Corina Herrera, conocida como una mujer mediterránea alegre e independiente, es la mujer del prestigioso inspector de policía Leónidas Cron. Un joven matrimonio, perdidamente enamorado, con toda una vida por delante.
Aquella noche se apagó la luz de...
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White Flag de Bitshop, canción oficial de la novela
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Miro con aburrimiento mis zapatos mientras muevo uno de mis tobillos para pasar el largo rato. Sigo esperando a que Leo salga de esta aburrida y molesta clínica donde el frío no para de crecer. Mantengo mi cabeza apoyada en una de mis manos. El suelo es de mármol blanco,las paredes lisas del mismo color...me dan escalofríos.
¿Enserio no pueden bajar un poco la temperatura?
Escucho varios pasos descender por las escaleras al lado de la recepción. Me tenso al ver la alta figura de Jen,pero me relajo un poco al ver que viene con Leo. Me levanto de mi asiento de silicona negro y sujeto el asa de mi bolso con mis dos manos haciendo fuerza. Avanzo unos escasos pasos hasta que la voz de mi pequeño hijo resuena por la recepción.
-¡Mamá!-grita lleno de emoción nada más verme. Se le instala una enorme sonrisa, echando a la expresión seria de antes y se encamina con velocidad hacia mí. Sonrío y veo como sus ojitos más verdosos brillan con luz propia. Me arrodillo sin importarme el frío del suelo en mis rodillas desnudas y abro mis brazos mientras lo espero con una sonrisa que me llega al corazón.
Leo, solo la provocas tú.
Lo abrazo con fuerza, cubriendo su pequeño y frágil cuerpo. Siento sus delgados brazos alrededor de mi cuello,haciendo presión. Abro mis ojos, sorprendida, al sentir el impacto tierno de sus labios en mi mejilla. Mi estómago es una montaña rusa llena de emociones. Aspiro su dulce aroma,si,parecido al mío.
Siento la presencia de Jen cerca de nosotros y escucho su agitada respiración. Levanto mi mirada para observar su expresión molesta. Veo como cada vez tensa más su mandíbula.
-Leo-llama su atención, gira su cabeza para mirarlo-no quiero repetirte ni una vez más que no puedes correr, ¿estamos?-habla controlando su tono de voz. Noto sus ganas reprimidas de querer gritar, pero se controla. Leo asiente moviendo su cabeza. -No te he escuchado- -Estamos-responde bajando la mirada. Asiente complacido y poco a poco su mandíbula se relaja. -Vámonos- Me pongo en pie y me arreglo la parte baja del vestido. Suspiro, estoy cansada. Cojo la mano de Leo y se la estrechó con fuerza. Sus ojitos almendrados al igual que los míos me miran con curiosidad y amor. Le sonrío de una forma dulce y le revuelvo un poco el flequillo que cubre su mediana frente haciendo que murmure indignado y se lo recoloque. Me río ante su gesto. Tiro de él y salimos por las puertas mecánicas. Siento la mirada constante de el recepcionista. Antes de desaparecer por completo me giro ante la curiosidad y confirmo mi sospecha. Su atenta mirada no se ha apartado de mí. Le dedico una expresión neutral y salgo por completo de este lugar que tendré que visitar a menudo. Miro por unos breves segundos el rostro de mi pequeño. Levanto una ceja indignada, ¿desde cuándo no sonríe o no habla? Miro la ancha espalda de Jen, camina a varios pasos por delante de nosotros. Sigo la apagada mirada de Leo hasta volver a toparme con la ancha espalda. Niego mentalmente molesta con él. Me agacho un poco mientras detengo poco a poco mis pasos y me acerco a Leo.