A la mañana siguiente, Mathea y yo nos pusimos en marcha.
Los rumores se habían esparcido rápido y ya casi todo el Cielo e Infierno estaban al tanto de la particular situación que había sido aprobada por los arcángeles.
La mayoría no estaba de acuerdo, principalmente las legiones, lo cual me parecía razonable. Los miembros de las legiones eran guerreros, y nunca se perdían una batalla, excluirlos además justamente de ésta era algo mucho mas que insólito para ellos.
Y claro, los humos todavía no bajaban desde lo ocurrido en el banco. Estaban furiosos, y motivos les sobraban.
Sacudo mi cabeza en cuanto el fuego y los gritos comienzan a apoderarse de mi mente, y suspiro en un intento de apaciguar el vacío que se crea en mi pecho. Me repito concentrarme mientras termino de amarrar los broches de mis botas largas, y me enderezo al tiempo que tomo la armadura para colocármela.
Unos íncubos, bajo expresas ordenes de Mathea, se encargaron de confeccionarme una nueva a medida debido a que fui despojada de la mía y de la espada de Miguel apenas llegamos al Cielo, para que pudiera ocupar en la cacería de hoy.
Uriel, muy enojado, había insistido en ello, y la verdad es que yo no puse resistencia en entregarla, pero cuando los arcángeles aceptaron nuestra propuesta, no dijeron nada sobre la armadura y mucho menos la espada, y yo tampoco me hubiese atrevido a preguntar, no era tanto mi descaro, así que Mathea simplemente tomó cartas en el asunto y se encargó de tenerme una espada y armadura nueva listas para hoy y no depender de lo que nadie dijese.
Está compuesta por un corset negro metálico, hombreras que rodean mis omoplatos y se extienden hasta cubrir la mitad de mi cuello, y muñequeras de acero del mismo color con broches de cuero. Es muy similar a la que alguna vez utilicé en la batalla de Seattle, pero esta es mas adecuada a mi estilo de combate pues me permite plena movilidad en las piernas.
Termino de arreglarme colgando la espada tras mi espalda y ajustando cuchillos en el cinturón de mi muslo, y me encamino al campo de entrenamiento en busca del príncipe.
Al llegar, rápidamente lo diviso.
Se encuentra de espaldas a mí, ya con su armadura puesta y la espada colgando de su cadera, con toda la legión oscura alrededor de él mientras lo escuchan atentamente. Debido a la distancia no logro escuchar exactamente que es lo que les está diciendo, pero todos parecen muy pendientes y cautelosos a sus palabras.
No se ven molestos y sus energías tampoco reflejan ello, lo cual no me sorprende, bueno, no del todo, porque pese a lo obvio y a que objetivamente las personas piensen que lo que haremos ahora no es justo, sé que el respeto que le tienen a Mathea es mas grande que cualquier cosa.
El respeto y el miedo, también.
Nadie va a enfrentarlo u oponerse a él porque saben que hacerlo es estúpido. Sin embargo, se nota que no lo hacen tampoco porque confían en él y en sus decisiones, y en que él siempre vela por lo mejor para ellos y para su mundo. Esa es la principal diferencia que existe entre Mathea y Lucifer.
Mathea, de algún modo, fue elegido inherentemente como líder.
Me acerco un par de pasos pero no lo suficiente para unirme a la reunión, no queriendo ser invasiva. Percibo a Lilith y Azazel entre la multitud de demonios, y me resulta extraño no alcanzar a ver a Agation entre ellos, o a un lado de Mathea, siempre atento y leal al príncipe.
Solo ahora me doy cuenta que nunca le pregunté al demonio como le afectó el asesinato de Agation; recuerdo que cuando ocurrió, él llegó muy iracundo al Cielo por lo ocurrido pero su rabia iba mas dirigida a Derik en ese momento, pues creyó que con su llegada nos engañó para aprovechar de matar a su segundo al mando, pero más allá de eso, nunca vi una reacción por parte de Mathea en cuanto a su muerte, a su pérdida...
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PERDICIÓN (#2)
FantasySECUELA DE ''DESTRUCCIÓN'' ''El dorado de su iris luce despiadado, la sangre que salpica en su rostro y alas la hacen ver más siniestra, más aguerrida, más letal... En medio de la brisa, y de toda la tempestad, nuestros ojos se encuentran, y el vací...
