Sentimientos Latentes || Fanfic || Yaoi || Wigetta || 20

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-Narra Willy-

Suele decirse que el tiempo todo lo cura, y yo esperaba pacientemente que el transcurso de los días consiguiera sanar mis heridas. Pasé la semana siguiente evitando por completo a mi compañero de piso, menos cuando teníamos que grabar juntos, entonces simplemente hablaba cuanto fuese necesario para no disgustar a nuestros subscriptores ni darles ideas sobre nuestra discusión. Evitaba presentarme en la cocina en los horarios de comida, por lo que solía alimentarme o más tarde o más temprano de lo que me había acostumbrado. Cuando nuestros amigos nos proponían quedar los cuatro, como frecuentemente hacíamos en el pasado, o el uno o el otro ponía una excusa para evitarlo. Mi carácter era indiferente, frío y adusto durante el día, pero cuando llegaba la noche pensaba en todo lo que habíamos pasado, recordaba los momentos maravillosos y me sumía en la más profunda tristeza. Mis horas de sueño se habían reducido mucho desde aquel momento, porque prefería estar distraído jugando durante horas aSmite, que tumbarme en la cama sin poder evitar pensar en el daño que me había hecho y lo muy enamorado que seguía de él. Claro que mi amor había perdido la pureza que tuvo al principio, y ahora el afecto que sentía por Vegetta se mezclaba con el odio que su rechazo había originado. Intentaba no pensar en él con cariño, así que me resultaba más sencillo el efecto contrario, pensar que le odiaba y recordar constantemente todos los aspectos de su personalidad que conseguían irritarme, aquellos que había aprendido a amar antes de que decidiera destrozarme el corazón.Me obligaba a pensar en lo humillado que su rechazo me había hecho sentir, la cara de pringado que se me habría quedado en aquel momento y eso me inducía a querer hacerle daño, ya fuera con mi impasible indiferencia o con mis constantes críticas hacia su comportamiento. En uno de los momentos álgidos de mi tristeza, le conté a Alexby todo lo que había sucedido. Él también mantenía una amistad con mi compañero de piso, pero la nuestra era sin duda más estrecha, y el chico siempre había sentido cierta aversión hacia el comportamiento infantil y aparentemente inocente de Vegetta. Con ese motivo, no se censuró en el momento de hablar malamente de él, criticando lo que me había hecho y mencionando algunos aspectos odiosos de su personalidad de forma burlona, lo cual me hizo reír. En el pasado cuandoAlex adoptaba una actitud ofensiva hacia mi amigo, yo siempre defendía al mayor, pero ahora que mi enfado y despecho hacia él me cegaba no pude hacer más que darle la razón.

Lo cierto era que no me sentía mal por haber hablado mal de él. Supongo que yo no era una buena persona, que era irritante tenerme como enemigo, pues mi comportamiento cuando me hacían sentirme rechazado era cuanto menos infantil y vengativo. Yo le quería, y él me había rechazado después de llenarme de esperanzas banas durante siete días. Gustosamente estaba dispuesto a entregarme a él, y me había sometido a su merced en más de una ocasión cuando creía que él sentía lo mismo haca mi. Mi sumisión de la semana pasada, ahora me parecía estúpida e inocente, y no permitiría que se volviera a repetir algo similar. Ya no me comportaría como un idiota que dejase aparcado su aferrado orgullo por considerar más importante seguir los dictados de su corazón. Ahora pensaría en mí, ya que nadie más lo hacía. 

Tras tomar esa decisión mental, dejé de evitarlo. Esta era también mi casa, y si deseaba comer a la misma hora de siempre no dejaría de hacerlo simplemente debido a su presencia. No permitiría que continuara escuchándome llorar por las noches, ya me había humillado lo suficiente delante de sus ojos oscuros. Ahora vería lo poco que realmente me había importado nuestra relación, aunque no fuera cierto.-Hola Willy.-Me saludó, visiblemente sorprendido cuando aparecí en el comedor. Yo me senté un rato en el sofá mientras que hablaba por el móvil, y media hora después él había dejado dos platos sobre la mesa.-He hecho la comida para ambos.-Anunció, ladeando una pequeña sonrisa. ¿Pensaba que ya había olvidado su ofensa? Me levanté con cierta desgana para dirigirme a la mesa, mirando el contenido del plato. Había preparado un filete con patatas, sin añadir salsa porque sabía que no me gustaban. Tenía una pinta deliciosa, y mi estómago casi rugió al verlo, pero me contuve y alcé el mentón con semblante altanero.-Paso. No me apetece eso.-Exclamé, en un tono despectivo. Me di la vuelta, dejando a Vegettaperplejo con mi frialdad, y cogí un paquete de cerezas de la cocina. Dejé el paquete sobre la misma mesa donde él estaba comiendo, me senté y comencé a comer cereza mientras dejaba el rabillo de las mismas encima de la mesa, consciente de que esto debía disgustarle. Él estaba comiendo, y si le molestó el gesto lo disimuló perfectamente, mientras intentó sacarme temas de conversación.-¿Has visto que han sacado un nuevo dios en el Smite?.-Me preguntó algo animado, mientras que cortaba lo que quedaba de su filete. Yo me pasé una cereza por los labios, la cogí del rabillo y moví la fruta rosada como si fuera un péndulo. Él odiaba que jugara con los alimentos.-Ah, sí.-Anuncié secamente, devorando la fruta y volviendo a dejar el tronco y sus semillas en la mesa, junto con el resto.-Como mola tío.. aún no lo he probado ¿Está chulo?.-No desistió en sus intentos de mantener una conversación cordial. Yo apoyé las palmas de la mano en la mesa y me levanté, haciendo con la silla un ruido ensordecedor.-Compruébalo tu mismo. ¿No puedes dejarme comer tranquilo?.-Espeté insulso, retirándome sin recoger nada. En esta ocasión si me sentí mal por Vegetta. Pero su positivismo me había disgustado siempre, y ahora más que lo presentaba justo después de haberme hecho tanto daño. ¡Parecía feliz y paciente! Y eso me exasperaba porque yo sentía que no volvería a ser feliz jamás. Me quedé alejado, de modo que ya no pudiera verme, y observé el salón con curiosidad. Él no perdió la paciencia ni las formas, no me había levantado la voz ni golpeado nada. Espié como terminó de comer, y con parsimonia no solamente llevó los platos a la cocina, también recogió lo que había hecho con las cerezas, lo tiró y limpió el mantel.

Pasé absolutamente toda la tarde enclaustrado en el resguardo de mi habitación, grabando y subiendo vídeos respectivamente. Cuando me hube cansado de la compañía constante de mi ordenador, pero incapaz de conseguir un trato directo con una persona humana puesto que la única cercana era él, decidí que sería un buen momento para poner en orden mi cuarto. Recogí las pocas cosas que tenía tiradas, ordené mis prendas de vestir e hice inventario de mis utensilios, para decidir que cosas debían irse para siempre. En uno de los cajones hallé algo que me hizo entristecerme nuevamente, mi corazón palpitó con el dolor que solamente puede producirte presenciar un recuerdo que se ha ido para no volver. Sostuve entre mis pálidos dedos la foto que nos habíamos hecho juntos en aquel fotomatón el día que decidimos explorar los lugares más conocidos de la ciudad. En las imágenes ambos rebosábamos felicidad, y en la tercera incluso salía besándome los labios. Se me encogió el corazón y mis ojos amenazaron con inundarse de lágrimas. Disgustado tanto con mi vulnerabilidad como con lo enternecedor del momento, rompí las imágenes en mil pedazos. Claro que me hirió eliminar un recuerdo tan preciado, pero de no haberlo hecho me habría torturado mirándola cada día, cada noche.. y entonces sabría, que sometido a aquella imagen me habría quedado yo también congelado en el tiempo, incapaz de olvidar jamás.

Cuando llegó la noche empecé a sentir nuevamente el hambre, pero después de haber revivido aquel día nuestro me veía incapaz de sacar la misma fortaleza que había hallado al presentarme tan envalentonado en el comedor durante la comida. En esta ocasión decidí que esperaría hasta las doce para cenar, de modo que no tuviera que cruzarme con su presencia. Pero unos nudillos golpearon la puerta de mi habitación, y solamente podía ser una persona.-¿qué?.-Pregunté. Estaba sentado en la cama, aburrido sin saber que podía hacer. Él abrió la puerta y asomó su cabeza, mirándome con curiosidad.-Es la hora de cenar, he pensado que como has venido a comer hoy a la hora de siempre también querrías cenar.-Parecía inseguro, como si esperase que le atestase nuevamente mi odio y frialdad en cualquier momento. Y mañana volvería a hacerlo, de eso estaba seguro, porque me resultaba mucho más sencillo tratarlo con desdén que ser simpático. Pero en aquel momento estaba vulnerable por la foto, así que me levanté del lecho y caminé hasta él.-¿Puedo calentarme el filete que has hecho hoy? .-Pregunté en un tono monótono, carente de energía.-Lo he tirado. Pero te haré otro.-Explicó amablemente, dedicándome una calurosa sonrisa que me hizo sentir abatido. Durante el siguiente tiempo esperé callado como una tumba a que me hiciera la cena, y después de comer me retiré para dormir, pensando que mañana seguiría odiándolo tan fervientemente como lo había hecho durante toda la semana.

Sentimientos Latentes (Wigetta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora