"No one expected an angel to set the world on fire"
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La ciudad de Monde Land era mas famosa por tres cosas: la primera era que el 80% de su población consistía en viejos empresarios con dinero de sobra en busca de una casa vacacional en las bellas...
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07 - La hoguera más fría
El viaje hacia la casa de Oliver fue silencioso y más largo de lo que me esperaba, ya que él vivía en la otra punta de Monde Land, en una vecindad completamente opuesta a la de las montañas.
Durante el viaje, mi mente se ocupó en imaginarse todas las posibles cosas que el chico que tengo a mi lado me estaba ocultando. A él se lo veía preocupado, pero no podría decir el por qué.
Cuando llegamos, Oliver aparcó su auto en la entrada y apagó el motor, pero no desbloqueó las puertas.
—Escúchame, Max. — suspiró y se giró en su asiento, dirigiendo todo su cuerpo hacia mí.
—Oliver, cuantas veces tengo que repetirlo. Sí, estoy segura. Sí, voy a estar bien. No, no voy a beber. No-
—Es en serio. — me interrumpe. Su mirada firme en la mía arrebatándome mi habilidad de hablar. Así que solamente asiento. — Si necesitas algo, lo que sea, me buscas a mí, yo te llevo a tu casa cuando quieras irte, me buscas solamente a mí, ¿entendido? — asiento nuevamente y le dedico una sonrisa tranquilizante, que en realidad no sé si era para calmar a Oliver o a mí.
Nos bajamos del auto y él toma mi mano antes de que yo pueda protestar, guiándome hacia adentro.
Apenas puse un pie en la casa, una oleada de escalofríos me recubrió todo el cuerpo. No sabía si era porque llevaba tan solo un vestido puesto, o si era por la oscuridad y el humo que había en el aire que generaba un ambiente tenebroso.
Decir que la música estaba alta era poco; los parlantes ubicados estratégicamente en las esquinas de las habitaciones hacían que las ventanas retumbaran y generaran un dolor de cabeza instantáneo.
Oliver me guiaba por el mar de gente, que estaban en cualquier estado menos sobrio, mientras yo intentaba buscar alguna cara familiar, sin éxito alguno. Perfecto, justo lo que me gustaba en las fiestas.
Finalmente llegamos a la única habitación de la casa que no estaba en completa oscuridad. Fue ahí cuando note que mi piel aún estaba erizada, cada uno de los vellos en mi brazo estaban erectos.
— ¿Quieres una soda? — me pregunta Oliver a lo que yo asiento. Él comienza a buscar en la heladera y yo aprovecho para mirar mí alrededor.
La cocina en la que nos encontrábamos estaba decorada con alguna que otra pared de ladrillo. Los gabinetes eran de madera negra, generando un gran contraste con la mesada de mármol blanco. Para ser una casa ubicada en uno de los barrios humildes de Monde Land, debo admitir que estaba muy bien decorada.
—Toma. — Oliver me entrega una lata de soda de uva, y noto que en su otra mano hay un vaso con un poco de líquido color cobre.
Los dos estamos apoyados contra la mesada y yo lo observo cuando el empieza a mirar a su alrededor, tomando pequeños sorbos de su bebida, que asumía que era whiskey.