Capítulo 44: Peligrosidad aumentada

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Mi padre había dicho que mejor que me fuera a casa a descansar. Durante varios minutos me había resistido a la idea, ya que no quería dejarle solo con Katie, veía a esa psicópata capaz de asfixiarle con la almohada en cuanto yo saliera por la puerta. Como siempre, mi padre y su cabezonería ganaron la batalla, más aún porque Jackson le ayudó a convencerme, casi me sacó a rastras del hospital.

            En cuánto llegué a casa me fui a dormir, bueno, a intentar dormir, cosa que no conseguí. Por mi mente no dejaba de vagar la idea de la peligrosidad de la situación en el hospital. Ya me imaginaba lo siguiente, me llamarían al móvil para decirme que mi padre había sufrido una parada cardíaca y que se llevaban a Katie por haberla provocado.

            Me puse mirando al techo. No, no iba a poder dormir, encima me estaba muriendo de calor… Saqué los pies de la cama y con ellos busqué mis zapatillas, cada una desperdigada lejos de la otra, me las puse y bajé las escaleras para buscar en la cocina algo que pudiera refrescarme. No me hizo falta encender la luz, bueno, yo normalmente ya no lo hacía.

-¿Contenta?-me giré sobresaltada hacia el lugar de donde provenía la voz, estaba segura que era Katie. Alargué una mano temblorosa, aún por el susto, hasta el interruptor de la luz que había encima de la encimera y la oscuridad desapareció. Me asusté aún más cuando la vi sentada en una de las banquetas de la mesa, jugando con un cuchillo de carnicero en sus manos. Había pasado de ser el Joker a Michael Myers…

-¿De qué? ¿De que no hayas conseguido matar a mi padre?-la voz me temblaba, pero aún no estaba aterrada de todo al parecer, aún me atrevía a hablarle así.

-Eso es por ahora… y para conseguir mi propósito… me has hecho darme cuenta de que me falta hacer algo…- se levantó de la banqueta y empezó a andar hacia mí, mientras yo caminaba marcha atrás hacia la puerta. Mi mirada estaba clavada en el cuchillo que ahora apuntaba a mi persona. – No hace falta que te diga que tú eres ese pequeño estorbo ¿verdad?

-Lo sabrían- sí, esa fue mi patética manera de hacerla cambiar de opinión.

-Qué mona… si se preocupa por mí-rio de una manera que me heló la sangre- tranquila… tengo mis recursos. – Iba a hacerlo, estaba decidida, ¡tenía que actuar!-me paré en seco y dejé que se acercara a mí, cuando casi tomó una velocidad de carrera aproveché, cogí la bandeja que se encontraba entre la pared y el tostador y le propiné el golpe más fuerte que pude en la cabeza.             Por supuesto no me quedé para ver si le había hecho daño o no, simplemente corrí hacia la puerta de entrada y salí como alma que lleva el diablo.

-¡______!-desde luego estaba enfadada. Corrí intentando meterme en la zona más espesa del pequeño bosque que quedaba cercana a nuestra casa, perdón, a mí casa, jamás ha sido suya. Disipé una pequeña cabaña a unos cuantos metros de mí, así que aceleré el paso y me metí en aquella cabaña, que resultó ser una especie de cobertizo, por lo que una casa debía estar próxima. Permanecería aquí unos cuantos minutos y si no había señal de peligro correría hasta encontrar la casa y pediría ayuda. Por lo visto mi plan no se llevaría a cabo, pues la puerta chirrió, señal de que alguien había entrado- Vamos ______, sé que estás aquí. Sal de donde estés-gateé hasta quedar debajo de una pequeña mesa con herramientas-¡Sal de donde estés!-más me valía que no descubriera mi escondite o de ésta no salía.- ¡Maldita cría! ¿¡Dónde estás!?- estaba dándole vueltas a la mesa donde yo estaba. Cuando la tenía de espaldas gateé hasta salir de debajo de ella y palpé lo que tenía justo encima, hasta que encontré algo punzante, creo que era un destornillador. –Me estás cabreando mucho ____ ¿De veras crees que vas a poder escapar? Ahora me encontraba agazapada al lado de una de las patas de la mesa. Empecé a caminar, en la misma postura, hasta donde estaba Katie de espaldas. Alcé el objeto que tenía en mi mano al mismo tiempo que yo me levantaba. Era ahora… o nunca.

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