7. Cómo salir de una agresión con estilo

3.5K 244 30
                                        





—¿Por qué me odias tanto, diosito? —mi voz es lo único que se escucha en el lugar, son las cuatro cuarenta de la mañana y parece que el cielo va a caerse en la manera en la que está lloviendo, necesito llegar a la parada del autobús pero ni siquiera el paraguas conseguiría mantenerme a salvo de este prototipo de diluvio.

Suspiro tomando más valor que aire y aprieto en mi mano derecha el paraguas, cuento hasta cinco en voz alta — porque hasta tres es muy común — y corro por la acera llena de agua lodosa estancada, rumbo al encuentro con el autobús, para cuando consigo subir al automóvil azul he conseguido estar parcialmente seca.

Cuando llego a la universidad me dirijo a los lavados para limpiar las salpicaduras de agua sucia en mi jean, estoy entretenida en el movimiento de mis manos así que no me doy cuenta de la presencia de Nicoletta, hasta que la veo a través del espejo, está de pie junto a mi.

Nicoletta es bajita y delgada, está usando tacones y aún así solo logra llegar a la altura de mis ojos, tiene el cabello negro muy liso y los ojos cafés junto a un montón de pecas regadas por los pómulos, en realidad, parece una muñeca y disfruta haciendo comentarios hirientes sobre el físico de los demás, sobretodo si es del mío.

La ignoro, deseando que ella haga lo mismo, pero la conozco lo suficiente para saber qué va a hablarme cuando gira levemente en mi dirección y aplana los labios, su voz infantil me hace dudar de que realmente está chica tiene veintiún años.

—Kati.

—Katania —la interrumpo apenas si abrió la boca, me mira mal y le devuelvo el gesto acomodándome el bolso lista para salir.

—No seguirás fastidiandome la vida, Katania Isabel —gruñe, haciendo las manos puños a los costados de su cuerpo, se vería intimidante si tuviera cinco centímetros más de estatura o si yo no la conociera tan bien para saber que sola no es capaz de enfrentarse a nadie.

—Haré lo que a mí se me de la gana, Nicoletta María —le respondo, imitando burlona su tono de voz chillón y salgo del baño, dejándola sola.

Nicoletta es amada por todo el mundo, ella muestra una faceta dulce y extrovertida que hechizó a todos cual bruja repartiendo conjuros de amor, cuando se dió a conocer los estragos de la broma donde supuestamente yo me acosté con su novio todos empezaron a verme mal y alejarse hacia la pobre "víctima".

Por Zeus, soy más virgen que el aceite de oliva.

Las clases transcurren con normalidad, más trabajos para mi lista de "hacer a última hora" y algunas actividades en clase, a las diez de la mañana ya estoy libre así que pienso pasar por la cafetería para ayudarle a Monett el resto del día, sin embargo, apenas llevo medio camino a la salida cuando alguien cubre mi boca y me arrastra hacia atrás, pataleo pero por la fuerza que es capaz de mantenerme sometida adivino es un hombre.

¡Van a violarme! ¡A asesinarme! ¡Yisus!

Me sueltan bruscamente tirándome al suelo, siento el ardor en las palmas de las manos al impactar con la superficie helada, estamos en la bodega donde se guardan objetos no necesarios y me veo rodeada por cuatro chicos, dos desconocidos, Adam y su adorable novia.

Nicoletta.

—Kati —chilla Nicoletta sonriendo, su vestido rojo me hace querer sacarme los ojos por el montón de brillo que carga la tela.

—¿A caso perdieron la cabeza? —me quejo incorporándome, ellos ríen y me digo mentalmente a mi misma que no esto va terminar bien —déjenme ir.

—Claro, pero primero queremos hablar, Katania —Adam toma mi cabello entre su puño, haciéndome soltar un chillido porque siento el cuero cabelludo doler ante la presión que ejerce el muchacho, enloquecieron —mis amigos quieren hablar, solo eso.

—Bastardo —gruño, tirando mi cabeza hacia atrás con la fuerza suficiente para que aún sujetándome mi cráneo golpeé su tabique, él jadea liberándome y llevando las manos a su sangrante nariz.

Punto para mí torpeza, tanta caída me hace resistente al dolor.

—Perra —lloriquea Adam y agradezco ser alta en situaciones así, Nicoletta corre a ver qué le pasó y yo sonrío como si por dentro no estuviera corriendo en círculos de desesperación.

Uno de los chicos llega de la nada e impacta su puño cerrado en mi mejilla derecha, enviándome al suelo, no me quejo para resguardar mi orgullo, pero siento el sabor a hierro en la boca y adivino que me partió el labio inferior, además del hematoma que tendré mañana decorando mi rostro, enfurecida me pongo de pie dándole la cara al idiota que me pegó.

—Si captas que toda la universidad tiene cámaras de seguridad, ¿No? —le digo y veo su piel ponerme cual hoja de papel de lo mucho que palidece —te haré pagar esto con tu plaza dentro de la universidad.

—No... Por favor —pide, retrocediendo un paso, no soy el mejor promedio por nada, no se usar los puños pero si la cabeza.

—Y ustedes, saben que hagan lo que hagan serán inferiores a mi presencia, siempre —hablo en tono de pesar hacia la pareja fingiendo que no me duele la cara.

Doy media vuelta y salgo de la bodega, en cuanto veo que no me siguen llevo las manos a mi rostro y me quejo audiblemente, me siento en uno de los pasillos y redacto un correo electrónico desde mi teléfono a la directora explicándole a detalle lo sucedido, incluso que golpeé en legítima defensa propia a Adam y después de enviarlo salgo de la universidad, no creo que sea buena idea llegar a la cafetería con una mejilla morada así que me encamino a casa.

Al bajarme del autobús pienso que todo el mundo me va a pedir explicaciones sobre lo que pasó y no quiero dárselas porque armarán escándalo cuando yo lo tengo bajo control, haciéndome de mis casi nulos dotes de pasar desapercibida consigo llegar a las escaleras, pero apenas voy en la mitad cuando me veo frente a frente con Damien y otro hombre de aparentemente su edad, es castaño y tiene lindos ojos azules, ambos me observan con sorpresa.

Tierra trágame y escupeme en los estudios de anime de Japón.

Dulce CaosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora