Irina me ha acompañado después de clases al hospital para quitarme los puntos del brazo, es un caluroso miércoles que está terminando con mis ganas de vivir, la pelirroja ha sujetado su cabello en un rodete que lo mantenga lejos de su piel y se abanica con un folleto informativo sobre las vacunas.
— parece que todo sanó bien por aquí — el doctor sonríe retirando el último punto de mi piel con cuidado, la zona está rojiza y la cicatriz notoria — tendrás que aplicar esta crema todos los días y evitar el sol en esa parte, en unas semanas la cicatriz habrá desaparecido
— ¿En serio? — pregunto emocionada, los hematomas son apenas visibles y si la cicatriz se va no quedará recuerdo del accidente — ¡Genial!
— todo listo — el amable doctor pone dentro de una bolsa el tubo azul con la crema anti cicatrices y la fórmula médica, me la entrega y me sonríe — espero no verte más por aquí, Katania
— usted me cae muy bien pero procuraré no visitarlo — respondo bajando de la camilla donde había estado sentada, él se ríe divertido por mi comentario — gracias por todo
— no es nada, cuídense niñas — dice mirando hacia Irina que está de pie a mi lado con el folleto en la mano, totalmente arrugado
La pelirroja y yo nos despedimos y salimos del hospital, afuera hace aún más calor así que Irina se queja audiblemente y vuelve a tomar el folleto como abanico para su rostro, las dos nos miramos sin saber cuál es el mejor plan para un día así, apenas si sobrevivimos a la universidad con semejante clima tan sofocante.
— voto por helado — dice Irina suspirando
— ¿En dónde? — pregunto usando una mano como apoyo para que el sol no impacte de lleno en mis ojos
— creo que vi una heladería por aquí cerca cuando llegábamos — informa señalando hacia la derecha
Efectivamente encontramos la heladería a pocos metros, nos sentamos al fondo junto al aire acondicionado y ordenamos dos copas del postre, Irina elije limón y menta, yo chocolate y fresa. La sensación que provoca el helado al descender por la garganta es placentera, además de que está muy bueno. Una voz conocida hace que levante la mirada para curiosear, veo a Nicoletta con Adam sentarse varias mesas más allá y recuerdo que ella vive en esta zona.
— esa es la chica que hizo el chisme sobre su propio novio y su entonces mejor amiga — Irina arruga la nariz aún sabiendo que la amiga era yo, hace una mueca de desagrado antes de regresar la atención a su helado — está loca
— no siempre fue así — menciono teniendo aún el instinto estúpido de excusarla, el cariño de la niña que fui prevalece
— no la defiendas — me acusa apuntándome con la cuchara plateada y una mirada fulminante — ella sabía muy bien lo que hacía y no se detuvo, te causó muchos problemas
— fue mi mejor amiga durante más de diez años — le cuento metiéndome a la boca una cucharada de helado de chocolate con un puchero lastimero
— pues mira que demostró de maravilla cuánto le importaba esa amistad — Irina mira sobre su hombro para poder observar a la pareja empalagosa — no dudó antes de lastimarte
— tienes toda la razón — admito bajando la mirada a mi helado y tomando un poco con la cucharita
— pues claro que la tengo — la pelirroja me mira de nuevo con el ceño fruncido — hay que estar muy podrida por dentro para hacer algo tan cruel
Irina tiene la razón, Nicoletta y yo crecimos juntas, compartimos absolutamente todo, pasamos noches enteras despiertas viendo películas de miedo y hablando tonterías, comimos de la misma mesa, vestimos la misma ropa, conocíamos de memoria la casa y los gustos de la otra, nuestros sueños se enlazaban, estuvimos juntas en la primaria, en el colegio y los primeros pasos de la universidad. Era mi hermana. Y entonces todo cambió, ella cambió. La Nicoletta que yo conocía murió y en su lugar dejó a una chica superficial, hueca y cruel.
— quita esa cara — Irina toma mi mano sobre la mesa atrayendo mi atención, mis ojos húmedos por las lágrimas acumuladas se cruzan con los suyos — nos tienes a Alicia y a mi ahora, no haré promesas de por siempre como lo hizo Nicoletta ni voy a hacer juramentos en nombre de nuestro cariño pero te puedo asegurar que si alguien te hace daño lo voy a golpear y que si necesitas algo, lo que sea, puedes pedírmelo
— gracias — respondo con una sonrisa nostálgica apretando el agarre entre nuestras manos — por estos meses en los que has estado conmigo pese a las habladurías de la universidad
— no des las gracias — niega con la cabeza y se roba un poco de mi helado con una sonrisa traviesa — somos amigas, tu, Alicia y yo
— amigas — afirmo decidida a dejar a Nicoletta en el pasado, no en uno donde nos hicimos daño y nos convertimos en desconocidas
Hoy dejo a Nicoletta en mis recuerdos de la infancia, como la niña que fue, como mi primera mejor amiga. En honor a eso no le guardo rencor alguno.
Ahora está Irina y Alicia, no puedo decir que estarán para siempre pero mientras lo hagan será perfecto, ellas son por ahora todo lo que necesito.
— mira lo tarde que es — Irina mira su reloj de muñeca con una expresión de terror en le rostro — mi madre me va a matar, se supone que le llevaría la comida a Dream
— puedo acompañarte — ofrezco y ella asiente con la cabeza feliz. Terminamos el helado y salimos ignorando a la pareja.
Adiós, Nicoletta.
Los padres de Irina son muy amables, su madre es muy parecida a mi amiga físicamente e incluso tiene la energía desbordante de ella, su padre es un hombre tranquilo pero muy amable que me cayó bien a primera vista, también conocí a su hermano y su novia, aunque apenas de saludo porque iban de salida.
La habitación de Irina es como ella, una explosión de colores y brillo, su gato es un lindo angora que se comporta como bebé para que le presten atención. Todo es perfecto.
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Dulce Caos
RomanceDamien Montenegro es un chef reconocido, dueño de un restaurante importante de la ciudad, cuando se muda a un pequeño edificio de apartamentos lo último que espera es cruzarse con un huracán como Katania Faradhay, una universitaria siete años menor...
