Capítulo 37

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37 - Un inicio

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37 - Un inicio

Durante todo el camino a casa, no podía evitar pensar en otra cosa que no sea el chico de ojos cielo con cabello dorado. De como aquel aspecto de angel corrompido no coincidía con la breve y hostil descripción que había dicho Deli.

Las palabras de la pelinegra circulaban por mi cerebro como un tren en círculos, rebotando contra cada esquina de mi cráneo en un intento de descubrir algún significado oculto.

Más de una vez me descubría queriéndola tachar de mentirosa; me negaba a creer que Luke era alguna de aquellos adjetivos negativos. Pero al mismo tiempo, Deli no me había demostrado ninguna señal que me permitiera pensar así.

Sus palabras, por más amargas que sonaran, se acercaban a mí como una caricia materna; queriéndome proteger de algún mal que yo desconocía.

Y era verdad, había muchas cosas que no conocía de Luke. Había muchas cosas que no conocía de mi misma. Aun así, me gustaba creer que conocía a Luke, o por lo menos las partes que importaban.

Sabía que se preocupaba más de lo que demostraba, y que tenía un deseo insaciable de querer ayudarme a encontrar mi verdadero yo. Lo único que faltaba en mi linea temporal de el, era su pasado.

¿Realmente importa el pasado de las personas?

Yo ya no soy la chica que vivía en Rex, ni siquiera soy la chica que vino a Monde Land hace unos meses. Soy consciente de que las personas cambian, lo he vivido en carne y hueso.

¿Entonces por qué me cuestionaba el papel de Luke en base a acusaciones sobre su pasado?

Mi casa se erguía ante mí como una mansión tétrica y abandonada. Los autos en la entrada tenían hojas sobre el parabrisa y estaban bañados en polvo. Las ventanas permanecían cerradas y oscuras. No la reconocía.

En el momento que pongo pie dentro y la madera rechina bajo mi suela, se me estremece la piel. Sentía que la casa se estaba quejando de mis pasos, como si sus músculos estuvieran adoloridos por estar tanto tiempo quieta.

El silencio me taladraba los tímpanos de la peor forma. Podría jurar que no se encontraba ni un solo ser vivo en este lugar.

Cuando paso por el recibidor para tomar las escaleras hacia mi habitación, mi mirada me desobedece y aterriza en el salón. El lugar donde Ivy estuvo por última vez con vida.

Mis pulmones se llenaron de cemento, sentía que el aire a mi alrededor me estaba apretando la garganta. Quizás fuera el fantasma de Ivy queriéndome hacer pagar por lo que hice.

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