Tiempo: Temp 1 Cap. 9 – Cap. 10
Keith parecía haber sido atropellado por un tráiler de dos cajas. No solo en su aspecto físico desaliñado y rostro perdido, sino también por su andar desorientado y tambaleante. Sus pasos errantes no tenían destino o dirección.
El joven paladín rojo estaba confundido... DEMASIADO CONFUNDIDO.
No tenía la menor idea de lo que había sucedido y mucho menos porque sucedió. En un momento, estaba discutiendo con Lance y al siguiente se revolcaba con él por todo el piso de la sala de entrenamiento sin recato alguno.
Él no era así. No actuaba de esa manera. No era algo que siquiera le gustaba. ¡Y ni si quiera le gustaba Lance! ¿O sí?
Keith se revolvió los cabellos de nuevo con vehemencia.
¿Cómo podía ser posible? ¿Cómo podía sentir algo por Lance cuando ya sentía algo por Shiro?
Se detuvo en seco ante esa realización que había estado negando. Y vaya, que estaba más perdido que nunca. Le gustaban Shiro y Lance... al mismo tiempo.
El piloto del león rojo no era bueno con las cosas de los sentimientos y mucho menos con las personas... y aún menos los sentimientos y personas juntos. Y sobre todo, los suyos propio hacia otros.
Pero no importaba cuanto se devanaba los sesos, tratara de luchar contra el sentimiento o fingiera que no existe, no encontraba la cordura en aquella forma con la que había reaccionado al beso de Lance. Cuando el contacto entre ambos estalló, perdió por completo el control, como si se disparara un gatillo en su interior. Y lo último que supo es que no deseaba separarse de él y sus labios... nunca.
¿Pero cómo podía haberlo disfrutado? ¡Ni siquiera sabía que le gustaban los besos! ¿O sí?
Era como un naufrago en alta mar, desesperado por encontrar tierra firme estando a la deriva. Por primera vez en su vida realmente necesito hablar con alguien al respecto. Iba en contra de su propia naturaleza e instintos de supervivencia; pero para momentos desesperados, medidas desesperadas.
¿Pero con quien podría hablar de ello? ¿Lance? Era principal razón del problema ¿Shiro? Normalmente recurriría al él, pero era la segunda razón del problema. ¿Pidge? Oh no. La pequeña y picante paladín podría burlarse de su situación y no soportaría en esos momentos una humillación por parte de ella. ¿Allura y Coran? ¡No! La mejor opción era la menos obvia.
Tenía que encontrar a Hunk.
Ya anteriormente había compartido con el regordete paladín amarrillo unas cuantas palabras de aliento y reflexión, y éste había tenido muy buen argumento en esa ocasión. Una tercera parte imparcial sería lo mejor en ese momento.
Sí tan solo pudiera encontrarlo.
Así que no importaba cuanto vago por los corredores del castillo, Hunk no estaba por algún lado. Keith comenzó a frustrarse. Al final, decidió esperarlo en la habitación del paladín amarillo a su regreso, tarde temprano tendía que hacerlo.
–¡Woo, Keith! –escuchó la inconfundible voz de Pidge a su espalda cuando estaba por abrir las puertas del cuarto de Hunk –. Qué bueno que te encuentro, justamente Hunk y yo estábamos... ¿Qué te paso?
–¿Eh? –soltó él antes de recordar su precario aspecto –. Nada.
–¿Es eso un chupetón en tu...?
–Decías algo de Hunk –Keith la interrumpió antes de que terminara su pregunta, rápidamente cubriéndose el cuello con su palma –. Justamente lo estoy buscando.
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Hilos de Telar
RomanceMi universo Polydin. Los paladines de Voltron no solo deben liberar a toda la galaxia, sino también deben comprender que son esos sentimientos que sienten los unos por los otros y descubrir si son reales o solo un efecto más de su conexión con Volt...
