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-Narra Willy-

La maleta no era demasiado pesada, puesto que tenía pensado no pasar demasiado tiempo en España. Con motivos de un evento, sabía desde hacía unos días que tendría que anticipar mi viaje, además el tiempo con mi familia se reduciría considerablemente. Aún así tenía muchas ganas, sabía que lo pasaría en grande con todos mis amigos, aunque echaría de menos a mi novio. Apenas fui selectivo con la ropa, no era una persona que se preocupase demasiado por conjuntar y todo mi vestuario me gustaba, de lo contrario no lo tendría. Algunas prendas veraniegas y una sudadera porque en la zona campestre llegada la noche seguramente haría algo de frío. Los días anteriores a mi partida nos dedicamos a preparar los vídeos de Apocalipsis Minecraft que subiríamos durante nuestra separación, grabamos varios seguidos y nos divertimos mucho haciéndolo. También me dediqué a grabar y programar algunos vídeos en solitario para mi canal, ambos estuvimos muy ocupados. Partiría antes, de modo que pudiera disfrutar un poco con mi familia previamente a juntarme con el resto para asistir al evento.-Bueno..-Murmuré, mientras que esperaba la llegada del taxi en la puerta de nuestro edificio. Él había salido para despedirme, tenía un vuelo distinto. El cielo tenía un precioso color anaranjado, el típico de cada nuevo amanecer en nuestra ciudad.-Nos vemos muy pronto.-Era muy temprano, por lo que no había nadie merodeando por ahí. Aún así, Vegetta miró hacia ambos lados con cierta desconfianza, y tras asegurarse que ninguna mirada curiosa estaba puesta sobre nosotros, me besó suavemente los labios. Unos minutos después llegó el taxi, metí el equipaje en el maletero y me senté en el asiento del copiloto.-Chao.-Dije por último con una sonrisa, sacando la mano por la ventanilla y agitándola enérgicamente. Me hacía mucha ilusión el viaje, aunque me hubiera gustado compartir la experiencia con él. La pasada noche ya nos habíamos dedicado algunas palabras de despedida, lo que le había quitado el peso dramático a esta. Después de todo eran unos días, no tenía porqué preocuparme. 

Durante el silencioso viaje en taxi, pude distraerme pensando. Observaba el nebuloso paisaje que me ofrecía la ciudad a través del empañado cristal del vehículo, mientras que mi mente cavilaba sobre el estado actual de mi vida. Tanto laboral como sentimentalmente, me encontraba plenamente satisfecho. Estaba realmente feliz con el rumbo que mi vida había tomado, después de todo cumplí mi sueño de vivir en la ciudad que tanto había ansiado y además ahora lo hacía no solamente con mi pareja, sino con mi mejor amigo, con la mitad de mi ser. ¿Cuantas personas pueden jactarse de haber encontrado a su otra mitad? Porque él no era otra cosa que eso, no era un simple novio, era mucho más. Durante toda mi vida había sabido que estaba incompleto, que algo me faltaba, hasta que le conocí a él. Separarme de él una semana era una nimiedad, lo que me preguntaba era cómo había sobrevivido veinte años sin tenerlo a mi lado. Definitivamente no me entristecería por memeces, tenía motivos de sobra para considerarme el hombre más feliz del mundo, y cómo tal me comportaría. Tuve que abandonar mis divagaciones mentales cuando llegamos al aeropuerto, pagué al taxista y lo abandoné con una sonrisa permanente en el rostro. Había empezado como un chico marginado subiendo vídeos de juegos, recibiendo un montón de odio… ¿Y cómo había acabado? Mi hogar, mi trabajo, mi amor, mis sueños realizados. Bien pensado era perfecto, todo era perfecto, me daba igual que Vegetta me pidiera que afrontara la realidad y viera que las cosas no eran tan fáciles como lo parecían. ¡Lo eran! Estaban siéndolo, éramos felices. Después de semejantes pensamientos cargados de júbilo, me embargó el positivismo y no me abandonó en ningún momento. ¿Y que mejor manera de empezar un viaje, una aventura, que estar cargado de ilusión y felicidad? Ninguna, sería un gran evento que recordaría durante meses, junto con mis mejores amigos. No tenía miedo de que resultara una decepción, no era cobarde respecto a las aventuras, desde siempre me había apuntado a todo tipo de viajes sin miedo a llevarme un chasco. No me importaba perderme en un país extraño, no me importaba ir al campo con todos mis amigos sin saber que podíamos esperar del evento, no me importó mudarme a otro continente con mi mejor amigo al que solamente conocía desde hacía un año. Quizá era cobarde en otros aspectos, quizá vacilaba constantemente y era excesivamente tímido en algunas situaciones. Pero no en lo que significara jugársela, yo me la jugaba, desde siempre se sabe que quien no arriesga, no gana. Pasé la mayor parte del vuelo durmiendo, me había acostumbrado tanto a viajar con el tema de internet que ya no se me hacían tan largos los trayectos, ahora los tomaba de una manera más adulta, igualmente con la tecnología de la que disponíamos en la actualidad cualquier viaje era cien veces más ameno que en el pasado. Ya echaba de menos al pringado de Vegetta, después de tenerlo al lado veinticuatro horas cada día de la semana, su presencia era un hábito, y era complicado desprenderse de las costumbres diarias. Lo necesitaba, a cada rato pensaba que había olvidado algo de equipaje porque sentía que me faltaba alguna cosa, pero luego lo pensaba detenidamente y me daba cuenta de que era él, su compañía, su voz. Pero no tomé añorarlo como algo malo, más bien era una señal más de lo muy enamorado que estaba de él.

Sentimientos Latentes (Wigetta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora