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Creí que lograría quedarme dormida. Hace más de quince minutos que anhelaba hacerlo, necesitaba dormir para dejar de llorar, y es que eso es una de las mejores escapatorias para olvidar el dolor sin tener que lastimarte.
¿Qué sentido tenía lastimarse más si la vida ya me había lastimado?
Traté de moverme de lado, pero mi cuerpo parecía un bulto, cerré los ojos reprimiendo un grito. Alce mi cadera tratando de dar un impulso hacia arriba para sentarme, pero mi cuerpo tembló, suspire de golpe y volví a quedarme quieta.
Sabía que la agonía se convertiría en una completa pesadilla si no podía luchar por lo único que me daba vida. No podía dejar de pensar en que, si yo me casaba con él, mis últimos días se convertirían en una completa perdida de horas y de días.
Mi cabeza daba vueltas y su asquerosa advertencia se escuchaba de nuevo dentro de mi cabeza como si tratara de advertirme que nada de lo que yo llegara hacer saldría bien.
¿Valdría la pena correr el riesgo? ¿Oh solo tendría que resignarme?
No tenía el valor de dejarlo ir. No quería dejarlo ir.Una lágrima bajo sobre mi mejilla hasta tocar la punta de mi barbilla, inhale lentamente y abrí los ojos, fueron segundos para que su mirada conectara con la mía y mi cuerpo se moviera como gelatina al sentir un escalofrío recorre la parte trasera de mi espalda.
Le miré de pie a un lado de la cama con esa ropa informalmente sexy. Y le sonríe con un nudo en la garganta. Jin me sonrió, se acercó a mí y se sentó a un lado de mi sobre la orilla de la cama. Examine su preciosa mirada, deleitándome con cada uno de los rasgos sin dejar libre a ningún espacio.
Debía de estar consiente que él era real y no producto de mi imaginación.Su mano se elevó hasta tocar con la yema de sus dedos mi mejilla, los deslizo suavemente hacia abajo limpiando mis lágrimas.
Le devolví la sonrisa y lo tomé del cuello abrazándolo con fuerza, respirando su delicioso aroma a jabón de lavanda. Le mire y bese sus labios.Él se quedó estático, y es que no me importaba tomarlo desapercibido le había extrañado tanto que no me importaba si él se molestaba.
—Te extrañé—me dijo y mi corazón volvió a saltar a la luz. Tomo mis manos entre las suyas, y beso mis nudillos, segundos después frunció el ceño diciendo—: ¿estás bien? Que ha pasado en estos dos días... ¿Debería preocuparme? ¿Quién te ha hecho llorar así?
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Agite mi cabeza y le sonríe de nuevo tratando de hacer a un lado sus preguntas, lo único que quería era su amor y su compañía, no quería que nada cambiara si yo le contaba de la enfermedad, cada vez que la menciono todos cambian y ofrecen un amor fingido y sin vida. No quería su lástima.
—Estoy tan feliz de que estés aquí, estaba preocupada por ti. No quería que nada malo te pasara, ¿Por qué no contestaste mis llamadas oh mis mensajes? Me estaba volviendo loca.
—Estuve descansando por un día—suspiro y con una sonrisa fingida y sin vida dijo—: tu prometido me dijo que no necesitan de mis servicios, ya que tú no saldrías de casa. Tu padre estuvo de acuerdo.
—En verdad te extrañé. No quiero estar sola, prometiste quedarte ¿lo harás verdad?
Mi labio tembló, Jin se inclinó hacia delante y me miro a los ojos sonriendo dulcemente.
—No me iré a ningún lado, aunque las personas a nuestro alrededor lo quieran no dejaré que nadie me aparte de ti—contesto entre dientes, me tomo de la cintura y me atrajo hacia el lentamente hasta acunarme en sus brazos.Sonreí y lo abracé con fuerza.
No dejaré que nadie me aparte de su lado, quiero que sea él lo único que mis ojos vean antes de cerrarse para siempre, quiero que él sea lo último que yo vea antes de morir.
—Gracias, muchas gracias por estar aquí y cambiarme la vida.
Susurre.Él se tensó a mí alrededor y se apartó para mirarme.
—Vamos a luchar, tú y yo. Vamos a vivir.
— ¿Vivir?
Su rostro se iluminó y sus mejillas por primera vez se enrojecieron, me sonrió y acuno mi cara sobre sus manos — vamos a vivir nuestro amor, aunque tengamos que destruir a los demás.
"Destruir a los demás" no puedes destruir a los demás a costa de tu felicidad. No sabía si eso podía ser posible, pero se había quedado conmigo durante estas dos semanas sin poder hacerlo a un lado. Sabía que era advertencia, podía sentirlo en mi pecho, pero tanto era mi felicidad que por primera vez había dejado de importarme si mis decisiones lastimaban a mi familia.