Capítulo 16 [1]

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El cónclave

Mathea

Agatión camina detrás de mí mientras nos adentramos en el espacio cerrado en forma de coliseo en el que se realizará el combate, lugar ubicado en un sub plano astral como el del hogar de Galilea que los Jueces dispusieron únicamente para la elección del nuevo o nueva comandante.

Las gradas ya se encuentran ocupadas de ángeles y demonios al llegar, los dos grupos en áreas separadas del uno con el otro como era de imaginarse.

Honestamente no habría pensado que a mis hombres les interesaría la más mínima cosa relacionada con el Cielo, hasta yo contemplé el venir porque con lo que pasó ayer quería poner lo que más se pudiera de distancia, pero aquí estábamos listos para la función pese a todo.

Bajo los peldaños por mi cuenta ya que mi compañero se distrajo con las querubinas desnudas en la entrada, y hago un estudio rápido de la arena. Es grande y muy espaciosa, más de quince personas podrían pelear al mismo tiempo en ella sin ningún problema, en uno de los costados hay un espacio reservado en dónde estarán los concursantes, y al otro está la salida a las mazmorras de dónde saldrán éstos, los bordes de la arena están reforzados con magia para impedirle el paso a cualquiera que no sea parte del cónclave y evitar malentendidos. Esa medida la tomaron por aquel ángel irritante de siempre que le encanta llamar la atención.

Paso de largo del área en dónde están los demonios para encaminarme dónde se encuentra Saril, está hablando con Uriel y Azazel la acompaña, no me interesa interrumpir lo que sea que hablen y me paro frente a la arcángel.

—¿Todo en orden? — levanta la mirada cuando me escucha.

—Si, ¿por qué? ¿algo anda mal? — pregunta confundida

—Sabes a qué me refiero. — digo entre dientes, Azazel de repente aparece a mi lado y me dan ganas de ahorcarlo cuando responde por Saril.

—Tesorito está lista y preparada, mi capitán.— me coloca una mano en el hombro.

Su tono es cómico, pero no me causa ninguna gracia. No lo miro, porque si no, no seré capaz de resistir el retorcerle la muñeca, así que solo me doy la vuelta sin responder nada y me dirijo a mi posición sintiendo los pasos del íncubo a mis espaldas.

Tomo asiento en el punto más alto que me guardaron mis soldados para tener una mejor vista del espectáculo, y tengo que apretar los puños para no lanzárselos a Azazel cuando se sienta a mi lado como si fuera no sé qué.

Me concentro en mirar al frente calmando mi ira.

Segundos después se le une mi otro dolor de cabeza: Lilith, quién en primeras tampoco tenía idea que iba a venir. Mi segunda al mando se sienta a mi izquierda y me sonríe inocentemente.

—¿Que diablos haces aquí? — suelto.

—¿Cómo que qué hago aquí? — bufa rodando los ojos— Vine a ver a mi pequeña aprendiz barrer la arena con las lamparitas.

Niego con mi cabeza mientras resoplo, los minutos comienzan a avanzar y Azazel a mi lado no para de morderse las uñas. Finalmente, Madre decide llegar y aparece en la entrada, todos se voltean a mirarla y ella se dirige a dónde están los arcángeles a paso lento y sofisticado, con una sonrisa amable en los labios.

Se sienta al tiempo que Raguel se coloca de pie, la cosa solo podía empezar cuando ella estuviera aquí, así que con rápidez da un salto corto y se eleva metros en el aire para que lo miremos.

Siempre es él quien dirige todo.

—Hermanos, ya sean nacidos del Cielo o del Infierno, es un placer tenerlos presentes en esta ocasión que, lo queramos o no, en un futuro nos incumbirá a todos. — comienza y rápido me aburro. — El peligro de los ángeles caídos presentan cada vez se hace más grande, y no podemos afrontar su amenaza sin un general al mando.

PERDICIÓN (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora