ANAJU
Volver a sentir sus labios chocando con los míos reavivó las llamas que yacían en mi interior. Había esperado tanto ese momento que creí estar en un sueño del que no quería despertar. Fue un beso lento, disfrutando el uno del otro, de cada rincón de nuestra boca. Se separó poco a poco sosteniendo mi cara entre sus manos, de la misma manera en que hacía yo. Enganchó su frente a la mía.
- ¿Sabes que si volvemos a besarnos no me voy a ir nunca de tu lado, verdad?
Me acerqué y le besé con las mismas ganas encerradas que llevaba guardando meses dentro de mí. Nuestros besos tenían sabor a promesa, a futuro juntos. Rodeó mi cintura con uno de sus brazos mientras con el otro aumentaba la intensidad de nuestro beso, acercando mi cabeza a la suya. Con fuerza me levantó del sofá, iniciando el camino hacia la habitación. Devorándonos en cada rincón. No podía ni quería parar de tocar su espalda, esa que tanto había echado de menos.
Nos separamos para coger aire. Él se deshizo de su sudadera en un segundo, mientras yo me deshacía de la mía, sin dejar de mirarnos. Sus ojos eran puro fuego. Volvimos a besarnos con la desesperación del que no encuentra agua en un desierto. Caímos en la cama y, en seguida, hice el hueco que le pertenecía entre mis piernas. Volver a sentir su excitación me volvía completamente loca.
Sentir sus besos húmedos por todo mi cuerpo conseguía erizarme la piel. Empezó a besar mi tripa dulcemente, sin apartar su mirada de la mía. Sonreía de manera traviesa mientras bajaba mis pantalones y mis braguitas, provocando que mis mejillas se sonrojaran. Siempre ha conseguido hacerme sentir como una diosa a través de sus ojos. En cuanto sentí su lengua jugando con mi clítoris se me nubló la vista. Era una dulce tortura que reviviría una y otra vez.
No podía parar de gemir. Sabía todos y cada uno de mis puntos débiles y le encantaba jugar con ellos para llevarme al éxtasis. Acerqué mis manos a su rostro y, con fuerza, tiré de él para acercarlo a mi boca y besarle. Quería llegar al clímax sintiéndolo dentro de mí. Sus gemidos me parecían la octava maravilla del mundo.
HUGO
Me dio la vuelta para recorrer mi cuerpo con sus labios. Su lengua recorría un camino que parecía recordar de memoria. Sin esperármelo, rodeó con sus labios la punta de mi miembro, mirándome con lujuria y nublando todos mis sentidos. La intensidad con la que lo hacía me llevaba al mismo cielo. Como pude, conseguí que parara y se sentara encima mío, a horcajadas, para besarme. Rozaba mi erección contra su clítoris, besándome, amándome, recreándose en el placer de nuestros cuerpos chocando. La miré a los ojos para coger aliento.
- Tú abajo, yo arriba -cantó Soy yo en mi oído y casi muero de un infarto
Volví a besarla con desesperación y me puse esta vez yo encima.
- Tú arriba, yo abajo -se había propuesto volverme loco y lo estaba consiguiendo
- Las sábanas limpias se van a ensuciar -poco a poco, me introduje en ella para convertirnos en un solo cuerpo
Nuestros encuentros sexuales siempre se han caracterizado por ser salvajes, desesperados, puro fuego. Pero esa vez quería más. No era simple sexo porque sexo puedes tenerlo con cualquiera. Era mucho más. Estábamos haciendo el amor. Quería sentir cada uno de nuestros movimientos.

ESTÁS LEYENDO
Todo
FanfictionSolo quiero verte, mirarte y decirte que sentirte entre mis brazos me hizo reflexionar de lo dulces que son tus labios Solo quiero verte, mirarte y besarte que brillen nuestros ojos que no pares de escuchar tengo que contarte todo Todo, tu lo eres...