-Narra Willy-
Había intentado con todas mis fuerzas evitar volver a caer en sus redes, esquivé su afecto con evasivas durante toda una semana. Sin duda los siete días más eternos y tortuosos de toda mi existencia. ¿De qué manera convive uno con la tentación, sin poder someterse a ella? A nadie sorprenderá que acabase nuevamente sometido. Todo el mundo alguna vez ha reprimido sus miedos e inseguridades, deseando desahogarse con alguien, pero sin atreverse a liberarlos. ¿El motivo? Quizá miedo a ser incomprendidos, o simplemente pensar que por mucho que alguien nos escuche, no podrá hacer nada por ayudarnos. Pero lo cierto era que poder confesar aVegetta que me tenía tan acongojado, fue liberador. Me quité un buen peso de encima, pues llevaba siete largos días ocultándole todos mis miedos. Él los acogió con cariño y comprensión, me habló del tema hasta que comprendí que estaba siendo demasiado pesimista. El miedo a perderle me había cambiado. Yo siempre me había caracterizado por ser un chico optimista, de otra forma no me habría aventurado nunca a subir vídeos en Youtube. No habría hecho el equipaje y viajado por el mundo sin tener certeza de lo que pasaría después. No podía hundirme ahora por temer que él dejase de quererme, mi compañero tenía razón. Debíamos disfrutar, disfrutar de lo que teníamos como si fuera el último día que estuviéramos juntos. ¿Qué seguían existiendo adversidades? ¿Probabilidades, estadísticamente hablando, de que termináramos separados? Cierto. Por ese motivo, aunque nos concentraríamos únicamente en nuestra felicidad, lo haríamos de una manera más adulta. Prestaríamos atención a los nuevos problemas, pero no nos preocuparíamos por miedos e inseguridades. Según habíamos acordado la noche pasada, cuando uno sintiera dudas sobre nuestra relación, hablaría inmediatamente con el otro en lugar de alimentarlas. No acordamos volver a ser novios. Teníamos tan reciente la ruptura, que no deseábamos volver a ponernos etiquetas. Sabíamos que éramos algo, y teníamos suficiente con eso. A veces me daba la sensación de que mis sentimientos eran tan intensos que ni mi propio cuerpo podía soportarlos. Pero suponía que era cuestión de acostumbrarse a estar enamorado y ser correspondido.-¿Qué piensas?.-Su voz aguda me sacó de mis ensoñaciones, últimamente me distraía con facilidad.-Nada, cosas mías.-Sonreí y empujé el carro por el pasillo. Lo único que no variaba en ningún país, las ruedas de los carritos de compra se desviaban y era imposible desplazarlos en línea recta.-Me cago en todo.-Maldije, intentando centrar el dichoso carro. Según me habían contado una vez, era una estrategia de marketing, para dirigirte de producto en producto.-¿Qué pasa, Willy? ¿Se te resiste el carro?.-Me preguntó en un tono burlón, mientras que yo volvía a colocarlo en mitad del pasillo. Realicé un ademán con la mano, para señalar el cacharro metálico.-No es mi culpa, las ruedas están mal.-Argumenté, mientras que él se acercaba y arrojaba seis paquetes de fideos instantáneos al carro. No habíamos tenido alternativa que la de salir de compras, nuestra cocina estaba literalmente vacía.-A ver, déjame a mi.-Acto seguido desplegó el asiento para bebés que incorporaba el carro.-¿Quieres que te lleve, pequeño?.-Preguntó risueño, señalándome el pequeño asiento. Yo alcé una ceja, mientras que me cruzaba de brazos.-Eh, él solito.-No le desalenté, más bien todo lo contrario, empezó a reírse en voz alta.-Chaval.. ¿Pero te imaginas? Tú montado ahí, en plan.. sobresaliendo del carro, y yo llevándote por el supermercado. Y los americanos flipando ¿Sabes? Mirándonos y diciendo ¿What?.-Me encantaba cuando se montaba sus propias películas mentales y se divertía tanto con ellas. Pronunció esa última palabra con su pésimo acento inglés, aunque cabía reconocer que había mejorado mucho desde que vivíamos en Los Angeles.-Tienes suerte de que estos momentos no queden grabados.-Acusé risueño, mientras que empezábamos andar, esta vez él llevaba el carro. Se notaba que también le costaba mantenerlo en línea recta, aunque él tenía más fuerza.-Los tendríamos que cortar. O bueno.. no, peores cosas hemos dicho.-Asentí, nuestro repertorio de chistes malos e historias absurdas era de lo más amplio. Las pocas veces que comprábamos, mirábamos productos nuevos, ya que teníamos muy poca variedad en nuestra cocina. Sabíamos que de las cosas que habíamos probado en este país, la mitad no nos gustaban, pero todavía queríamos probar algunas cosas nuevas para saber si comprarlas en más de una ocasión.-¡Cereales! Estos tienen buena pinta.-Corrí hasta la estantería y volví con el paquete, arrojándolo al carro. Esperaba que fueran mejores que los que había probado hasta ahora.-Luego no los tires, te los vas a comer todos.-Primero me acusó, y acto seguido se rió por sus propias palabras. Era la típica risa pervertida de Vegetta, así que decidí que mejor no quería saber en que narices estaba pensando.-¿Nos falta algo?.-Preguntó entonces, me asomé al carro. Contenía varios productos alimenticios, una tanda de bebidas energéticas y dos grandes botellas de agua. También había una báscula que Vegetta había comprado para tener en su baño.-Creo que no.-Exclamé, con cierta vacilación. Después pasaba lo típico, que llegas a tu casa y descubres que has olvidado un montón de cosas. Pero no éramos quién para contradecir las leyes de Murphy, y de momento todo parecía correcto.
ESTÁS LEYENDO
Sentimientos Latentes (Wigetta)
FanfictionEs difícil convivir con tu mejor amigo cuando descubres que tus sentimientos hacia él no son únicamente amistosos. Eso le ocurre a Willy, que tras las reiteradas indirectas de su compañero de piso, empezará a sentir por primera vez lo que es estar e...
