Mi universo Polydin.
Los paladines de Voltron no solo deben liberar a toda la galaxia, sino también deben comprender que son esos sentimientos que sienten los unos por los otros y descubrir si son reales o solo un efecto más de su conexión con Volt...
–¡Vrindan! ¡Vrindan! –Mondo llamó a todo pulmón al joven vrochan, mientras recorría con desesperación los corredores de la desierta base minera –. ¡Por favor! ¡¿Adonde has ido?!
Detrás de él, Allura, Shiro y la pequeña Lundi, le pisaban los talones; pero aún después de varias horas de búsqueda, no había localizado al joven perdido.
–Mondo... ¡Mondo! –lo llamó una y otra vez la princesa en un intento de tranquilizarlo, pero el pobre vrochan parecía inconsolable.
Después de dar varias vueltas por múltiples corredores con el mismo aspecto, terminaron precisamente en uno sin salida, deteniendo finalmente así la carrera exasperada de Mondo. En su consternación, el padre de familia se apreció realmente perdido ante los ojos del paladín negro y la princesa alteana.
–Hay que mantener la calma –le insistió Shiro tranquilamente posando sus manos en los hombros del padre desesperado.
–Lo sé –dijo este dando un largo suspiro en resignación, aunque su mirada denotaba su preocupación aún latente. Su pequeña niña abandonó los brazos de Allura para correr a los de su padre para consolarlo –. Pero no sé ha donde ha ido y eso me preocupa –agregó Mondo casi en llanto frotando la espalda de Lundi.
–¿Por qué? ¿Hay algo que...?
–Vrindan es muy joven y su percepción de la vida es muy diferente –comentó Mondo con un poco más de calma –. No confía en lo que le es diferente.
–¿Crees que podría hacer algo peligroso? –preguntó Allura con verdadera preocupación.
–No estoy seguro– respondió Mondo –. Mi tribu... mi gente... me fueron encomendados. Y... no pude evitar que fueran encerrados por los galra. Fallé y lo único que puedo hacer por el momento es mantener a mi familia junta. Se lo prometí a mi esposa.
–Lamentamos mucho causarte tantos problemas, Mondo –insistió la princesa ante la difícil situación, posando por igual su palma en el hombro del vrochan –. Te prometo que haremos lo necesario para sacar a tu gente de la mina.
–Pero primero encontraremos a Vrindan –señaló Shiro rápidamente asintiendo con la cabeza.
–Se los agradezco –dijo el padre acongojado con una sutil sonrisa ante el incondicional apoyo. Algo que nunca lo había experimentado de parte de extraños.
–Tal vez el tío Vrindan ha ido a su escondite –comentó de repente la pequeña Lundi desde los brazos de su padre.
–¿Escondite?
–Lundi ¿Acaso sabes donde es?
–Es por ahí –dijo la pequeña de los grandes ojos verdes señalando el otro extremo del corredor.
Listos para optar cualquier pista para dar con el paradero de Vrindan, Shiro y los demás siguieron las indicaciones de Lundi, adentradnos aún más en las profundidades de la instalación.
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