchar la inesperada voz de Jen. Nuestros ojos al fin conectan sin ningún impedimento. Asiento, volviendo a tragar con pesadez debido al inmenso dolor que siento por Leo y por la culpabilidad que me abarca al recordar el sueño. Sé que solo fue uno, pero no tenía porque haberlo experimentado. No entiendo nada y siento que no tengo fuerzas ya para alterarme y hacer preguntas que nunca tendrán respuestas. Nadie puede ayudarme, ni siquiera la doctora Del Valle, la cual no he ido desde el viaje a la montaña que hicimos. Sus insistentes llamadas y mensajes hicieron que le respondiera con un; No me siento preparada para volver, lo siento y muchas gracias.
Suspiro con pesadez, asintiendo de nuevo a las palabras consoladoras del tío de Jen. Saldrá de esta.
Ansío tanto que se cumplan sus palabras. Su optimismo me conmueve y abruma, no logro entender cómo ha cambiado tanto. Siento que a jugado conmigo. Las grandes e imponentes verjas oscuras de la lujosa vivienda de la familia Cron se abren, dándonos paso al interior de esta. Estaciona el bello todoterreno frente a las blancas escaleras del porche.
_Ya estamos_desabrocho el cinturón de Leo y con sumo cuidado lo cargo en mis brazos. Salimos los tres del interior del vehículo. Escucho el sonido que desprende el coche al ser cerrado con el mando de seguridad. Subo despacio las escaleras del porche, sintiendo la presencia de Jen detrás nuestro, alcanzándonos con facilidad. Me sonríe con amabilidad y confianza. Gira un poco su cabeza para mirar al dormido y cansado Leo, ensanchando un poco más su sonrisa. Lleva su mano más cercana a mi a su flequillo recto, apartándoselo un poco para que su frente respire con mayor facilidad. Vuelve a mirarme, sin borrar su encantadora sonrisa. Mis nervios no desaparecen y mis ganas por encontrarnos a alguien en el hall son infinitas. Me abre la puerta, para dejarme pasar con Leo todavía en mis brazos. Es increíble lo poco que pesa. Para la edad que tiene debería pesar un poco más. El fresco aire del interior de la mansión nos recibe gustoso. Respiro con profundidad, agradecida por este.
_¿Necesitas ayuda?_su voz penetra en mis tímpanos de nuevo. No lo miro, tan solo acerco a Leo a mi pecho.
_No hace falta, gracias_
_¿Estás bien?_su pregunta me deja helada. No puedo ocultar mis verdaderos sentimientos,soy como un libro abierto y eso me molesta hasta tal punto de enfadarme. Mi transparencia siempre me ha hecho pensar dos veces antes de mentir.
_Si_subo las centrales escaleras, con la intención de ir a la habitación de Leo, para que siga descansando con más comodidad.
_No me parece que lo estés_dejo de subir. Giro mi tronco para verlo. Está enfrente de estas, con sus manos en los bolsillos. Ya no utiliza su bastón ya que, según me han dicho, ha retomado su rehabilitación y cada vez está mejor. Aunque no vuelva a caminar como una persona sana del todo, no lo utilizará más si sigue así. Me alegro por él. Su penetrante mirada analiza las facciones endurecidas de mi rostro.
_Te he dicho que sí_y sin dejarlo hablar para comenzar una discusión subo con rapidez, pero a la vez teniendo cuidado de que Leo esté bien, las escaleras hasta desparecer con urgencia.

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MICA🌹

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C.M.B/MICA

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