XV • Confesiones incomodas

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Sus labios habían sentido ajenos en múltiples ocasiones. Besar se había convertido en algo cotidiano para ella, así que nunca creyó que le daría relativa importancia a un beso, y menos a uno tan sencillo como lo fue el que le dio a Alexander.

Bajo la oscuridad iluminada únicamente por la pantalla y las tenues luces de emergencias, Alice se fijaba únicamente en el rostro de su compañero. No había prestado atención al principio de la película, ni siquiera le llamaba la atención. Apenas se trataba de una excusa para poder estar con él. A decir verdad todas las sugerencias de distintos lugares eran una excusa con el mismo objetivo.

Amistad. En un principio le convenció a entablar ese tipo de relación, pero ese no fue más que el primer escalón que le llevaría hasta su objetivo.

Sentía las orejas ardiendo, el corazón palpitando en su audición, una especie de malestar en su vientre y un punzante dolor de cabeza. Estaba estúpidamente nerviosa, algo impropio de una sabia del amor como lo era ella.

-¿Sucede algo?

Alexander se percató de la ausencia de Alice. Se la quedó viendo con aquel aire inocente que solo él tenía a su edad.

Entonces, Alice no pudo más. Le besó. Recargó en sus labios todo el peso de su corazón y entonces, en esa unión, supo con más certeza lo tanto que le amaba. Aquello sí era amor. Alice por primera vez amaba de verdad. Al contrario que a sus anteriores novios a él no tenía intención de dejarle.

-Espera... Alice, no, no es posible... Yo creí que...

Alexander apenas podía poner orden en su boca. Las palabras salían a tropezones, con pausas, su voz temblaba y su mirada se perdía por la oscuridad. No la mirada a ella. Al igual que su cuerpo trataba de huir de ella.

-¡Alexander!

Alice caminó apresuradamente tras el muchacho que repentinamente había abandonado su asiento, preso de una especie de un ataque de pánico. Supo que quizás se molestaría, pero nunca imaginó una reacción así.

-Espera.

Logró atraparle antes de que abandonara el cine. Entonces pudo sentir fuertas palpitaciones a través de una de las muñecas del muchacho.

-Te juro que no tenía la intención de burlarme de ti ni jugar contigo. Esto es serio. Alexander yo te amo. Quisiera salir contigo.

Alexander no podía mantener la mirada latente en la suya. En sus mejillas se distinguía un tenue color rojizo. Estaba avergonzado, pero había algo más en él. Algo más hacía que quisiera alejarse.

-Alice, no, no es posible, no puedo salir contigo... Esto es tan complicado...

Sumamente nervioso, así lo sintió ella.

No quería soltarle, mucho menos con semejante respuesta.

-¿Tienes novia?

-No, ya sabes que no, te lo dije hace días... Mira, yo no quiero salir contigo. No quiero que seamos novios. De verdad, lo siento...

Alice hundió el rostro en la almohada y sollozo en silencio. Era el segundo día desde su rechazo. Jamás creyó que amar pudiera resultar tan doloroso. Pensó que podría funcionar. Llegó a imaginar que Alexander sentía también algo por ella, que aunque no fuera tan grande en un principio podría crecer con el tiempo, pero apenas habían sido eso, imaginaciones suyas.

Apenas podía tenderse en pie. Se sentía vencida, pero tras las raices del sol del atardecer se alzó y decidió que era hora de dejarse de lamentos. Ya había perdido dos días en ello, era hora de aceptar la realidad, aunque resultara tan dolorosa...

Coleccionista de desastres [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora