Capítulo 31

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Regresar al cielo nos tomó 2 días.

Todavía no sé si fue muy pronto, o muy tarde, pero aunque debo admitir que me hubiera fascinado quedarme allí para siempre, mi consciente no me lo permitió. La mañana siguiente a cuando llegamos ya quería volver, pero el demonio logró convencerme de esperar unas cuantas horas más antes de regresar.

Aquellos dos días que nos quedamos en el hostal fueron, por decir menos, caóticos. Uno pensaría que al estar alejados de todo y todos, de nuestras posiciones y de lo ocurrido, no habría motivo para pelear, solo disfrutar y tratar de estar en paz, pero ya sabemos que Mathea y yo no estamos hechos de ese calibre.

Si uno explota, el otro explota el doble. Y eso no cambió en ningún sentido.

Discutimos bastante, casi siempre por lo mismo, luego lo arreglábamos con sexo desenfrenado y cuando estábamos un poco más tranquilos, recién hablábamos como personas maduras. Aunque es verdad que aparte de discutir y acostarnos, también hicimos cosas que nunca habíamos hecho antes, cosas tan banales que llenaron mi corazón de un sentimiento que no sabía que existía.

Como desayunar juntos en el restaurant del hostal, por ejemplo, aunque él no comió nada y solamente me insistió en que yo comiera pese a que ya no necesito alimentarme, fue asombroso porque extrañaba mucho la comida humana y conversamos bastante. También fuimos a dar un paseo a los alrededores, escuchamos música en el tocadiscos que había en recepción y vimos una película antigua, aunque no terminamos de verla.

Fueron cosas tan...normales, cosas que cualquier pareja común y corriente haría, pero solo hasta que se dio, me di cuenta de que nunca lo había experimentado con él, y para mi buena o mala fortuna, eso lo arraigó todavía más en mi pecho.

Pero ya era momento de volver. Y con un enredo en la cabeza y después de pagarle a la señora que nos dio hospedaje, con un dinero que no sé de donde salió, nos tele transportamos de vuelta al cielo.

El silencio es sepulcral cuando llegamos.

Mi corazón se acelera con temor al ver el pasillo que se extiende frente a nosotros y que guía hacía el ala de oficinas. Por un momento, deseo mandar todo a la mierda y escapar, porque sé que podría hacerlo si es que fuera la hija de puta sin corazón mas grande que normalmente trato ser, pero algo mas fuerte que yo misma me lo impide. Sin embargo, eso no quiere decir que no esté completamente aterrada.

Respiro hondo y de repente siento unos dedos cálidos entrelazarse con los míos y luego un apretón de manos suave que me transmite seguridad. Miro de reojo al príncipe a mi lado y me lo encuentro con un gesto estoico, impasible y serio que me cuesta copiar, pero trago saliva con fuerza y lo sigo cuando comienza a caminar en dirección a la sala de reuniones de la Orden.

Sé que están allí, y sé que él también lo sabe.







De la forma que lo esperaba, los 6 arcángeles se encuentran sentados alrededor de la mesa redonda cuando entramos a la habitación. Los nervios me carcomen por dentro en cuanto Rafael se gira rápidamente al percibir nuestra energía y se coloca de pie de un salto, acortando lo que se encontraba diciendo.

Saril, Gabriel, Raguel, Uriel y Jofiel se quedan quietos y sorprendidos al vernos, cosa que me pone el triple de histérica. Los guardias cierran las puertas tras ambos sin disimular el asco en su expresión, y entonces se vuelve a crear el silencio.

—Mathea.— Rafael finalmente habla un par de segundos después. Serio, pero a la vez sin sonar muy borde.— ¿Dónde se habían metido?

Toda la Orden nos observa fijamente y con detenimiento, sorpresa y molestia por haber desaparecido las ultimas 48 horas. Sé que es difícil de creer, pero en su apariencia pulcra y perfecta puedo notar lo exhaustos que lucen, y eso me vuelve a recordar lo irresponsable que hemos sido al irnos en el peor momento posible.

PERDICIÓN (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora