11. Un héroe y una abeja

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Alguien pronuncia mi nombre mientras me remueve con sutileza, abro los ojos lentamente, sintiendo que el cansancio acumulado del último mes pasa factura cobrando las horas de sueño perdidas, parpadeo desubicada antes de ser consciente de la situación en la que me encuentro.

Lo primero que veo son los ojos claros de Damien, reflejando la luz de la farola de la calle y sus largas pestañas, luego que estoy sentada incómodamente sobre la banca de piedra de la parada de autobuses, con una pierna dormida y el frío calandome los huesos logrando que me estremezca.

Vaya suerte la mía, me quedé dormida.

—¿Damien? —pregunto sentándome derecha, sintiendo punzadas de dolor en el cuello por la horrible postura en la que me había quedado dormida.

—Eres como una abeja —dice, en un tono fastidiado sentándose a mi lado, va vestido con una de sus habituales camisas de manga larga, esta vez el color es negro y le queda bien.

—¿Una abeja? ¿Y como me encontraste? ¿Qué haces aquí? —suelto las preguntas juntas, apenas dejando espacio una entre la otra para tomar aire, siento las mejillas congeladas por el clima así que tengo el impulso de cubrirlas con mis manos.

—Despacio, abejita —pide rodando los ojos, aunque está usando un apodo ridículo su voz no cambia el tono estricto que siempre le he escuchado —trabajo cerca, iba pasando y entonces te vi durmiendo incómodamente aquí, pensé que sería descortés dejarte en el peligro de la noche, sola.

—Mi héroe —menciono con drama, poniendo una mano sobre mi pecho mientras hago mi mejor expresión de agradecimiento fingido —¿Ahora, caballero de brillante armadura, por qué me comparas con una abeja?

—Verás, las abejas siempre están haciendo ruido, son pequeñas y producen miel —me explica, mirando hacia el frente, así que tengo una buena visión de su perfil, el hombre realmente es apuesto, hay que admitirlo.

Analizo un poco lo que Damien quiere decir con cada punto, sobre el ruido no discutiré nada porque hablo demasiado pero ¿Pequeña? Comparada a otras chicas soy alta y realmente no muy delgada, mis muslos se tocan al caminar, mis mejillas son redonda Sy mi abdomen no es del todo plano, pero al ponerme junto al rubio logra que me vea menuda, debe medir por lo menos un metro noventa, tal vez más, debe hacer ejercicio a diario porque su espalda es ancha y aunque no demasiado si son notorios sus músculos, por otra parte yo no produzco miel, pero Jacobo menciona a menudo que soy muy dulce.

—No diré nada sobre lo ruidosa pero ¿pequeña y dulce? Tienes un concepto extraño de mi —lo miro divertida mientras se pone de pie, haciendo que tenga que elevar más la mirada.

—Ven, abeja, te llevaré a casa —menciona y entonces me doy cuenta que la cuatro por cuatro está parqueada a un lado de la calle, ¿Me reconoció desde el auto? Genial.

—No voy a negarme —me pongo de pie, estirando mis músculos agarrotados por la mala posición que había optado, sonrío recobrando mi positivismo normal —definitivamente, mi héroe.

—Lo dije, ruidosa como el zumbido de una abeja —susurra, más para si mismo que para mí, mientras camina al auto, me río sonoramente porque a pesar de que parece que podría molestarlo mi manera de ser en realidad está divirtiéndose.

Subo al puesto del copiloto y me acomodo el cinturón, Damien enciende el motor y nos mueve por la calle rumbo al edificio donde ambos vivimos, no enciende la radio, pero no es necesario porque el silencio que nos rodea está lejos de ser incómodo. Damien conduce a una velocidad moderada con la mirada fija al frente, yo incapaz de estar quieta jugueteo con mis dedos sobre mí regazo.

—Así que trabajas cerca a la cafetería de tía Moni, supongo que trabajas en algún restaurante —comento, desviando la mirada de la ventanilla hacia el hombre.

—Así es —me responde, confirmando que se desempeña en su área, debe ser un buen chef, lo presiento y mi intuición nunca falla —trabajo en Ilusión.

—¡Sensacional! —chillo, abriendo mucho los ojos gracias a la sopresa, ese restaurante es muy importante y su chef es Damien, de seguro los dueños deben querer mucho al rubio —el Ilusión es un restaurante que todo el mundo conoce, nunca he entrado, en realidad.

—Puedo invitarte a cenar allí alguna vez, si gustas —suelta, como un comentario normal, pero mis mejillas se encienden con fuerza al hacerme la idea de que Damien está proponiendo una cita, en uno de los mejores restaurantes de la ciudad.

—Eso sería genial —respondo aunque mi mirada regresa a estar puesta en el exterior, el cristal de la ventana refleja lo rojas que están mis mejillas gracias a la sola idea de ir a cenar con el rubio, seguramente estaría igual de sonrojada si hubiese dicho que comieranmos dulces en el jardín de Bob.

Que ideas tontas estoy haciéndome.

Loca de remate.

Por completo.

Sin duda.

—Llegamos —Damien me saca de mis pensamientos sobre caramelos y locuras mentales, efectivamente estamos a pocos metros del estacionamiento del edificio.

—Eso fue rápido —suspiro pasando las manos por mi cabello de Dora la exploradora, las ondas desordenadas me dan un aspecto de rey león —muchas gracias por el aventón.

—Tuviste suerte de que te reconociera —me dice frenando el auto y apagando el motor, sonrío cerrando los ojos dos segundos y bajo del auto seguida por él.

Subimos las escaleras, charlando sobre el porqué estaba dormida en la parada de los autobuses y taxis, aunque no se ríe Damien se muestra divertido por mi nivel de distracción, apenas puede creer que me quede dormida en la calle sin cuidado alguno, según él necesito urgentemente aprender a concentrarme en lo realmente importante de la vida.

Como estar alerta a los peligros de la calle en la noche y no quedarme dormida por ahí.

—Burlate cuanto quieras, pero nunca me han robado —me defiendo cuando llegamos a la puerta de los departamentos, ante la luz de la bombilla sus ojos lucen más hermosos.

—Tienes mucha suerte —dice poniendo la llave en la cerradura de su puerta, dispuesto a marcharse al interior de su hogar ya.

—No te lo llegarías a imaginar  —me río recordando que cada tres pasos estoy golpeándome con algo de la manera más tonta posible —descansa, mi héroe.

—Tu también, abeja —dice rodando los ojos y abre al fin la puerta blanca perdiéndose dentro del apartamento.

Damien es alguien... Inusual.

Dulce CaosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora