Corina Herrera, conocida como una mujer mediterránea alegre e independiente, es la mujer del prestigioso inspector de policía Leónidas Cron. Un joven matrimonio, perdidamente enamorado, con toda una vida por delante.
Aquella noche se apagó la luz de...
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Coloco ambas manos en mi regazo para adoptar una postura más cómoda y seria. Escucho con atención las palabras que pronuncia el hombre que una vez fue mi suegro. Al fin lo he conocido. Estaba en el jardín, mi lugar preferido en esta casa, mirando el mar a lo lejos y escuché la misma voz que estoy escuchando ahora saludarme. No se horrorizó al verme, al contrario, me dedicó una comprensible,alegre y tierna sonrisa y me abrazó como un padre lo haría con su hija. Se lo agradecí muchísimo. Su comportamiento normal, su acogedora bienvenida y sus ganas de darme respuestas...ha sido el único. No me acuerdo de él, pero me da la sensación de que fue una persona importante en mi vida. Asiento una vez que finaliza su discurso, las normas que debemos de seguir de ahora en adelante. Nos encontramos en uno de los tantos comedores de la gran casa, la mayoria estamos sentados en el sofá familiar blanco roto. Yo estoy en uno, del mismo color, de dos plazas, justo al lado del familiar. Su color hace juego con mi traje blanco de dos piezas veraniego.
Sus ojos grises de aspecto cansados, pero por dentro llenos de energía, me observan con ternura y comprensión, sin miedo...hace que se me infle el pecho, no me hace sentir como un bicho raro. Me hace sentir...como si estuviera segura, una figura paternal.
-Corina, mañana te acompañaré a la consulta de una psicóloga muy conocida de la familia, es casi un miembro de ella, verás como te ayudará -su voz, desgastada por el paso del tiempo, pero varonil, me habla sin mirar a las demás personas que se encuentran también sentadas. Leónidas, Ágata y la señora Cron. Me tenso nada más escuchar sus palabras. Dibujo una sonrisa incómoda en mis labios. -Señor Cron le estoy muy agradecida, pero ya he ido antes a un especialista y déjeme decirle que no hemos progresado nada aunque el decía lo contrario. No me gustaría volver a repetir lo mismo- Durante segundos no escucho la voz de ninguno de los miembros de la familia hasta que levanto mi mirada para posarla en los ojos del señor Cron quienes ya me miraban con cierta ternura y gracia. Sonrío nerviosa y trago saliva disimuladamente.
-Por favor querida, llámame Anthony-ríe,contagiando a algunos de los presentes quienes lo miran ahora-Y ya verás como si avanzas de verdad, no todos son iguales. Enserio, es una eminencia esa mujer, te lo aseguro- Suspiro indecisa. Tampoco puedo continuar de esta forma. -De acuerdo-respondo tras una breve reflexión. Su sonrisa se ensancha -Estupendo, yo mismo te acompañaré -sentencia levantándose con energía de otro pequeño sofá del mismo color que los demás. Mira su reloj de muñeca plateado que hace juego con su traje gris oscuro. Veo como su rostro pasa de una expresión relajada a otra de sorpresa y agitación. -¡Pero vámonos ya porque queda muy poco tiempo para la hora de la consulta y no quiero que lleguemos tarde!-exclama de una forma muy graciosa mientras mueve sus manos hacia arriba,llamando la atención de todos de nuevo y consiguiendo que riamos ante su actitud aniñada. Camina hacia la puerta para abrirla. Nos mira con una ceja levantada. -¿Qué estáis mirando? ¡Vamos!-ordena en un tono agradable y de la misma forma graciosa que hasta hace segundos, haciendo que nos levantemos de golpe. Miro con una sonrisa de verdad a Ágata quien me mira de la misma forma. Se acerca un poco hacia a mí para susurrarme algo. -Nunca cambiará -y después ríe con más fuera dirigiéndose hacia la puerta,no sin antes mirar al señor Cron, Anthony, con una sonrisa contagiosa y marcharse. Escucho sus pasos alejarse. Soy la última en llegar a la puerta. Leónidas no me ha hablado ni mirado en ningún momento, parece que quiere evitarme y eso solo hace que me confunda más de lo que ya estoy, pero decido mejor no hacer caso a su repentino comportamiento y centrarme en mi objetivo de descubrir la verdad. -Gracias-le agradezco a Anthony que haya sostenido la puerta para poder pasar al pasillo. Asiente sonriente,haciendo que signos de expresión se reflejen, dándole un toque de ternura y uno paternal...para mí. Mi sonrisa se ha perdido y en su lugar queda una imitación confusa de ella. Mis ojos están perdidos en algún lugar y mis manos se tocan buscando apoyo. Siento una mano en lo alto de mi espalda. Me alarma. Miro al señor Cron, es su mano quien lo ha hecho. -¿Te encuentras bien, querida?-pregunta mostrando preocupación ante mi repentino comportamiento. Asiento con dificultad, recuperándome de mi ensoñación. -Esta bien-vuelve a sonreír, tratando de ocultar su preocupación-Vayamos cuanto antes, esa mujer tiene más mal genio que mi mujer. Hice bien en casarme con ella, al lado de la psicóloga es un oso amoroso- Ambos reímos ante su ultimo comentario mientras caminamos con rapidez por el pasillo. Este hombre transmite muy buenas energías, me encanta. Llegamos a la entrada principal de la casa. Creo que nunca me cansaré de contemplar todos los cuadros históricos que tienen, son preciosos, sublimes... tienen un muy buen gusto. Escucho su leve sonrisa al ver mis ojos maravillados por ellos. Dejo de contemplar semejante arte al toparme con unas maletas y cajas que están justo en la puerta, bloqueando un poco el paso. No me había dado cuenta que estaba andando otra vez, perdida en los magníficos cuadros históricos españoles. Solo hasta ahora me he dado cuenta. Me agarro con brusquedad al asa de una maleta morada, la mas grande, para impedir mi caída. Las miro con molestia. ¿Quién narices las ha dejado aquí? ¿No sabe que hay que dejar la entrada libre? -¿De quiénes son?-pregunto,girandome para poder ver al señor Cron. Sus ojos están puestas en las maletas,parece melancólico por unos segundos. Me mira y su expresión cambia drásticamente a una más tranquila. -De mi hijo-traga pesadamente y aparta rápidamente la mirada de ellas. Parece dolido. Me separo de ellas y camino al lado de Anthony. No digo más. Me mantengo recta,con mis dedos entrelazados,cerca de mi vientre. -¿De Leónidas?-pregunto sin poder aguantarme más la curiosidad. ¿Se va sin decirme nada? Sé que es libre de hacer lo que quiera, pero podría por lo menos haberme avisado. -Así es-responde en un tono más bajo. Saca su telefono móvil de su bolsillo y teclea algo en él-Enseguida nos vendrá a recoger una furgoneta blindada- No comento nada acerca de lo ultimo que ha dicho. Cuanta protección necesitan..¿pero para qué? Entendí las razones para Leo por su delicada salud. No se lo pregunto. Me mantengo en silencio, al igual que él mientras mira la pantalla del móvil. Eso me recuerda a mi madre, no he hablado con ella como una persona razonable desde que llegué aquí. Me duele que no me apoye. También admito que he sido muy impulsiva al venir aquí. He tenido suerte al saber que es verdad todo esto y no una broma para raptar a mujeres y después Dios sabe qué. He tenido una vida y quiero recordarla, quedarme o no es un tema aparte, pero lo que si sé, al menos, es que no me quedare en esta casa a vivir. Llega a mi mente la imagen de Leo, me han dicho que esta mañana ha ido a su revisión. Yo no le he podido acompañar por petición de mi ex-suegro para ponerme al día de unos asuntos. Ha ido con su tío. Ruedo los ojos internamente nada más recordarlo. Es un impresentable. Ahora Leo se encuentra con la ama de llaves,creo que me han dicho, en un parque cerca del barrio. Al menos podrá sentirse como un niño normal por unas horas. Eso es lo que quiero, es que es lo que es. Las palabras de la señora Cron,de que podría morir, me bombardean. Dios Santo,eso no puedo permitirlo. ¿Cómo acabé en ese accidente embarazada? Es de locos. Todo esto es de locos. A mi cabeza viene una idea sublime. Me acuerdo del recepcionista que me enseño una noticia acerca de mi accidente. Internet. ¡Claro! Allí puede haber mucha información. Dejo mis pensamientos a un lado al escuchar unas pisadas lentas y pesadas mas un ruido más. Levanto la mirada y la dirijo hacia lo mas alto de las grandes escaleras,al igual que el señor Cron. Su traje elegante y oscuro y su bastón marrón lo caracterizan. Su cuidado cabello,también oscuro, le da un aspecto respetable y temido. Su expresión seria, gélida hace que cualquiera que lo vea se paralice en su sitio por miedo a ser juzgado por este ser tan impresentable ante mis ojos. No se me olvidan las duras palabras que me dedicó en la sala de espera de la clínica privada a donde acude Leo. Siento que lo odio. Me cabreó y avergonzó. Dejo de mirarlo al ver sus ojos en mí. Estoy hasta las narices de ver su expresión de mierda. El tío penas. No se que le habrá pasado en un pasado, pero no es razón para tratar mal a los demás. Que rabia me dan esas personas. Escucho como baja lentamente las escaleras hasta llegar al suelo de mármol donde nos encontramos Anthony y yo. Sigo sin mirarlo. Mi vista esta fija en la pared delante mía. En todo momento me he sentido observada por él y eso ha hecho que mis ganas de gritarle hayan aumentado. -Hijo, ¿Ya te vas?-el señor Cron rompe tan incómodo silencio. No miro a ninguno. Bajo mi vista hasta mis manos. Las tengo frías. -Si-su voz cortante y fría impacta en mis tímpanos con violencia. Escucho un suspiro pesado por parte del señor Cron. Lo siento cansado e incómodo. ¿Tal vez debería irme? Creo que no, estamos esperando a una furgoneta. Así que no. Vuelvo a escuchar sus pisadas acercarse a la entrada, donde nos encontramos. No me muevo. Me mantengo firme. -¿Podrías apartarte un poco, por favor?-su gélida voz hace que lo mire con brusquedad. Sus ojos azules me miran con intensidad. Analizandome de nuevo. No le respondo con palabras sino con acciones. Y eso hago, me muevo para dejarle pasar. No lo miro más,aunque él si lo hace. Suspira. -¿No quieres despedirte antes?-pregunta su padre. -Papá ya lo hemos hablado-le responde sin mirarlo. Deja de mirar la pantalla de su teléfono móvil y coge el asa de la misma maleta morada con la que tropecé minutos antes. -¿Qué esta haciendo?-pregunto mostrando mi molestia. No soy muy buena camuflando mis sentimientos. Mi pregunta desconcierta a ambos. Me miran. Me dirijo al señor Cron. -¿Por qué toca las maletas de su hermano? Y a todo esto..¿dónde está León?-pregunto tratando de ocultar mi irritación hacia Jen. El señor Cron me mira como si me hubiesen salido tres cabezas y luego hace un esfuerzo para mirar a su hijo con una expresión de incredulidad y enfado. Lo miro. Sus ojos profundos también lo hacen. Le dedico una mirada furiosa que hace que lo desconcierte. Percibo anonamiento por su parte y tristeza. ¿Cómo narices he podido ver tristeza en su mirada? Dudo mucho que sepa lo que es. -Él enseguida vendrá -Anthony hace que lo vuelva a mirar, relajando mi expresión. Asiento, confundida por esta extra la escena. -Me voy-la voz de Jen hace presencia. -Esta bien hijo, cuidate tu también -se despide su padre. No escucho nada por parte de su hijo. Y encima maleducado. No lo miro, vamos es que me niego. Noto como sus pies siguen en el mismo sitio. Parece que le cuesta arrancar hasta que al final lo hace. Espero que vuelva cuando yo me haya ido. -León no me ha dicho nada de que se iba a ir-hablo captando la atención de Anthony. Sonríe de pronto. -Se le habrá pasado. Sabes como es de despistado-deja de sonreír al haber pronunciado las ultimas palabras. Se disculpa avergonzado. -Oh, no tiene porque disculparse señor Cron...Anthony-le sonrío lo mas que puedo. El sonido de un clacson hace que miremos la entrada. -Ha llegado la furgoneta,querida- Caminamos hacia ella. Espero que pueda ayudarme realmente esta psicóloga,si tan eminente es...