Sentimientos Latentes || Fanfic || Yaoi || Wigetta || 18

46K 2.9K 1K
                                        

7 Día : Nuestra Semana Perfecta.

 -Narra Willy-

La noche anterior había sido especial.. única. Puede que no hubiéramos terminado lo que habíamos empezado, pero eso no restaba perfección a la noche. Casi lo hicimos en el sofá, pero no fui capaz de llegar hasta el final, y Vegetta me confesó que tampoco lo habría sido. Y no pasó nada, estuvimos juntos hasta que volvió la luz y entonces estábamos cansados, pero teníamos que preparar todavía algunos vídeos. Nos despedimos con un beso de buenas noches y cada uno fue a dormir a su respectivo cuarto. Habría querido dormir abrazado a él, pero supongo que después de todo era peligroso que compartiéramos cama. Me desperté sinceramente feliz por el gran paso que habíamos dado, y cuando grabamos el capítulo de apocalipsis minecraft en este se respiraba alegría y amor por parte de ambos. Normalmente él tiraba todas las indirectas, pero en esta ocasión no pude evitar decirle alguna que otra cosa romántica ante cámara, que quedaría camuflada como una mera broma entre amigos. En cuanto terminamos corrí hasta su cuarto para llenarlo de besos. Me había convertido en el típico pegajoso que tanto odiaba o me repugnaba cuando le pasaba a mis amigos, pero ahora les comprendía, porque yo no quería separarme de él ni un momento. Adoraba todo de él, incluso las cosas que antes me irritaban. Adoraba su personalidad infantil, adoraba las cosas moradas, su escepticismo en algunas cosas y su infinita credulidad en otras. Adoraba su simetría y que fuera un maniático del orden, adoraba sacarle de quicio, sus rimas inocentes y las subidas de tono. Adoraba las canciones estúpidas que a veces me avergonzaban, su bondad, su arrogancia y su modestia. Y, puestos a ser sincero, adoraba su barba, su boca, su cuerpo.. todo. Creía ser incapaz de llegar a enamorarme de las cosas que más odiaba, de llegar a apreciar hasta los pequeños detalles. Pero lo hacía, porque él era una persona muy especial y nunca había conocido a nadie con su misma forma de ser. Hasta podía entender porque llamaba tanto la atención de la gente y tantas querían conquistarle, aunque esto me llenase de rabia porque él era mío.

Comimos juntos, y recordé apenado por un mensaje de Luzu que había quedado con él. No es que no me gustase quedar con él, era mi amigo y me divertía mucho en su compañía, pero es que yo tenía ganas de estar a solas con Vegetta. Aún así no quería faltar a mi promesa, hacía mucho que no quedábamos y habíamos acordado preparar algunos vídeos juntos. Mi compañero de piso se quedó en casa, porque tenía que grabar algunos vídeos y yo ya los había dejado todos preparados.

La quedada se alargó más de lo que esperaba, pero como estaba de muy buen humor no me importó. Pasé practicamente toda la tarde con Luzu, y cuando empezó a anochecer fuimos a su casa para jugar a Smite. ¡Era un desastre! Pero yo me reía mucho haciendo de entrenador, instruyéndolo y regañando al hombre cuando se equivocaba. Nos reímos mucho, hasta que finalmente me cansé y me llevó hasta casa en su coche.

Cuando llegué a casa fui directo hacia la habitación de Vegetta, mientras que canturreaba felizmente la melodía de una canción moderna. Supe que no estaba ocupado porque la puerta estaba entreabierta, además cuando grababa no permanecía callado por más de cinco segundos y la casa estaba sumida en el más absoluto silencio. Irrumpí en su cuarto sin dejar de sonreír, y él me miro fijamente ante mi intromisión, parecía turbado.-Vegetta, Vegetta.-Canté su apodo con el mismo ritmo de antes, era algo que acostumbraba a hacer cuando estaba feliz Él no prestó demasiada atención a ese detalle, pero no me extrañaba, pues normalmente me llamaba tonto o me preguntaba si había terminado con mi extraño recital.-Willy, Willy.-Procuró imitar mi ritmo, pero fue más bien una parodia penosa. Hice acopio de todas mis fuerzas para no burlarme de su pésima imitación y cerré la puerta tras nosotros, aún cuando era un gesto inútil teniendo en cuenta nuestra soledad.-Quiero hablar contigo, señor.-Exclamé en un tono jocoso, riéndome por mis propias palabras, que no podían ni ser tachadas como broma. Él estaba aturdido, suponía que por ser incapaz de comprender el motivo de mi estúpida risa, hecho más que comprensible por el que no podía censurarle.-Parece que vas fumado.-Reconocí el atisbo de una sonrisa en la comisura de sus labios, y suspiré.-No, tonto. Estoy muy contento hoy.-Moví los brazos hacia adelante y atrás con cierta euforia, como para corroborar mis palabras. Él cerró lo que estaba viendo en su ordenador y se levantó de la silla para encararme.-Ya, ya..no hace falta que me lo digas, se nota.-Murmuró neutral, con cierto agotamiento que me hizo sentir un niño hiperactivo junto a un adulto cansado. Vegetta se pasó la mano por la barba incipiente y después se frotó los ojos, los cuales se veían somnolientos, rojos y ojerosos. ¿Había dormido poco? Claro, la tormenta, ambos habíamos dormido poco. Yo debía verme de la misma manera, menos por la barba ya que mi vello facial dejaba mucho que desear.-¿No me preguntas de que quiero hablar?.-Dije con cierta impaciencia, pues había dado bastantes vueltas al tema con anterioridad. Yo no era la clase de persona que planeaba lo que iba a decir, era más de improvisaciones.. pero sí que había pensado algunas cosas.-Dime.-Se notaba que no mostraba el más mínimo interés por lo que diría, y no podía culpar al mayor. En mis días de felicidad, como el actual, yo desvariaba mucho y seguramente pensaba que le diría cualquier estupidez sin importancia. ¡Que pringao! Se llevaría una sorpresa.-Pero antes toma asiento.-Ordené, con cierta grandilocuencia. No era necesario que se sentara para nada, quizá sí que estaba haciendo un poco el tonto, pero me hacía gracia. Vegetta arqueó una de las anchas cejas y bufó fuertemente, tomando después asiento nuevamente en su silla.-Venga macho, a saber que tontería suelta..-Rodé los ojos por sus palabras y me senté en su regazo. El gesto pareció sorprenderle, sonreí satisfecho mientras que le rodeaba los hombros con el brazo para estar más cómodo.-Veo que no te acuerdas porque no tienes ni idea de lo que quiero decir. ¡Hoy hace una semana! .-Hoy era, exactamente, el día siete desde que empezamos nuestro pequeño experimento. Podría haber esperado a mañana, a que nuestra semana finalizase, pero la impaciencia que me caracterizaba no me lo había permitido.-Oh..-Fue el único sonido que emitió. Seguramente pensaba que yo me enfadaría porque él lo había olvidado, pero realmente me tomaba como un cumplido que el tiempo esta semana se le hubiera pasado tan deprisa que incluso le pillase desprevenido.-¿Te acuerdas que dijimos que queríamos probar una semana, ser amigos sin reprimirnos? Nada de etiquetas, así veíamos si funcionaba y eso..-Él asintió con la cabeza, aunque no era necesario. El interrogante era una forma de hablar, pues yo ya sabía de sobra que no podría haber olvidado algo tan obvio.-Pues ya está, hablemos de eso.-Note como su cuerpo se revolvía bajo el mío y sus labios empezaron a pronunciar mi nombre, pero yo le interrumpí.-¡Sht! Yo primero, que te gusta mucho hablar y luego no me dejas.-Espeté en un tono autoritario, poniendo mi dedo indice sobre sus labios para interceptar el habla. Tenía ganas de besarle, le habría callado de un beso de no haber sabido que eso siempre me entretenía más de la cuenta.-Lo he pasado muy bien esta semana. He hecho cosas que nunca había hecho antes y que tampoco había sentido ganas de hacer hasta que te conocí.-Era más fácil elucubrar frases cursis en mis pensamientos, pues decirla en voz alta siempre me producía cierta vergüenza y más si estaba sentado encima de él, si podía mirarme a la cara en cualquier momento. Pero después de anoche debía aparcar un poco la timidez.-¡Y me alegro! Porque así has sido el primero, y lo se-seguirás siendo.-Cuando empezaba a tartamudear las cosas se ponían feas, noté como se me secaba la garganta y aunque había pensado decirle muchas más cosas bonitas decidí poner fin a mi discurso cuanto antes fuera posible.-Y bueno.. eso. Que no quiero ser solo tu amigo.-Sonreí tiernamente, mientras que tomaba su mano con el brazo libre.-¿Quieres ser mi novio? .-Pregunté entonces. Puse un tono cómico y ceremonioso en la pregunta, porque no podía decirlo seriamente, porque era superior a mis fuerzas y de haber estado levantado me temblarían las piernas y ya notaba calentura en las mejillas.

Sentimientos Latentes (Wigetta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora