46. Pequeño celoso

6K 850 228
                                        

[Una semana después]

POV ALEC

—¿No es hermosa, Alexander? —Magnus, con la pequeña Nadia, pregunta y me mira. Sus ojos, ya de por sí brillantes, tienen una luz diferente ahora. Sus labios en un hermosa sonrisa que hace hormiguear los míos y después morderlos.

Nunca tuve tiempo de permitirme, como cualquier otro joven, sentir atracción y deseo; el miedo al rechazo siempre presente. Después conocí a Ella, viví a su lado el  embarazo y creo que eso me hizo temerle un poco más al amor. Y cuando llegó Max, cuando estuvo en mis brazos y fue evidente que iba a cumplir mi promesa sin importar qué pasara, cualquier sentimiento que no involucrara a mi hijo quedó relegado...

...hasta ahora, hasta Magnus.

—Tan perfecta —Magnus está diciendo, por lo que afortunadamente no notó mi rubor, mientras frota su nariz con la pequeña de su ahijada—, te pareces a tu brillante padrino. Sí, sí —le dice a la bebé que lo mira adormilada—, te pareces a mí. Yo te voy a enseñar y serás fabulosa.

Catarina, desde el sofá en que descansa, niega ante lo ridículo que se pone Magnus con su hija, pero está sonriendo aun así.

Max, que ha estado en silencio desde que llegamos, golpea mi mejilla con su puñito y hace un puchero cuando lo miro. —¿Magus? —me dice triste, mirándolo después a él.

Besó la mano de mi celoso hijo y camino hacia mi novio. Novio. Malditas mariposas en mi estómago.

Alguien está celoso... —le digo a Magnus cuando ya estamos a su lado.

Magnus aparta su mirada de la bebé y voltea hacia nosotros. —Aw, no te preocupes, mi amor, soy todo tuyo —y no, no se está refiriendo a Max. Tiene ambas manos ocupadas, así que es un tanto incómodo cuando se estira hacia mí, inclinándose, con los labios un poco fruncidos esperando.

Y me digo que no, no lo voy a besar.

—No lo decía por mí, Magnus, por Dios —puedo sentir mi rostro calentarse. Qué vergüenza con Catarina y su esposa—. Yo no me pongo celoso. Y menos de una bebé.

La nariz de Magnus acaricia mi mejilla. —Por supuesto que no —su voz es más baja y suave, su tono acelera la sensación en mi estómago y me eriza la piel—, porque te amo sólo a ti y lo sabes —su voz todavía más baja y sus labios rozan mi mandíbula—, porque me amas —puedo escuchar y sentir su sonrisa.

Hay una revolución en mi estómago y la sangre arde en mis venas, mi corazón se acelera ante el recuerdo del momento en que lo dije por fin y no puedo evitar cuando, contrario a todo lo que me dije hace un momento, tomo su rostro con mi mano y lo beso.


«De verdad necesitaba un hospital, había dicho Etta.

Magnus simplemente me había mirado cuando le dije que fuera. —Está bien. Ve con ella.

—¿No vienes? —se había separado de mí, dejándome con esa sensación de vacío que después de su abrazo siempre quedaba y no me gusta para nada, sus ojos demasiado abiertos y su expresión con más pánico que antes.

Yo, un poco torpemente, había movido a Max en mis brazos. —No puedo ir con él a un hospital.

—Puedo cuidarlo, si quieres —Camille se había ofrecido.

Sentí algo de culpa al negarme, pero no podía. Con Max no puedo confiar en cualquiera. Me costó bastante dejarlo en una guardería y confiar en Esperanza. Incluso con Magnus, fue un gran paso. No podía simplemente dejarlo con una de sus empleadas, no importa cuánto confíe en ella Magnus.

Destiny (Malec Mpreg)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora