VII

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11 de Mayo de 2020

                   HUGO

Llevaba lo menos 10 minutos intentando descubrir como abrir esa dichosa puerta que me separaba de Anaju. Mis resultados eran negativos y podía por fin estar con ella. La necesitaba. No me imaginaba pasando solo y aburrido los días que estuviéramos en el hotel hasta reencontrarnos en la Academia. Y menos después de saber que lo único que me separaba de ella era esa maldita puerta.

Al parecer no había pasado desapercibido el alboroto que estaba montando al intentar abrir esa puerta. Llamaban a mi habitación y supuse que Pablo o alguien del equipo venían a llamarme la atención. Abrí sin tan siquiera mirar a la cara a quien hubiera al otro lado. Mi mirada estaba fijada en la puerta y en cómo ingeniármelas para abrirla sin hacer demasiado ruido.


- Vale... no volveré a intent... 

- Hola Huguito!


No me lo podía creer. Estaba ahí, a un metro de mí. Ni tan siquiera dejé que acabara de hablar. Me abalancé sobre ella, cogiéndola en brazos como tantas veces había deseado a lo largo de los 2 meses más largos de toda mi vida. La llevé hacia dentro, cerrando la puerta a nuestro paso. No recuerdo que le dije pero estaba tan feliz y eléctrico que ni en mil años me acordaría. Nos caímos a la cama abrazados. No paraba de reírse y me parecía el sonido más bonito del planeta. Como había echado de menos su voz, sus susurros, su olor, su pelo, sus abrazos.

Me levanté riendo y, como siempre, estiró sus brazos para que la levantara. Lo hice para volver a abrazarla. Cogió mi cara con sus manos, como tantas otras veces había hecho, para darme un beso en la mejilla.


- ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

- Ayyy.. Anajúúúúú -me encantaba alargar la U cuando la llamaba por su nombre- Como te echaba de menos, illa

- Y yo Huguito y yo


Como por arte de magia el ambiente de la habitación se transformó. No sabría como describirlo pero tras decirnos que nos habíamos echado de menos parecía haberse convertido todo en la clase de Ivan de las panteras. No podía evitar mirar sus labios, no podía concentrarme en otra cosa. Y ella... ella parecía perdida en los míos. Al parecer despertó y me hizo despertar a mí. Y nuestra burbuja volvió a ser... fugaz.

Pasamos horas hablando, riendo, cantando, repasando la lista de canciones que habíamos cedido al programa. El teléfono no paraba de sonar pero ninguno de los dos parecía querer marcharse de esas cuatro paredes que se habían convertido en hogar. Aunque, para mí, mi hogar siempre sería Anaju. Da igual dónde, da igual cómo, da igual qué y da igual porqué. Pero Anaju era, es y será siempre mi hogar.

Era increíble como estando con ella se paraba el tiempo. Lo que decían en la Academia era totalmente cierto. Conseguía hipnotizar a cualquiera que estuviera mirándola. Su magnetismo era arrollador.


- ¿Hugo? Tierra llamando a Hugo ¿hay alguien por ahí dentro? -dijo dándome pequeños golpes con el dedo en la cabeza

- Sí perdón -dije tras reírme a carcajadas, como si hubiera dicho la cosa más graciosa del mundo. No sabía porque me resultaba tan gracioso su gesto pero así era- ¿Qué decías?

- Han dado todos negativo. Dicen que vayamos a cenar todos juntos en la habitación de Sam y Flavio. ¿Vamos?


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