Capítulo IX

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¿ÉL?/¿TÚ?

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Río como si no hubiera un mañana a todo pulmón.
Miro por el rabillo de mi ojo derecho la cara de molestia que tiene Leo, si,me estoy riendo de él.
-Hay señorito no sea así, que le saldrán arrugas-sigo burlándome de él.
¿Señorito? ¿Enserio esa mujer lo ha llamado señorito?
-Já-ríe-antes te saldrán a ti porque eres más vieja que yo-me saca la lengua al ver mi cara descompuesta y corre para alejarse de mi.
Me ha dado donde más me duele.
Río y corro tras él, menos mal que llevo zapatillas planas.
Su pequeña figura está parada en frente de una grande puerta blanca.
-Oye niño, ¿sabes qué no está bien llamar a una mujer vieja?-
Dejo de bromear al ver su cara seria.
Me acerco a él. Toco su hombro.
-¿Qué pasa?-pregunto bajando mi tono de voz.
Señala la puerta con su dedo índice.
-Papá-murmura. Veo como su mirada se dirige hacia sus zapatos limpios.
Asiento.
-Si, tienes que entrar-
Me mira con sus ojos bien abiertos.
Me preocupa su repentino cambio de actitud.
Siento como sus pequeñas manos cogen una de las mías, la más cercana a él.
-Entra conmigo-tanto su voz como su expresión me lo suplican.
¿Por qué actua de esta forma?
Leónidas me ha demostrado que es bueno.
Asiento sonriéndole.
Le acaricio una mejilla haciendo que me devuelva una tímida sonrisa.
Mi corazón deja de comprimirse al verlo hacer eso.
-Perdón por lo antes-
Levanto una ceja extrañada.
-Por lo de vieja-se explica.
Niego.
-Era una broma Leo-
Sonríe más tranquilo.
Su mano aferra la mía y la otra llama a la puerta con tres golpecitos.
Esperamos unos segundos hasta que una voz masculina nos permite el paso.
Espera.
Esa voz...
Entramos en la habitación que más bien es un despacho con muy buena iluminación.
Las medianas ventanas están cubiertas por cortinas de tela blanca, dando al pequeño despacho un aura tranquilo. Los muebles también son claros.

Rosas blancas

Salgo de mi ensoñación al no sentir la mano de Leo junto a la mía. Lo miro con un sentimiento de extrañeza.
Su mirada está en la figura alta y masculina que está detrás del ancho escritorio beich.
La sigo hasta toparme con los ojos azules, profundos y cargados de devastación de Jen.
Lo miro sorprendida.
Separo un poco mis labios,sintiendo como el aire templado entra en mí haciendo que sienta un pequeño escalofrío.
Dirijo mi mirada a una de sus manos que está apoyada en el mismo bastón marrón. Me pregunto lo que debió de ocurrirle.
Igual por eso su carácter es tan...negativo, por lo que debió de ocurrirle en un pasado.

Miro a Leo y tiro de su mano para que me preste atención, lo consigo.
Muevo mi cabeza con confusión.
Levanta una ceja sin entenderme.
Muevo la cabeza hacia los lados en modo de interrogación.
Ambos lo miramos al escuchar su respiración pesada.
Levanta sus párpados para mostrarnos una expresión cargada de cansancio e incomodidad.
Su atención está puesta en el pequeño, que cambia enseguida a una llena de seriedad y advertencia.
Inclina un poco su cabeza sin apartar su mirada de el pequeño.
Leo deja caer un pequeño suspiro y asiente con disimulo.

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