EPÍLOGO

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Nada fue lo mismo después del juicio final.

El subplano no era una prisión. No era un lugar frío, con barrotes o muros opresivos, en él ni siquiera se oían ecos de condena. Era un espacio suspendido fuera del tiempo ordinario, privado de energía, en una pradera hermosa en medio de montañas verdes y floreadas, con un pequeño lago a lo lejos y con el cielo lila y la brisa fresca.

Abigail conocía aquel lugar muy bien.

Sí, el subplano donde la derivaron no era uno nuevo, ni exclusivo para ella. Los jueces no se molestaron en crear otro, sino que más bien ahorraron tiempo y recursos, y decidieron enviarla al mismo subplano al que, siglos atrás, habían confinado a Galilea.

La ironía no pasó desapercibida para nadie.

La cabaña de la bruja, enclavada entre colinas de neblina luminosa y árboles que no mudaban jamás sus hojas, ahora tenía dos habitantes.

Galilea estaba encantada, llevar tantos años sola en reclusión y que sus únicas visitas fueran cuando necesitaban algo de ella la tenía genuinamente harta, además de que la pelirroja adoraba a Abigail como a una hija. No podía estar más feliz.

A Abigail la idea también le cayó bien, lo cierto es que pese a que necesitaba la soledad para poder estar tranquila, lo más probable es que a la larga se hubiera vuelto loca.

Durante los primeros días, no pudieron hablar mucho. No por incomodidad, sino porque la joven dormía largas horas, muchas más de lo habitual, como si todo el cansancio acumulado, ahora que por fin necesitaba dormir, le hubiera pasado la cuenta.

El ala que había perdido le había dejado una lesión en la espalda que al principio pudo ignorar por la conmoción de todo lo que ocurría, pero que luego, en la calma, la postró en la cama varios días. Su capacidad de regeneración era otra de las cosas que también se habían reducido a la mitad, pero poco a poco empezaba a cicatrizar, aunque el dolor no se iba aún.

Cada tanto salía a dar paseos alrededor de la cabaña, no se alejaba mucho porque no toleraba el sonido del silencio tanto tiempo, ni tampoco el de sus propios pensamientos.

También lloraba bastante. Parecía que era lo que más hacía. A veces, pasaba noches enteras plasmando su dolor en la almohada, y los días en los que no podía ni levantarse de la cama eran varios. Su mente le era muy cruel, la culpa no la abandonaba nunca, y el desasosiego irremediablemente le hacía preguntarse por el exterior, cuestionándose si había tomado la decisión correcta. Lo cierto es que, pese a que tenía tiempo, el camino que debía recorrer era muy largo.

Galilea no la presionó.

Ella la entendía, había pasado por lo mismo alguna vez. También entendía el miedo que sentía por lo que podía ocurrir allá fuera, en el mundo real. El príncipe brillaba por su ausencia, no había rastro de él ni por asomo, y en un lugar en donde para lo único que había tiempo era para pensar, las cosas eran duras.

Pero no era todo malo. Uno a uno los días se volvieron semanas, y con ellas, ambas mujeres se adaptaron muy bien a este nuevo estilo de vida.

Con el tiempo la herida de Abigail ya era una cicatriz lisa y firme. La asimetría poco a poco dejó de sentirse como una mutilación y comenzó a asentarse como memoria, como un recordatorio de algo un poco difuso, pero presente.

Cuando despertaba, se sentaba en el pequeño pórtico de madera y observaba la bruma moverse como si tuviera voluntad propia. Su energía, privada de estímulos externos, se estabilizaba lentamente, como un río que deja de desbordarse y vuelve a su cauce natural, sereno.

Por las mañanas caminaban juntas por senderos invisibles a través de las montañas que solo Galilea parecía conocer. Abigail aprendió a sentir el subplano bajo sus pies: no como suelo, sino como tejido vivo, y las tardes eran muy amenas pese a que claramente algo le hacía falta. La bruja le enseñó a preparar infusiones que equilibraban la vibración interna, le mostró cómo meditar sin pelear contra los pensamientos, le habló de su historia y como había terminado allí, y como los errores no eran algo que definen, sino que transforman.

PERDICIÓN (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora