Capítulo 27

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27 - La esfera de Libelle

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27 - La esfera de Libelle

Estaba muriendo de aburrimiento.

Ivy se había ido a dormir la siesta, bajo la excusa que estaba emocionalmente exhausta; lo cual entendía. Aun así, no sabía qué hacer conmigo misma.

No estaba ni un poco cansada, probablemente culpa del café que había tomado con mi profesor. Sentía que las paredes se cerraban a mi alrededor, la casa haciéndose más pequeña cada vez que entraba por décima vez a una habitación.

Hubo un momento en el que pensé ir a buscar el libro, pero no lo encontraba por ninguna parte. Me dejó bastante decepcionada, pero no me sorprendió, debido a que la naturaleza del libro hace no tanto tiempo era desaparecer mágicamente.

Mientras el reloj marcaba las seis de la tarde pensé en hablarle a Oliver, teniendo la esperanza que quizás él podía acompañarme en el día gris de hoy. Sin embargo, esa idea se desvaneció tan rápido cómo vino, recordando que él tenía planes con sus amigos.

Sus amigos.

Realmente me había acostumbrado a pensar que Oliver y yo éramos los únicos en el mundo, simplemente nos teníamos el uno al otro. Me pinchaba de forma extraña el concepto de Oli con otros amigos, otra gente a la que le cuenta sus secretos.

Yo solamente lo tenía a él. Y cada vez sentía que se me escapaba más de las manos.

Ivy aparece en mi mente, como un pequeño recordatorio que tambien podia contar en ella. Pero la rizada entraba en otra categoría, en una apenas diferente. A ella la sentía más como una hermana, parte de mi familia.

A través del reflejo apagado de la televisión frente ami, noto como una pequeña sonrisa se extiende en mi rostro ante el pensamiento.

Familia.

De repente, una tercera persona invade mi mente. Una cierta chica con cabello negro, largo y ondulado, recordandome que quizas si tenia otra posible amiga despues de todo. Si bien solamente había hablado con Deli dos veces, podía arriesgarme a llamarla una potencial amiga.

Su persona simplemente irradiaba confianza y bondad. Las dos veces que intercambiamos palabras, me habían dejado con un buen sentimiento en mi estomago.

Antes de que me diera cuenta ya estaba agarrando mis cosas para dirigirme al pequeño local de hierbas en la otra punta del pueblo.

Lo que comenzó como una caminata firme y decidida empezó a transformarse en una más bien tímida y dudosa mientras más me acercaba a mi destino.

En menos tiempo de lo que pensaba ya estaba caminando las angostas calles empedradas del pueblo. El sol parecía querer esconderse más rápido simplemente para incitar a mi miedo.

Justo en el momento que mis ojos leen "Cuarto Menguante" a tan solo unos pocos metros, mis pies se clavan en el suelo. Mi mente me gritaba que vuelva.

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