Capítulo 37

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Escuchar esto fue como una estaca ardiente atravesando mi pecho, el aire se atoró en mi garganta y mi cuerpo tambaleo

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Escuchar esto fue como una estaca ardiente atravesando mi pecho, el aire se atoró en mi garganta y mi cuerpo tambaleo.

Suspire de golpe y mis rodillas cayeron con fuerza sobre el frío suelo.Cerré los ojos y me recosté sobre este apoyando mi cabeza sobre mi brazo derecho. —No es cierto—lo repetí tantas veces que aún así no podía creerlo. 

Esto solo era una pesadilla, él no puede ser mi hermano... es imposible. 

El silencio se hizo tan intenso que podía respirarse la tensión. Jin me miraba atentamente con la mirada perdida y ojos cristalizados, ese hombre que tanto amaba se había vuelto vulnerable. 

Su tío carcajeó de repente y dijo:—Parecen fantasmas los dos yo pensé que ya sabías Jin y que esa era la razón por la cual te habías negado a hacerle daño. —el suspiro y volvió a guardar silencio y al final susurro— ¿te enamoraste de tu hermana? 

Volví apretar los ojos con fuerza, escuchar esto era como un veneno esparciéndose en toda la casa. 

Jin suspiro lentamente y dijo entre dientes tratando de evitar el tema:—Eso no es cierto.

—Lo es Jin—dijo el tío con una sonrisa siniestra—, Aquella noche en la que yo asesine a tus padres, mire al bebé y no quise abandonarla. Quería convertirla en alguien como yo: una mujer de sangre fría, poderosa e inmortal. Así que esa fue una de las razones por las cuales los envié a un orfanato porque pensé que no los necesitaría. Pero bueno todo salió mal, me la arrebataron. —Suspiro—al pasar el mes, descubrí que tu padre tenía hecho un testamento así que también había pedido que yo me reuniera al igual que los Salvin. Vi al señor y la señora Salvin con un bebé en brazos y estaba seguro de que era mi sobrina, era igual a ella. Sus facciones, su color de piel, su olor y esa inconfundible medalla de cristal que tu madre le había puesto cuando nació. Fue ahí cuando decidí guardar silencio y esperar el momento oportuno para recuperar lo que era mío. Así que agradezco tu ayuda hijo, destruiste a la familia que protegió a tu hermana con su vida, destruiste y enamoraste a tu hermana. Me tienes sorprendido. 

Escuchaba sus palabras repugnantes cada vez más lejanas y lo estaba agradeciendo

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Escuchaba sus palabras repugnantes cada vez más lejanas y lo estaba agradeciendo.Fue ahí donde todo pasó en cámara lenta. 

Jin grito con tanta agonía y levanto el arma matando con una rapidez a los dos tipos que estaban al lado mío. La sangre brotó en el suelo y los disparos se intensificaron. 

Jungkook disparo tres veces sin éxito tratando de proteger a su jefe mientras avanzaban por uno de los bordes de la sala señalándome con el arma. Jin se detuvo y ellos siguieron avanzando hasta perderse en la entrada principal. 

Y todo se volvió silencio, mi garganta se cerró y mis ojos se perdieron en un profundo túnel tratando de huir de la maldita realidad.Un pequeño y suave aire golpeaba sobre mi cabeza y un suave olor a vainilla suave se extendía a través de mis fosas nasales. 

Suspire y trague con dificultad, abriendo los ojos lentamente tratando de acostumbrarme a la luz. 

— ¿Cailin? —susurraron lentamente, lo que me pareció extraño al principio se volvió más claro después de segundos cuando moví mi cabeza a un lado mirándole atentamente. 

Namjoon estaba sentando a la orilla de la cama mirándome atentamente de forma lastimera.Mi corazón golpeó con fuerza y la agonía regreso a mí.

Suspire y trate de evadir cualquier tipo de pregunta que tuviera que ver con... Jin. 

— ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Dónde estamos? —quise saber. 

Namjoon aclaro la garganta y apretó sus labios en una ligera línea—Estamos en mi casa. Jin me llamo para ir por ti. 

Trague con dificultad diciendo entre dientes: — ¿Lo sabes? 

Él agito su cabeza y alzo una de sus cejas tratando de pensar algo coherente y dijo:—Fui por ti a su casa, porque me llamo. Y no fue necesario que él me contara todo. Tu padre me lo contó a mí el día que te fuiste de la casa. Y de verdad lo lamento mucho Cailin, no me gusta verte así—suspiro—, perdóname por haberte hecho tanto daño, quizá si yo no hubiera hecho eso ahora tú y él estarían lejos.

—Quizá si tú me hubieras amenazado más, ahora estaría casada contigo. —admití con un nudo en la garganta—No sé por qué estás aquí, si te hice pasar un mal rato. 

—Solo pensé en traerte a mi casa porque tu padre ahora está muy débil y se la pasa todo el día en la oficina tratando de no pensar, si algo te hubiera pasado por no ir por ti... tu padre no me lo perdonaría. ¿Por qué no regresas a casa? 

—No voy a regresar—dije sin titubeo—no estoy segura de que es lo que haré, oh que es lo que me pasara... quiero estar sola así que por favor quiero ir a casa. ¿Me llevas? 

Él asintió y levanto suavemente mi mano para dar un suave beso sobre mis nudillos. Me sentía vacía por dentro, tan miserable que no sería capaz de seguir viviendo.

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