Capítulo 23

119 15 0
                                        

Abigail

Las horas estaban transcurriendo perezosamente lentas en el castillo, y por ende, los días parecían no avanzar.

Aún no estoy segura de si eso es algo bueno, quiero decir, podemos aprovechar el tiempo en varias cosas, ahora mismo nuestra absoluta prioridad es derrotar a Semyazza, pero a la vez, se siente como si estuviéramos estancados esperando algo; como si no supiéramos de que manera proceder.

No lo sé, pero algo bueno es que, en el día y medio que Derik lleva aquí, ha cumplido con su promesa acerca de contarnos todo lo que sabe de Semyazza.

Los arcángeles y yo decidimos traer a un brujo por motivos de seguridad y respaldo para que le diera una especie de poción que le impide decir cualquier cosa que no sea la verdad. Y hasta el momento creo que ha hecho efecto.

—Es un imbecil.— dice con completa naturalidad.— Y un maldito sádico.

—¿Sádico?— suelta Jofiel, de brazos cruzados a un lado de Mathea, que también se encuentra en el pequeño evento observando todo en silencio y con el ceño ligeramente apretado.— No recuerdo a Semyazza como alguien precisamente cruel.

—Ya, porque la última vez que lo viste aún era un ángel.— responde este.— Luego de que lo desterraron, se comenzó a tornar más violento e irascible progresivamente. Eso pasa cuando vives siglos en el completo exilio.

Intercalo la vista entre los dos mientras hablan.

—¿Cómo puedes saber aquello si a ti te desterraron mucho después que a él?— Mathea pregunta, es la primera vez que habla desde que comenzamos con el interrogatorio.

—Las voces corren aún entre nosotros, señor príncipe, los grises ángeles caídos.— Derik no se inmuta en lo absoluto, hasta parece entretenido, pero Mathea no le encuentra ni una sola gracia a lo que dice— Además, cuando yo llegué él ya era el líder allí.

—¿Sádico, cómo?— Saril se involucra para cambiar la dirección del tema, pero algo asustada con la respuesta.

El chico de ojos grises lo piensa durante un instante.

—Del tipo...calculador.— asiente varias veces para si mismo, y luego entrecierra los ojos como si estuviera trayendo algo de regreso a su memoria.— Recuerdo que pensó durante meses a quien atacar primero.— todos lo escuchamos con atención cuando dice eso.— Consideró empezar con muertes silenciosas, comenzar con guardias, soldados y luego ir subiendo por jerarquías para generar miedo, pero no lo hizo así ya que supo que lo podían atrapar antes de tiempo.— nos cuenta.— Así que decidió irse por las cabecillas de buenas a primeras, de la forma más abrupta posible, él sabía que iba desestabilizar sus sistemas de raíz haciéndolo así.

—Miguel y Jerathel...—susurra uno de los arcángeles, refiriéndose al anterior comandante y a la anciana líder de los jueces.

—Así es.

—Pero, ¿y Agatión?— suelta Saril una vez más.— Él no era ningún tipo de cabecilla, el único que hay en el Inframundo es Mathea.

El intercambio de palabras se vuelve en toda la estancia, y yo solo escucho con detenimiento lo que discuten.

—Quizás eso tiene que ver con lo que Semyazza le dijo a Abigail.— responde Uriel.— Quizás esa es su venganza.

—Yo pensé lo mismo, pero...

—No.—dice Derik.

PERDICIÓN (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora