Capitulo 43 (Editado)

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Capítulo 43

La cocina estaba en silencio, salvo por el murmullo tenue del agua caliente golpeando contra la porcelana. Cameron dejó la tetera a un lado, sirvió las dos tazas y empujó una hacia Camila, que estaba sentada al otro lado de la isla, envuelta en su pijama gris claro y una manta sobre los hombros.

Ella lo observaba, todavía con el ceño fruncido, como si su cuerpo ya estuviera en casa pero su mente siguiera perdida en el bosque. Sentía el peso del frío todavía en la espalda, aunque la cocina estuviera tibia, aunque tuviera una taza caliente entre las manos. No era solo el cuerpo el que temblaba: era todo.

—Gracias —murmuró, tomando la taza con las dos manos.

Cameron se sentó frente a ella, en silencio. Durante unos segundos, lo único que hicieron fue soplar el vapor que salía de sus tazas. El aroma suave a manzanilla llenaba la cocina, cálida y ordenada. La madre de Camila estaba en la farmacia, como casi todas las noches. Solo ellos dos compartían el aire espeso de las palabras que aún no se habían dicho.

—Te ves mejor —dijo él, con suavidad.

—Me siento... un poco menos temblorosa —respondió ella, esquivando su mirada—. Aunque todavía no entiendo nada, me siento abrumada. Tengo muchas preguntas, pero también... no sé si quiero saber las respuestas.

Cameron asintió, comprensivo.

—Sé que es mucho para asimilar, de golpe —le dijo con una sonrisa tranquilizadora—, pero puedes preguntar lo que quieras. No es necesario que te diga todo de una. Si quieres, puedes empezar preguntando algo con lo que te sientas cómoda.

—¿Así que somos familia?

—Lo somos. —Sonrió apenas—. Como te dije en el bosque, mi madre y tu padre eran hermanos. De hecho, eras una de esas historias medio borrosas de las que se hablaba en la mesa, cuando éramos niños. Una prima lejana en América. Después de que tus padres murieron, nadie volvió a contactar contigo, no realmente.

Camila bajó la vista. El té se movía apenas en su taza.

—El tema de mis padres no es algo de lo que habláramos muy a menudo con mi tía. Nunca me dio demasiados detalles sobre el accidente. No me malentiendas, sé quiénes son y disfruto escuchando las anécdotas de la tía Ana y mamá. Pero era tan pequeña cuando murieron que de alguna forma los siento tan lejanos.

—Es comprensible —dijo él, con tono amable—. Y ella solo quiso protegerte.

Camila lo miró por fin.

—¿Y tu familia?

—Bueno... —Cameron se acomodó mejor en la silla, como si se preparara para contar algo largo—. Vivimos en una región bastante aislada, en el oeste de Irlanda. Somos muchos. Mis padres, mis tíos, mis abuelos... y primos, y la abuela Maureen. Algunos más peludos que otros.

Ella soltó una sonrisa, pequeña, pero real.

—¿Y todos son cambiaformas?

—Sí. Nuestra manada existe desde hace muchas generaciones. Allá las costumbres son distintas. Más cerradas, más tradicionales. Pero también hay cierto respeto por el pasado. Por las raíces.

—¿Y tu abuela Maureen?

—Ah, sí —dijo él, con una sonrisa más amplia—. Te habría encantado verla cuando se enteró de que te había encontrado. Te tejió un suéter antes de saber siquiera tu talle. Le pareció irrelevante. Dijo que te iba a quedar perfecto.

Camila lo miró con una mezcla de sorpresa y ternura.

—¿En serio?

—Claro. Y quiere conocerte.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora