Abigail
Cuando desperté, no podía recordar nada.
Abrí mis ojos y un dolor de cabeza insoportable me invadió las sienes, sentía mi cuerpo débil, lánguido, como si hubiese forzado mucho de él, pero no podía entender porqué.
Había intentado colocarme de pie pero justo apareció Galilea a mi lado, diciéndome que tuviera cuidado, que tenía que recobrar fuerzas, cosa que me hizo fruncir el ceño. Al preguntarle que fue lo que había sucedido, su rostro se afligió y agachó la mirada.
No puedo decir que no me preocupé, creo que sentí como mi corazón caía a mi estómago, pero cuando comenzó a contarme todo lo que había ocurrido hacía tan solo un par de horas atrás, poco a poco los recuerdos inundaron mi mente.
Desde la misión, a haber caminado con Semyazza al borde del abismo y luego este liberándose de sus cadenas antes de arrojarnos dentro de él. Recordé el dolor, el fuego, la falta de aire allá abajo, hasta Mathea llegando a salvarme y terminando de una vez por todas con el líder de los ángeles caídos.
Recordé lo cansada que estaba y como creí que todo iba a terminar allí, como me despedí del demonio con el corazón en la mano pensando que sería la última vez que lo vería...
Mi sorpresa fue inmediata al escuchar a Galilea relatar todo lo que ocurrió despues.
Me llevé una mano a la espalda por inercia, mi palma sintió el vacío en mi omoplato izquierdo y casi no pude creerlo. En ese momento, imágenes fugaces atravesaron mi cerebro, como balas demasiado rápidas que no pude alcanzar a atrapar, envueltas en una especie de neblina oscura que no me permitía unirlas del todo.
"Mathea abrazándome, Cimejes intentando hacer algo conmigo, los arcángeles parados en la habitación..."
Sacudo la cabeza y vuelvo al presente, ha pasado un rato ya desde que desperté y Galilea me dejó para irse a la otra habitación a hablar con Azazel.
Un suspiro me abandona cuando me observo en el espejo, sin poder procesar lo que veo en él. Mi vista se concentra en mis propios ojos, ahora el derecho es amarillo y el izquierdo de un color marrón oscuro, como el que tuve toda mi vida. La diferencia de color es tan extraña, pero supongo que tiene sentido con mi nueva identidad.
Eso es otra cosa que no puedo explicar, porque verdaderamente no lo termino de comprender. No entiendo bien como sucedió ni el porqué, Galilea dijo que era prácticamente imposible darle una explicación coherente a lo que pasó porque el desequilibrio era un fenómeno que nacía quizás una vez cada mil años, que no seguía las reglas como las conocemos y que intentar medir su potencia o capacidad era inconcebible.
Solo sé que mi energía se siente tan diferente a lo que estoy acostumbrada, tan distinta a todo lo que he sido con anterioridad, pero a la vez, es como si por fin fuera acorde a mí. A quien soy. Por primera vez, mi energía se siente como mía, como si siempre hubiera debido ser así como es ahora; templada, contenida, manejable...
Me alejo del espejo, cansada, y me acerco lentamente a la cama. Estamos aún en la choza de Cimejes, ha transcurrido un día desde todo lo que ocurrió, pero no me he movido de este sitio desde que desperté. No pienso hacerlo.
Me siento en el borde del colchón al tiempo que un nudo se siembra en mi pecho.
La culpa se ciñe en mis huesos cuando mis ojos enfocan al hombre que yace frente a mí, con el torso desnudo apenas latente y la manta que lo cubre reposándole hasta la cintura. Se encuentra con los ojos cerrados, con las pestañas largas creando tenues sombras sobre sus pómulos, sus labios carnosos color sandía en una linea recta, su respiración lenta y pausada, y el cabello negro desordenado, luciendo tan sosegado que solo puedo pensar en lo ajena que luce la tranquilidad en él.
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PERDICIÓN (#2)
FantasíaSECUELA DE ''DESTRUCCIÓN'' ''El dorado de su iris luce despiadado, la sangre que salpica en su rostro y alas la hacen ver más siniestra, más aguerrida, más letal... En medio de la brisa, y de toda la tempestad, nuestros ojos se encuentran, y el vací...
