Capítulo 26

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26 - Cafés e historia

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26 - Cafés e historia.

Estaba casi segura que había perdido la noción del tiempo. Ya no me daba cuenta de que hora era, o siquiera si era de día o de noche. Francamente, tampoco me importaba.

Cada vez que aquel alto que me proporcionaba el libro amenazaba con disminuir, con abandonar mi sistema, volvía a recitar un verso; y aquel sentimiento de euforia absoluta me llenaba plenamente.

Esta es probablemente la droga más adictiva que exista en el mundo, y era toda mía.

El día pasaba más rápido de lo normal. Me encontraba en la salida de la escuela, dispuesta a volver a casa y recargarme en aquel elixir invisible; cuando un recordatorio aparece en mi cabeza, forzándome a volver a la tierra.

Tenía planes con el Profesor Miles.

Sintiéndome abrumada por planes de mi pasado, comienzo a caminar con pasos lentos y eternos hacia la plaza, que solo quedaba a unos pocos minutos.

Al pasar por la calle principal de la montaña, la única que subía hacia las mansiones, debato si debería irme a casa y disculparme con el profesor mañana en su clase.

Pero por más tentadores sean los susurros del libro que podía escuchar hasta aquí, aquella no era una buena opción. No era del tipo de plantar a la gente, mucho menos cuando fui yo la que organizó este plan. Además de que el profesor había sido nada más que amable conmigo, no se merecía que lo dejaran plantado por una estudiante que probablemente esté perdiendo la cabeza.

A tan solo unos pasos del pintoresco y pequeño café, noto al Sr. Miles en una de las mesas de afuera. Su semblante sereno mientras leía un pequeño libro.

—Hola, Sr. Miles. — saludo una vez me encuentro enfrente de él.

—¡Max! Por favor, llámame solo Miles. — se levanta entusiasmado y se acerca a la otra silla, abriéndola para que pueda sentarme.

Agradezco tímidamente mientras siento mis mejillas arder apenas, no estando acostumbrada a este tipo de gestos hacia mi persona.

—¿Quieres un café?

—Si no es molestia. — respondo aún inhibida por su presencia.

—No lo eres, querida. — me sonríe apenas y procede a hacerle gestos al mesero a través del cristal. —Entonces, ¿Quieres que vayamos directo al grano?

Sonrío ligeramente ante su tono entusiasmado y procedo a asentir con furor, de repente contagiándome de su exaltación.

—Pregunta. — me dice justo al mismo tiempo que el mesero me trae mi café.

Una infinidad de preguntas comienzan a llover en mi mente, similar a un pergamino infinito. Quería preguntar todas, al mismo tiempo. Pero sabía que era imposible, así que elijo una simple.

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