Capítulo 19

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Entonces, los látigos se sueltan abruptamente de la piel de Galilea, y regresan de golpe a la olla como si algo los estuviera arrastrando de vuelta.

Un jadeo sorprendido sale de los labios de Azazel. El humo se disipa por la repentina corriente de aire que entra por la ventana, el piso se sacude ligeramente bajo nuestros pies, las velas vuelven a encenderse y Galilea tambalea unos pasos hacia atrás, su espalda chocando contra la pared por la sorpresa del asunto.

Nos miramos entre los tres con los ojos bien abiertos, procesando lo que los conductos nos acaban de decir. La información viaja a la velocidad de la luz a través de mi cerebro, algo abrumador me presiona el pecho, y la energía pesada que se va poco a poco de la estancia aún deja un trazo en mis sentidos, y no es agradable en lo absoluto.

—¿Quién carajos es Semyazza?

Azazel suelta luego de un rato de silencio, rompiéndolo al fin. Galilea respira hondo una o dos veces antes de contestar:

—Semyazza, él...fue uno de los primeros en caer. — nos explica, separándose de la pared con el ceño fruncido, como intentando recordar algo.

Desaparece por el pasillo de la cocina luego de darnos esa breve introducción sin decir más. Miro a Azazel con extrañeza, pero ella vuelve un par de segundos después con un libro entre las manos, lo coloca en la mesa y nos pide que nos acerquemos.

— Aparece en el libro de Enoc, afortunadamente para ustedes, toda bruja debe de tener una copia en su casa.— nos dice, abriendo dicho texto en una página en específico, apuntando con su dedo un párrafo que comienza justamente con el nombre que los conductos nos dijeron. Comienza a leer en voz alta:— Lo mencionan como... quién fue parte de los Grigori, pero que terminó siendo el líder de los ángeles caídos luego de fornicar con mujeres en su vigilancia en la tierra.

Levanta la vista y enfoca a Azazel:

—Los Grigori son el grupo de ángeles que crearon la raza de los nephilim.

Los ojos negros de mi amigo se vuelven estáticos, perplejos. Su boca se abre unos centímetros cuándo las palabras de Galilea se asientan en su cerebro, y entonces, su piel palidece varios tonos.

Trago saliva al ver la manera en la que su rostro queda sin expresión alguna.

—¿O sea que soy descendiente de ese lunático?...

Todo comienza a tener sentido en mi cabeza, el porqué los ángeles querían deshacerse de aquellos que eran como Azazel.

Galilea se atreve a contestarle, utilizando absoluto detenimiento para no alterarlo...

—No solo fue él, querido, fueron los Grigori en general, ellos....

—¡Lo que sea!— explota, y por un momento, me asusta su reacción.— ¡Mataron a toda mi familia por un imbécil que solo quería follar! ¿¡Qué tan jodido es eso!?

Lo miro en silencio, sin atreverme a decir nada; lo veo llevarse las manos a la cabeza mientras que lo que Galilea le dijo se adhiere a su cerebro; veo el dolor en sus facciones, el rencor que se esconde en sus ojos, la manera en la que las venas de su cuello se exaltan con cada respiración que toma.

—Cariño...— la bruja se intenta acercar a él, pero se aparta sin dejar que lo toquen.

—No...— aprieta los ojos con fuerza.— Yo...tengo que salir de aquí.

Se apresura a la puerta y sale de la casa a zancadas veloces, la madera truena a sus espaldas y el sonido le da un toque más grave al asunto. Un sentimiento de culpa aprisiona mi caja torácica, y me encuentro a mí misma avanzando de igual manera hacía la salida para ir tras él.

PERDICIÓN (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora