Sentimientos Latentes || Fanfic || Yaoi || Wigetta || 2

84.3K 4.6K 1.4K
                                        

- Narra Willy -

Todavía estaba desconcertado por el incidente de la pestaña del día anterior. Sabía que no debía emparanoiarme con lo que seguramente serían, únicamente, imaginaciones mías. Pero no podía evitar pensar que por una milésima de segundo parecía que mi compañero de piso hubiera tenido la intención de besarme. Claro que no era la primera vez que originaba un peligroso acercamiento entre ambos, con la única atención de ponerme nervioso y hacer que me ruborizase. Cuando Vegetta me hacía ese tipo de bromas, yo siempre reaccionaba rápidamente, procuraba que mis nervios no fueran notorios y desviaba la atención llamándole directamente ''pringado'' o recriminándole que no me introdujera en sus estupideces. Pero ayer.. todo había sido distinto, la cercanía de nuestros labios fue tan palpable que no pude reaccionar cómo normalmente lo hubiera hecho ante una broma de semejante magnitud, y notaba arderme las entrañas solamente al pensar que Vegetta podía haber advertido ese cambio en mi comportamiento. Ya no me preocupaba tanto que él hubiera tenido realmente intenciones de besarme, lo cual dudaba, estaba más preocupado por el hecho de que él pudiera pensar que yo iba a corresponderle, que yo esperaba ese beso. ¿Había visto en mis ojos el brillo de la decepción cuando comprobé que aquel beso nunca llegaría a darse? ¡Imposible! Yo no quería besarle, ni él a mí. Era una confusión, una estúpida confusión, y yo estaba detenido pensando incesantemente en eso cuando posiblemente Vegetta ya lo hubiera olvidado por completo. 

- ¿Vamos o qué? Que estas empanado, cabezón.- La voz de Samuel sonaba jovial, alegre, cómo de costumbre. Eso normalmente me enfurecía, pero en aquel momento me alivió, estaba bien. Estábamos bien, normales, cómo siempre. 

- ¿Tendré que descansar, o no? Que no paras quieto, me cago en..-Me quejé, todavía recostado contra un poste de la calle. No comprendía como aquel hombre tenía tanta energía por la mañana, ni cómo yo había sido tan estúpido de aceptar su propuesta de ir a correr. No paraba quieto, no se cansaba y yo apenas podía respirar, tenía flato debido al sobre esfuerzo. Le había pedido unos segundos de descanso antes de proseguir la marcha, pero ya habían pasado cinco minutos desde que me apalanqué en el poste, y en ese tiempo mi mente había volado lejos, al día anterior, empezando entonces toda mi paranoia respecto a él.

Su voz me trajo de vuelta a presente.

Apenas estaba amaneciendo en Los Ángeles, y aún así había más gente en la calle de la que podría esperarse en cualquier sitio siendo las seis de la mañana. Ambos llevábamos la ropa deportiva que habíamos comprado poco después de mudarnos, pero el aspecto de Vegetta era mucho más favorecedor. Él no lucía tan cansado ni sudoroso cómo yo, pero estaba acostumbrado a hacer deporte y además llevaba unas semanas comiendo sano, yo en cambio la noche anterior había pecado devorando un crep con nutella. 

- Vamos, Willy, Willy , Willy.. vamos, si apenas hemos corrido nada, tendremos que volver a casa aunque sea, macho..-Espetó el enérgico Vegetta, con una sonrisa adornando sus labios, mientras levantaba una pierna tras la otra simulando que corría aún sin moverse del sitio donde nos encontrábamos.

-Venga, volvemos a casa, que me duelen los pies.-Aproveché para volver a quejarme, apartándome del poste y comenzando a caminar tranquila y pausadamente en dirección a nuestro hogar, mientras me agarraba la zona dónde me dolía. 

-¡Tío! ¿Andando? Si apenas hemos corrido nada.. vaya llorica estás hecho.-Se quejó Vegetta, aunque comenzó a andar detrás mía, cómo rindiéndose a eso. Yo no dudé en fulminarle con la mirada en cuanto habló, a lo que simplemente me respondió sacándome la lengua. El camino a casa fue bastante común, caminamos mientras hablamos como habitualmente. Mencionamos que cenaríamos, la probabilidad de visitar a Luzu y Lana después o salir a tomar un helado por ahí. No sé porqué me había preocupado, ambos éramos amigos, meramente eso, y lo del día anterior había sido una bobada. 

- Unas horas después -

Tras llegar a casa por la mañana, me di una ducha y me puse a grabar en mi habitación. Estuve en grabando Lucky Blocks con Frank, y después aproveché para grabar un nuevo capítulo de Spore, la nueva serie que había comenzado en el canal con mucha ilusión. Aún me equivocaba en muchas cosas y empezaban a fastidiarme los fallos de la cámara, pero disfrutaba mucho con ella. Cuando terminé miré la hora y noté como me rugían las tripas por el hambre, pero el pringado de Vegetta todavía no había salido de su cuarto. Solía ser él quien preparaba la cocina, aunque yo le brindaba mi ayuda, necesitaba de sus conocimientos para no terminar por alimentarme meramente de leche con cereales.

Le mandé un Whatsapp para meterle prisa, y una media hora más tarde ya había terminado de grabar lo que estuviera grabando e irrumpió en mi habitación para avisarme.

- Al fin ha terminado el señor de grabar, que milagro. ¿Podemos comer ya, su majestad? .-Comenté, con cierta ironía, fingiendo estar realmente molesto, aunque lo único que deseaba en aquel momento era comer.

-Ay que ansiosito eres, Willy. Paciencia le llamaban.-Vegetta sonrió y entró en mi habitación , avanzando por ella mientras le seguía con la mirada.

-No es eso, pero me muero de hambre.-Me encogí de hombros, esperando que se moviera.

-¿Qué quieres comer, Willy? .-Preguntó, con un tono de voz sugerente, pero obviamente bromeando. No solía medir sus bromas, ni pensaba antes de soltarlas, por eso en algunos vídeos las decía y luego el salseo abundaba en determinadas redes sociales. Este no era el caso, porque evidentemente estábamos solos, me miró con una sonrisa pícara y yo puse gesto de confusión.

-¿Qué?.- Pregunté, avergonzado, aunque una vez soltaba esas bromas vegetta ya no se preocupaba más por ellas, ni buscaba darlas cuerdas. Ya me había dado la espalda y estaba inspeccionando el cuadro de mi habitación.-Tío, todavía nos has colgado el cuadro. Menudo vago estás hecho.-

Qué raro, mi compañero de piso tan meticuloso como de costumbre, arrugué la nariz y me crucé de brazos.-Bueno tiquismiquis, lo colgaré cuando me apetezca. No he tenido ganas.. además pesa mucho.

- ¿Pesa mucho? Si no pesa nada.. que flojucho estás, por eso tenemos que apuntarnos al gimnasio, que te lo he dicho mil veces.-Dijo, tocando el cuadro en el suelo y después mi lánguido brazo.-Buah chaval, hasta puedo rodear tu muñeca solo con mi índice y el pulgar.-Me espetó, y acto seguido lo demostró, envolviéndome la muñeca con sus dedos. Mi mano parecía bastante pequeña y lampiña en comparación a la suya, aún cuando siempre había sido una persona con los dedos bastante largos.-Por.. porque tú eres muy grande.-Me defendí cómo supe, nervioso por el contacto con su mano. No comprendía porqué sentía un cosquilleo envolviéndome la muñeca, ahí dónde él estaba tocando. Era agradable de un modo nuevo, incomparable, y no quería que me soltase. 

Pero lo hizo, claro que lo hizo, era una tontería que nos quedáramos así más rato del normal. Mis tripas sonaron, más guturalmente que la vez anterior, lo que hizo que clavase mi mirada en el suelo para no tener que intercambiarla con la suya.-Vaya pues sí que tienes hambre.-Comentó riendo al escucharlo, ¿Es que a este chaval todo le hacía gracia? Siempre se reía, se reía por todo, cómo si la vida fuera un chiste. Siempre me había considerado a mi mismo una persona risueña, pero en comparación con él, me hacía sentir un ser huraño y asocial.-Claro que tengo, te lo he dicho antes.-Me giré, dirigiéndome hacia la cocina, esperando que me siguiera, cosa que hizo.

Cocinamos, comimos y charlamos. Después cada uno volvió a su cuarto y continuamos grabando. Cuando terminé era tarde para visitar a Luzu y Lana, así que simplemente di por hecho que nos quedaríamos en casa esa noche. Miré la hora, las doce de la noche ¿Estaría Vegetta durmiendo, o todavía grabando algo? Me apetecía hablar con él, estar encerrado en tu cuarto hablando no era lo mismo que hacerlo con una persona, con la que existía el contacto visual además del.. contacto físico. Pero claro, lo segundo no era primordial para hablar con un amigo, y yo  no lo necesitaba para hablar con Vegetta, ni él tampoco.

El caso es que quería hablar con él, me apetecía entrar en su habitación y que habláramos mientras hora de aventuras sonaba de fondo, cómo lo habíamos hecho en el pasado antes de tener los ordenadores. Me levanté, ya en pijama, y fui hasta la puerta de su habitación, donde me detuve. Probablemente interrumpiría una grabación o su sueño.. pero no podía evitarlo, quería verle, quería hablar con él.. quizá esa noche muchas de mis dudas se confirmasen. Porque sí, no había dejado de pensar en ese casi beso, no podía sacarlo de mi mente por mucho que luchase por hacerlo.

Sentimientos Latentes (Wigetta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora