Capítulo XXIII

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EMBRUJADOS

(recomiendo escuchar la melodía)

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El movimiento brusco y constante del todoterreno hace que abra mis ojos y pestañee varias veces para adaptarme a la luz natural que entra por los cristales. Me siento recta en mi asiento. Miro mis piernas adormilada.
¿Cuánto llevamos de viaje? Parece que han pasado días. Miro el paisaje a través de mi ventana. El color verde predomina, los árboles de diversas estaturas, unos pocos campos de cultivo y de flores de diferentes colores, todo lo que llega a mis ojos es realmente hermoso. Formo una mueca, dejando escapar un leve sonido, al sentir el brusco impacto de mi frente en el cristal de la ventana debido a un bache.
Llevo mis manos rápidamente a la zona afectada para masajearla. Miro a Leo. Su lenta respiración me hace saber que está dormido. Su cabeza está hacia su ventana, por lo que no puedo verle la cara. Sus manos están a sus costados, sin cerrar del todo. Su espalda está encorvada. Miro el lugar del copiloto. El cuerpo de la elegante mujer se mueve debido a los baches de la incómoda carretera, pero no logran despertarla. Sus gafas de sol oscuras descansan sobre su cabeza. No alcanzo a verle el rostro. Por último miro el lugar del conductor.

Jen, me gustaría saber que cosa tan horrenda te hice en el pasado para que me odies tanto.

No aparto mis ojos de él, no quiero. Su mandíbula ya no está en constante tensión como suelo verla. Sus facciones normalmente endurecidas ya no lo están. Puedo percibir a un hombre más joven, jovial, bueno, pero por otra parte a uno atormentado, caído en la penumbra, abatido por las circunstancias de la vida. Jen, puedo ver esas dos partes en ti. Un hombre atormentado tanto por dentro como por fuera, pero en su interior reside una pequeña parte de luz que lucha por permanecer en él. Pero aún así no justifico su comportamiento hacía mí. Me ha hecho daño y por más que quiera no puedo perdonarlo. No le pido que me abra su corazón, pero si que trate de comprenderme.
Sus ojos al descubierto, ya que el cielo se ha vuelto nublado, me miran. Siento como si el tiempo se pausara, envolviendonos. Nuestras miradas conectadas son lo único que importan. Los mismos sentimientos llegan a mí. Me gustaría poder comprenderlo, pero me es tan difícil. Casi puede llegar a dolerme su rechazo y no entiendo la razón. Ni siquiera me acuerdo de él, no me acuerdo de nadie. Lo que más me duele es no haber estado con Leo. A veces se me hace raro decir "hijo"
Cuando desperté pensaba que tenía 23 años, toda la vida por delante. No, la inmensa tristeza e impotencia que sentí desde el día en que desperté me iban consumiendo por dentro. Necesitaba escapar de ellas y gracias a mi hijo lo conseguí. Cada día me creo más lo que estoy viviendo. Pero tú, Jen, no me lo pones nada fácil. Tan distante, frío...me rompe en pedazos y hasta ahora no era consciente. Necesito escuchar algo positivo salir de sus labios. Lo necesito por alguna extraña razón, pero es así.
Traga con lentitud. Su mirada consigue penetrar en lo más profundo de mi ser. Ambos quedamos sumergidos en un hechizo, sin saber cómo hemos llegado. Lo que está claro es que ninguno quiere salir de él. Ante mí tengo a un desconocido que me rechaza constantemente y ante él de encuentra una mujer sin memoria que no puede pedir disculpas por lo que pudo haber hecho en un pasado.

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