Abigail
Cuando termina, de mí ya no queda nada.
Soy solo un cuerpo, una masa. Inmóvil, estática, petrificada.
Ya no siento nada, ni siquiera dolor. El entumecimiento abarca hasta la ultima de mis células, mi corazón late lento, como golpes distantes que no logran alcanzarme, mi pulso es casi imperceptible, mi respiración también lo es.
Solo queda un vacío espeso que me ocupa por completo, como si me hubieran vaciado por dentro y lo poco que queda ya no supiera cómo sostenerse. Mi cuerpo sigue aquí, pero yo ya no estoy del todo en él. Soy peso muerto, materia sin voluntad, una presencia que apenas logra reconocerse como propia.
El abismo termina de aniquilarme con una paciencia cruel, la energía oscura me engulle y finalmente, se sacía conmigo, dejándome seca, marchita y exhausta.
En lo ultimo que me esfuerzo es en intentar permanecer con los ojos semi abiertos, buscando aferrarme a las palabras de Mathea, a eso que me pidió, pero ya es algo más grande que yo, completamente fuera de mi control, y pese a que lo intento, hay un pensamiento silencioso e insoportable arraigado en mi cabeza que no me permite ver más allá.
Una certeza que no admite mi negación, y que se propaga como un germen por todo mi cerebro.
El silencio es ensordecedor.
Lo único que lo rompe son los pasos acelerados del hombre que amo corriendo de vuelta hacía mí.
Hay urgencia en ellos, miedo, desesperación. Saber que viene por mí debería darme alivio, pero solo me genera una ansiedad inexplicable.
Mathea vuelve a aparecer, de forma borrosa, en mi campo de visión. Mis labios resecos tiemblan cuando noto el gesto de aflicción en su rostro, quiero llevar mi mano a su mejilla, pero no tengo fuerzas ni para eso.
—Ya está, amor.— me dice, su tono nada que ver con el demonio triunfante que le hablaba a Semyazza hace unos momentos, solo hay angustia en su voz.— Lo logramos.
Agrega, como si valiera la pena anunciar el triunfo, pero ambos sabemos que la muerte de Semyazza no tiene ningún grado de trascendencia para ninguno, menos en este momento, sobretodo por el hecho de que no hay verdadera victoria en ella.
Su muerte no cambia nada aquí. No detiene el frío que me recorre por dentro ni devuelve la fuerza a mis músculos.
Ambos sabemos que no logramos nada. Que de algun modo, él sigue ganando.
—G-gracias.— le logro decir, intentando expresarle con la mirada todo lo que me gustaría
—Ahora si nos podemos ir.
Mi corazón arde.
Me duele ver la negación en sus ojos. Él está completamente renegado a ver lo que hay delante de sus narices, a ver la realidad, y eso me destruye todavía más.
Quiere creerlo. Necesita creerlo. Lo veo en su forma de hablar, en cómo evita mirarme por demasiado tiempo, en cómo sujeta mi cuerpo como si aún pudiera protegerme de algo. Pero yo ya estoy del otro lado de esa esperanza.
Niego con mi cabeza, y no puedo seguir mirándolo cuando me atrevo a decir lo siguiente...
—No...
—Te voy a curar.— no me oye, hace amago de levantarme en sus brazos para sacarnos, pero ese mínimo gesto me provoca un espasmo por el dolor enorme y lo detengo como puedo.— Vas a estar bien, tesoro.
—No, Mathea, basta...— susurro, cerrando mis ojos.— No puedo...
—¿Qué?...
Lucho por arrancar las palabras de mi boca.
ESTÁS LEYENDO
PERDICIÓN (#2)
FantasySECUELA DE ''DESTRUCCIÓN'' ''El dorado de su iris luce despiadado, la sangre que salpica en su rostro y alas la hacen ver más siniestra, más aguerrida, más letal... En medio de la brisa, y de toda la tempestad, nuestros ojos se encuentran, y el vací...
