Abigail
Dejo el saco de boxeo de lado, y me inclino para recoger mi toalla y secar cuidadosamente las gotas de sudor que caen por los lados de mi frente y barbilla con mi toalla. Tomo inspiraciones cortas para normalizar mi respiración, y una vez termino con mi entrenamiento matutino, salgo del gimnasio y me dirijo de vuelta a mi alcoba para tomar una ducha y prepararme para el resto del día.
Tengo que juntarme con los arcángeles en media hora y debo apresurarme si no quiero llegar tarde. Se supone que es para actualizarles acerca de lo que planificamos con Mathea hace unos días y aquello me tiene infinitamente complicada, lo cierto es que aún no sé de donde voy a sacar la cara para decirles que no llegamos a nada y que solo discutimos sobre cosas bastante inapropiadas que nada tenían que ver con los motivos de la reunión.
Lo peor de todo es que voy a tener que decirles todo eso sola porque no tengo idea del paradero de ese cavernícola desde hace tres días y dudo mucho que vaya a aparecer justo hoy precisamente. No sé que andará haciendo y porqué no ha dado registros de vida en lo absoluto, tampoco he sabido nada de Lilith, aunque no es raro porque sigue enojada conmigo, y aunque vi a Azazel por aquí ayer, no he tenido oportunidad de hablar con él para que me diga qué está pasando y por qué el príncipe anda tan misterioso.
Si soy completamente sincera, aún no descubro el como me siento en cuanto a su ausencia; no voy a negar que si significa cierta calma para mi corazón y mi estabilidad mental, pero tampoco puedo decir que no he pensado en él como una idiota y en por qué ha desaparecido tan repentinamente. No es que esté preocupada de que algo le haya pasado, porque sé que es casi imposible, pero luego de la ultima vez que nos vimos, he estado muy confundida con respecto a mis sentimientos por él y no quiero estarlo. La verdad de las cosas es que quiero ser indiferente hacía Mathea de la forma en la que trato de convencerme mentalmente que lo soy.
Me ducho y me visto con tal enredadero en la cabeza que me provoca jaqueca, pero una vez estoy lista, me dirijo rápidamente hacía la sala de reuniones.
Salgo de la junta con los arcángeles echando humos por las orejas y conteniendo con todas mis fuerzas las ganas que tengo de regresar allá y gritarle al insoportable de Uriel que es un bueno para nada que solo sabe criticar a los demás y que su voz me aturde los tímpanos.
Resoplo con frustración. Pues bueno, pasó lo que supuse que iba a pasar, entré a la estúpida salita y les conté lo que había pasado. O tal vez una versión más limpia de lo que realmente fue, les dije que habíamos tratado de crear un plan pero que todos fueron descartados por nuestras opiniones contrariadas. Obviamente no les conté que nos desviamos del tema varias veces y que quizás por eso no logramos llegar a nada, sino que tuvimos nuestras mismas diferencias de siempre y eso lo hizo más complicado. Aunque si traté de rescatarme solo a mi agregando que yo había propuesto una idea pero a él no le pareció lo suficientemente convincente.
Fue en vano tratar de salvarme, porque entonces el pesado de Uriel saltó con sus comentarios irritantes dignos de él, me trató de incapaz e irresponsable, que Mathea y yo no nos tomábamos en serio la situación, que nunca debieron de darnos el cargo a ambos y un montón de mierda más que si me acuerdo ahora mismo quizás si me devuelva a golpearlo.
Como cosa obvia, no me quedé callada. Me enfadé, empezamos a pelear, los demás intentaron calmarnos, y como amenacé con arrancarle los ojos al desagradable arcángel si no cerraba el pico de una buena vez, no tuvieron de otra más que terminar la junta ahí para evitar cualquier tipo de crimen.
No puse resistencia y fui la primera en marcharme a zancadas.
Me quito el cabello de la cara por el calor de la agitación. Yo he tratado de ser paciente, de verdad, pero ya no sé cuanto voy a aguantar antes de explotar.
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PERDICIÓN (#2)
FantasíaSECUELA DE ''DESTRUCCIÓN'' ''El dorado de su iris luce despiadado, la sangre que salpica en su rostro y alas la hacen ver más siniestra, más aguerrida, más letal... En medio de la brisa, y de toda la tempestad, nuestros ojos se encuentran, y el vací...
