Solo quiero verte, mirarte y decirte
que sentirte entre mis brazos
me hizo reflexionar
de lo dulces que son tus labios
Solo quiero verte, mirarte y besarte
que brillen nuestros ojos
que no pares de escuchar
tengo que contarte todo
Todo, tu lo eres...
Ay... ¿Cómo empezar a escribir sobre estos días y lo que se convirtió en un cúmulo de señales? Pero antes de correr hay que andar así que empecemos por el principio.
Desperté entre sus brazos y si tuviera que escoger mi lugar favorito en el mundo, ese sería el mío. Esta vez era yo quien podía observarle dormir, repasar cada una de sus facciones, cada milímetro de su preciosa piel de bebé. Reseguí con la yema de mis dedos, su perfil, memorizando el tacto de su piel sobre la mía, hundiendo mi mano en su pelo, ese que tan enganchada me tenía.
No sabía en qué momento mis sentimientos habían llegado a tal intensidad y en qué momento me había enamorado como una idiota de alguien cómo él. Si meses atrás me lo hubieran dicho les habría dicho como mínimo que estaban locos de atar.
Y ahí me teníais completamente embobada mirándolo, llenando su cuello de besos, inspirando su aroma. Me apretó fuerte entre sus brazos, sonriendo, dándome los buenos días con su voz ronca y besando mi cabeza como tantas otras veces. Poco tardamos en volver a juntar nuestros labios, disfrutando de esos momentos en que nadie nos veía, en los que podíamos ser nosotros al cien por cien.
No nos hacía falta más que eso para empezar el día con una sonrisa de oreja a oreja, deseando que llegara la noche para poder volver a nuestra burbuja. En cuanto escuchamos ruidos, se levantó dejando un beso en mis labios y saliendo. Sabía que iba a la sala de ensayos a preparar las colchonetas para la clase de Cesc. ¿Podía ser más adorable?
Esos pantalones cortos le quedaban tan bien... La clase pasó sin mucho que destacar, igual que el desayuno y en cuanto lo vi salir del vestuario, tras haberse dado una ducha, me derretí. Había decidido ponerse sus vaqueros negros y una camisa negra muy tropical. Estaba guapísimo. Aunque muy objetiva no puedo ser, si a mí me parecía guapo hasta con un mapache en la cabeza. Y, al parecer, a él le encantó que me enfundara mis pitillos tejanos porque no quitaba su vista de encima mío.
Como en clase de movimiento, en el grupo con Mai que no paraba de repasarme de arriba a abajo por mucho empeño que yo le pusiera en hacerle señas para que disimulara. Ensayando la grupal, noté su mano en mi cintura, tirando de mí hacia él y yo me recosté en su hombro. Se me quedaba una cara de lela con estas cosas, que a las pruebas me remito. ¿Hacemos buena pareja, verdad?
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Cantarnos en la grupal, la verdad, es que era divertido. Saber que ambos íbamos a cantarnos la misma parte de la canción sin tan siquiera haberlo hablado nunca. Al acabar la clase me fui al vestidor a cambiarme, tocaba ensayo en plató y tenía que bailar varias veces. Por mucho que me gustaran los tejanos, tenía que estar cómoda.
La verdad es que la comida y nuestra espera sin micrófonos para salir a plató no fueron muy remarcables. Miradas furtivas, sonrisas, tonterías pero sin más. Y al llegar a los ensayos, ni tan siquiera nos dio tiempo a estar juntos. Era jodidamente increíble lo rápido que acababa sus ensayos. Ha nacido para estar encima de un escenario y se notaba. Era de los pocos a los que ni Manu ni Vicky tenían que hacerle correcciones.