Abigail
La situación es un desastre.
Ya todo el mundo se ha enterado de que Mathea es el potencial asesino de Miguel, incluyendo el inframundo que cerró sus puertas apenas el rumor se esparció para evitar cualquier tipo de invasión o ataque. Sin embargo, los ángeles se lo tomaron mal y ahora piensan que ellos también son cómplices
Tampoco hay rastro del príncipe como los inútiles de los Jueces dijeron que habría y Madre también está desaparecida. No he tenido noticias de Azazel en días como para medio saber algo, ni la espada ni la energía del arcángel han aparecido aún y Saril no me dirige la palabra desde antes de ayer que vimos la escena, ella dice que no es nada, pero sé que se siente resentida conmigo y honestamente no la culpo.
Al menos no me habla, no como la tanda de estúpidos que piensan que yo también tuve algo que ver, y que si antes les caía como patada al estómago, pues ahora estoy segura de que me odian con la tertulia que han formado solo para joderme.
Ruedo los ojos mientras los ángeles me abuchean y me piden que me largue de su hogar, estamos en el patio de armas y todos se han reunido para no sé que diablos, realmente. Los arcángeles también están aquí pero ninguno pone orden, ya que Miguel no está y no hay líder, todo se ha vuelto un jodido circo.
—Tu novio asesinó al comandante de nuestra legión.— vocifera en mi dirección Abathar, un ángel de jerarquía que es el que lidera toda esta estupidez,— ¿No tienes nada que decir al respecto?
—¿Acaso tengo cara de ser el maldito Mathea?—respondo cruzándome de brazos— No es mi culpa que él lo haya matado.
Los gritos colectivos de los demás que le siguen me zumban los oídos y me irritan. Es que en verdad no sé que carajos es lo que esperan con este intento de manifestación en contra mía cuando podrían aportar en algo buscando al asesino. La exasperación y el orgullo se me vuelven uno solo y no puedo contener las palabras cargadas de furia que digo solo para fastidiarlo.
—Y en cualquier caso, si lo hizo fue porque quizás no era tan fuerte como para dirigirnos.
Con eso lo hago estallar. Sus ojos amarillos se encienden en ira y odio, para luego desenfundar su espada en un movimiento veloz y rozar mi cuello con la punta.
Permanezco inmóvil y trago saliva con disimulo.
—¡Tú no tienes el derecho de hablar de Miguel!—siento el filo en mi garganta.— ¡Él hizo más que todo lo que tu podrías hacer en tu vida, asquerosa humana!
Elevo una de las comisuras de mis labios.
—Hasta tú con esos movimientos podrías haberlo matado.— me mofo.
Un gruñido rabioso sale de su garganta, y entonces, alza el brazo con el que sostiene la espada hacía atrás y se aproxima hacía mí para atacarme.
Actúo con rápidez y me agacho girando sobre mi eje, le barro las pantorrillas con mi pierna y su cuerpo cede y cae de espaldas al piso en un golpe seco. La espada rueda a su lado, y presa de la frustración y rabia que vengo cargando hace días, me encaramo sobre él, tomo el objeto filoso en mis manos con la punta apuntando a su pecho, e inhalo profundamente antes de dirigir la hoja a toda velocidad...
—¡Suficiente!
El sonido de una voz ajena y autoritaria me detiene de clavar el cuchillo en su corazón.
Todos los que nos encontramos en la sala volteamos nuestras cabeza, incluso el idiota que tengo aprisionado bajo de mí, en busca de la voz y me encuentro con Madre mirándonos con decepción y congoja al vernos atacarnos los unos a los otros.
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PERDICIÓN (#2)
FantasySECUELA DE ''DESTRUCCIÓN'' ''El dorado de su iris luce despiadado, la sangre que salpica en su rostro y alas la hacen ver más siniestra, más aguerrida, más letal... En medio de la brisa, y de toda la tempestad, nuestros ojos se encuentran, y el vací...
