Capítulo 24

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Abigail

Me coloco en pie el día siguiente deseando no tener que hacerlo, o más bien, deseando poder evitar a toda costa lo que me toca hacer hoy. Específicamente porque se trata de algo que requiere estar a solas con Mathea, y ya sabemos que eso nunca termina bien

Ese idiota siempre sale con algo nuevo que decir cada que abre la boca y nunca falla en removerme la vena del dolor y el odio, cuando eso es lo que estoy tratando de evitar. No quiero que haya más pleitos entre ambos, en especial porque se supone que somos aliados, y en verdad estoy haciendo un esfuerzo por dejar atrás el pasado, pero él me lo hace muy difícil. 

Madre se largó la noche anterior y sigo algo decepcionada por ello, no sé qué es lo que esperaba y últimamente todo se siente como un completo fiasco, pero me estoy obligando a no pensar mucho en el tema ni tampoco en lo que me dijo antes de que se marchara, pese a que por dentro me estoy muriendo del pánico. 

En fin, vuelvo a ahuyentar esos pensamientos y me dirijo al baño para tomar una ducha larga que destensa mis músculos. Cuando salgo, regreso a mi cuarto y me coloco un corto vestido celeste sin mangas. Calzo mis pies y no hago nada con mi cabello, solo lo peino un poco para que se seque naturalmente.

Cuando estoy lista me doy cuenta de que voy diez minutos tarde a la hora acordada, pero tampoco me apresuro en llegar. Me coloco las muñequeras y cargo mi espada en mi mano antes de salir, atravieso el pasillo y bajo hacía la oficina con completa calma y sin prisa.

Los mismos guardias de siempre se encuentran tras las puertas y estos se enderezan un poco más en cuanto me ven.

Me paro delante de ambos frente a la entrada, preparándome psicológicamente a lo que sea que me pueda esperar cuando entre.

—Gusto en verla, comandante. Se ve muy hermosa hoy. —me dice uno de ellos de repente, a lo que su compañero lo mira y le pone cara de reprensión. No se supone que ellos puedan decirme ese tipo de cosas, pero justo ahora no me molesta.

—Gracias. — respondo por cordialidad, y luego suspiro. — ¿Ya está dentro? — me refiero al príncipe.

Ambos asienten con la cabeza. Vuelvo a exhalar, ellos me observan con expectación, a lo que hago un gesto para que me den el paso.

Abren las puertas por mí, doy un par de pasos dentro y...

—Hasta que te dignas a llegar. — es lo primero que escucho.

Entorno mis ojos cuando lo veo sentado cómodamente en el sofá que enfrenta la entrada. Está reclinado hacía atrás con las piernas separadas y tiene los brazos estirados a lo largo del respaldar.

—Se me atravesó algo y me atrasé. — miento sin vergüenza, a la vez que siento como cierran detrás de mí mientras me adentro en el salón. 

Noto como me recorre de pies a cabeza con los ojos cuando me comienzo a acercar hacía donde se encuentra, y su pecho se infla notoriamente en una inhalada imprevista. Pienso que va a soltar el aire con fuerza, pero en realidad lo contiene atrapando su labio inferior entre sus dientes, se limpia la garganta y entonces vuelve a mirarme a los ojos aparentando naturalidad.

—¿Ha ocurrido algo? — dice, con un tono de voz más ronco que antes. Y muy abruptamente, percibo una emoción nueva flotar por el ambiente.

Cierro los puños al notarla asentarse en mis dedos, y me tomo mi tiempo tratando de descubrir qué es exactamente. 

—No. — carraspeo, haciendo como que no he notado nada. — ¿Por qué? 

No se molesta en contestarme, solo me quedo como una tonta viéndolo colocarse de pie y dirigirse hacia el otro lado de la oficina como si algo lo estuviera incomodando. Frunzo el ceño, la emoción anterior que él está sintiendo toma más fuerza que antes y me cuesta descifrar el porqué de su repentino cambio de humor. Cuando llegué lucía bien.

PERDICIÓN (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora