XXVIII

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          HUGO

Estaba tan eufórico que no podía dormir. Era imposible que conciliara el sueño en ese estado. Necesitaba gritar al mundo lo mucho que quería a Anaju y las ganas que tenía de luchar por volver a conquistarla. Eran las 3 de la mañana. Cogí mi guitarra y salí a la terraza. Era la canción perfecta para ese momento.

          ANAJU

Lo escuché rasgar las cuerdas de su guitarra. Estaba en la terraza. Abrí poco a poco la puerta de la mía sin hacer demasiado ruido y me senté en el suelo de mi habitación para escucharle. Siempre me ha parecido un placer oírle cantar. Y esa canción, esa letra, me llegaba tan adentro que mi mente solo podía pensar en las ganas que tenía de saltar y abrazarlo. 

No sabía si se refería a mí o no pero me daba igual. Seguía cantando y me tumbé a mirar las estrellas, me habría pasado ahí toda la vida porque escucharlo es una de las cosas más placenteras que existen. 

Y así fue como, tumbada en el suelo, escuchándole cantar me quedé dormida soñando con la vida que un día imaginé a su lado. 

Me despertó el sonido de la puerta. Sobresaltada me levanté, con un terrible dolor de espalda. Obviamente dormirme en el suelo frío no había sido la mejor idea del mundo pero algo en mí estaba feliz. Miré el reloj y marcaban las 8 de la mañana. Había dormido apenas 4 horas y estaba agotada. Al abrir la puerta me encontré a un Rafa demasiado enérgico para el sueño que tenía. 


- Pero Anajus ¿qué haces todavía en pijama?

- Rafita... me acabo de despertar ¿cómo quieres que vaya?

- Va, dúchate y vístete que tenemos que bajar a desayunar. A las 9.30 nos vienen a buscar


Si quería desayunar tranquila debía darme prisa. Corriendo me metí a la ducha y en cuestión de media hora estaba fuera, con el pelo empapado pero ya preparada para bajar a desayunar. Mi momento favorito del día. 


         HUGO

Había dormido 3 horas pero las pesadillas habían disminuido. Era increíble como tomar la decisión correcta había empezado a alejar los demonios de mi cabeza. Me vestí y bajé al buffet donde estaban el resto de mis compañeros. A lo lejos vi una mesa en la que Mai, Bruno, Fla, Sam, Eva, Jesús y Nia desayunaban. Me preparé el café y el zumo a toda velocidad y me llené el plato de frutos secos y tostadas. Estaba hambriento. 


- Ranita ¿cómo fue ayer el ensayo? ¿acabásteis muy tarde? -dijo Mai mientras me daba un beso en la mejilla

- Salimos de allí a las 2 y cuarto de la noche

- Madre mía... 


No hacía más que buscar con la mirada si Anaju había bajado pero no la encontraba en ningún sitio. No era propio de ella ser de las últimas en desayunar. De pronto, apareció por la puerta, tan preciosa como siempre, con Rafa. La rodeaba con su brazo por los hombros e iban riéndose con complicidad. No podía dejar de observar cada uno de sus movimientos. No paraban de darse golpes y hacer el tonto mientras preparaban su desayuno. Mai lo notó y puso su mano en mi hombro, dándome el apoyo que en ese momento necesitaba, para despertar. 

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