descontinuado.
𝐂𝐇𝐎𝐂𝐎𝐋𝐀 + 𝐓𝐀𝐃𝐀: Si Teodora y su hermano eran el Café con Leche, y Miguel y Hiro el Arroz con Frijoles; ambos eran la Chocolatada.
Pequeñas o largas historias de una pareja de homosexuales que no será 𝘤𝘢𝘯𝘰𝘯 jamás, mas q...
—El hilo rojo —habló la joven maestra con entusiasmo, siempre ha sido ese su tema preferido de enseñar—, ese pequeño hilito en nuestro meñique que nos conecta con nuestra alma gemela, ese es el hilo rojo. Individual para cada pareja, nunca se corta ni se rompe.
Presta atención a lo que dice un pequeño azabache en el fondo de los niños reunidos, sabe la historia de memoria. Un emperador buscaba a su alma gemela, una bruja lo ayudó y terminó por encontrar al amor de su vida; algo así como su papá y su mamá, pero más lioso. Sonríe al pensarlo.
—Algunos, tendran la suerte de encontrar a su pareja desde pequeños —explica, señalando a una pelirroja que abraza con felicidad a un castaño de cabello alborotado—, otros, duran años sin saber de esa persona.
—¿Cómo la señorita Beldam?
—Sí, Coraline, como la señorita Beldam —responde con tristeza.
La mujer va para sus cuarentas sin encontrar a su alma gemela y se dudaba que estuviera muerta
—¡Pero, no se preocupen! Siguiendo su hilo y su corazón, podrán encontrar a su persona especial y serán felices.
Los niños cuchichean, algunos burlándose de los que ya están juntos y otros hablando de lo fabuloso que suena la idea de una pareja ideal. En eso, una manita se levanta.
—¿Si, Kubo?
—¿Y si no tengo un hilo rojo?
La sonrisa de la maestra cayó en picada al escucharlo, las miradas de sus compañeros se posaron en él, haciéndolo sentir nervioso. ¿Ocurría algo malo? Podía ver que todos tenían uno menos él, ¿se habría atrasado su hilito o perdido?
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Y este soy yo, Yamata Kubo, diecinueve años, estudiante de literatura, filosofía e idiomas griego y latín. Cabellos tiznados, ese chico que se sienta junto a la ventana para no sentirse acomplejado por sus compañeros, que usa susadera todo el año, jeans rotos y los mimos Vans rojos desde su último año de preparatoria. Ese soy yo, la desgracia de la comunidad.
¿Ya saben del hilo rojo? Esa diminutez que decidió joderme la existencia desde que puedo recordarlo, resulta que no tengo uno, fácil, ¿no? Se entiende ese primer punto.
El segundo, la vida sin él no era fácil; burlas, acoso, apodos; mis padres fueron citados desde el momento que hice tal descubrimiento. Pensaron que estaba atrasado, tenía sólo 6 años, esperaría un año más. Nunca llegó, nunca lo hizo. Y sigue la cosa.
Dato curioso: moriré joven. Ese pequeño porcentaje de gente odiados por la vida no superan la esperanza de 25 años de vida, muchos me preguntan: “Hey, ¿por qué te esfuerzas entonces?” y respondo: “No sé”.