☀️; Perturbado

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[❗] NOTAS PRE LECTURA.

✎Maltrato físico y verbal (posiblemente psicológico).

✎Kubo con severo problemas de posesión.

✎Mención de Valentina, Teodora y Xóchitl.

✎Mención de Valentina, Teodora y Xóchitl

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Ven a mí.
















Ya no sabía dónde meterse, aquellas asquerosas ganas de vomitar se volvían mayores con el aumento del odor, las cuerdas lo constriñen, sus brazos ya están débiles como para seguir tratando de liberarse, sus piernas también. Y él, ese jodido enfermo, sólo se deleita de observarlo; de pies a cabeza, con una sonrisa de oreja a oreja tan tétrica como la de un monstruo. Porque eso era, un monstruo disfrazado de un niño.

Él se levanta de su silla para acercarse con ella hasta donde esta, mirando dentro de sus agotados orbes cafés, admirando la belleza de su chico, esa misma que lo acompañaba en sus mejores y, ahora, sus morbosos estragos. Estaba satisfecho de su casi completo trabajo.

—¿Qué pasa? Ya no quieres comer, Leo. Y yo que con tanto amor te cocino.

—Jódete —Escupe sin remordimiento, apretando los dientes, en su último intento de obtener la libertad—; jódete mucho, Tsukishima, dime, ¿dónde está Valentina?

—¿Ella? ¡Ella está bien, maldición! —chilla exasperado, dándole una fuerte cachetada al moreno— ¡¡Maldición, sé un hombre San Juan!! ¡Ella está bien!... aún.

Con ternura, acaricia el lugar que golpeó hace poco, mientras el contrario trata de alejarse. Estaba desquiciado, un maniático que lo siguió y apenas se daba cuenta; ¿qué le había pasado a su amigo? Ya no era el azabache que sonreía en diversión. Sonreía de verlo someterse a sus caprichos, de hacer sufrir a la gente que ama y obtener sangre de sus víctimas ingenuas. Xóchitl, Teo, pronto Valentina. Un psicópata.

—¡Vamos, San Juan! Antes eras más divertido —expresa, aparentemente, aburrido; recargándose del respaldo de su silla—. Ella no sirve, Valentina es una chica cualquiera; pero, ¿sabes? Si tanto te importa, para mí será un gusto romperla —Sonríe otra vez.

—¡Tócale un pelo y...!

—¿Y? —pregunta, acercando su rostro para que mire a la perfección sus orbes, sus ojeras y la determinación emanando— ¿Y? ¿Qué harás? Hasta donde sé, tú estás desaparecido.

—¡¡Dijiste que la soltarías si hacía lo que pedías!! ¡¡Ya, déjala!! —vocifera el castaño.

—¿Qué es lo que ves, Leo? Yo veo a un mentiroso que prometió ser fiel a su palabra.

Está demente. El caucásico se levanta y pasa a tomar lugar en su regaso, rodeando con los brazos su cuerpo, acariciando las facciones de su rostro y quitando la sonrisa de sus labios. Se acerca hasta su oreja. En un susurro le habla, estremeciéndolo.

Dile que estoy por encima.
Dile que eres mío.


Agarra sus pómulos y besa sus labios con dulzura, sin importarle que los muerda cual otras veces, sin importar sus desprecio, ni la repulsión de los contrarios; sólo quería hacerle ver a su leoncito que hacía todo por ellos. Porque lo sabía, siempre miró a través de sus mentiras, porque él lo ama y nunca ha dejado de hacerlo ni lo hará. ¡Por favor, le ha dado todo! Cuerpo, alma, mente, cada parte suya, cada acción, cada gota derramada ha sido por él, Leonardo. ¿Qué no entendía?

—Te odio.

—Hey, no importa. Tengo suficiente amor para los dos.

Y si quieres despedirte, vas a arrepentirte.


Dió un último beso en la frente del preso y se levantó con cuidado. Tenía trabajo que hacer con la dormida Valentina, buscar un lugar para los restos de Villavicencio y terminar su proyecto con Miguel. 

—¡Kubo, Kubo! —llama Leo, el contrario voltea a verlo— No lo hagas...

—Lamento que esto tuviera que pasar, amorcito. Sin embargo —El tuerto toma un cuchillo de cocina de la mesa antes de la puerta—, debo admitir que nunca me agradó ella. Recuerda: hago esto por nosotros.

Yo soy el dueño de tu corazón.

Bueno

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Bueno... Esto es lo que obtienes de mezclar leche tibia con Smoke & Mirros Chorus de Holly, y estoy bien con el resultado.

Nunca imaginé volver a Kubi un yandere asesino, me acordé de mi pasado con Mirai Nikki y wey, no mames, me encantaba la Yuno. Luego me dí cuenta de lo enferma que estaba y se me pasó un poco —me sigue gustando su trasfondo—.

Así que, nada. Bai, bai.

𝘾𝙝𝙤𝙘𝙤𝙡𝙖𝙩𝙖𝙙𝙖Donde viven las historias. Descúbrelo ahora