18. Un momento perfecto

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Bajo del autobús ignorando completamente la presencia de Dexter quien por obvias razones no me reconoce, al llegar al edificio Ryan me recibe con un grito que me informa que ya es abuelo, mi risa inunda la recepción cuando el hombre me toma en brazos y gira conmigo despegando mis pies del suelo.

- ¡Felicidades! - chillo cuando estoy en tierra firme otra vez, mi risa sigue resonando en el lugar contagiada por la felicidad que desprende Ryan - ¡Eres un abuelo!

- ¡Soy un abuelo! - responde tomando mi mano y haciéndome girar sobre mi propio eje como si estuviesemos bailando - ¡Katania Isabel Faradhay! ¡Soy abuelo!

Vuelvo a reírme a carcajadas porque el hombre está tan emocionado por el nacimiento de su nieta está mañana que ni siquiera recuerda su trabajo, solo desea gritarle al mundo las buenas nuevas derrochando felicidad, vuelvo a abrazarlo para que se calme un segundo y el frenético latir de su corazón disminuya, cuando nos separamos veo las lágrimas decorando sus ojos y me llena de nostalgia pensar que si algún día me convierto en mamá no habrá ningún padre orgulloso y feliz por eso, no tendré nunca algo así.

Me despido animada de Ryan y subo las escaleras por primera vez de una manera normal, eso evita que tropiece y llegue a la segunda planta del edificio a salvo y sin jadear, ingreso a mi departamento para darle croquetas a Tomy y dejar mi bolso dentro de mi habitación, después de llenarle el plato a mi perro y que el se quede llenando su estómago entro a mi cuarto encontrando un desorden muchísimo mayor al que yo suelo dejar en las mañanas.

- ¿Qué demonios? - me quejo cuando mis pies se enredan en un suéter y caigo de rodillas y palmas abiertas en el suelo, grito en el proceso - ¡Auch!

La única respuesta que llega mientras desenredo la tela de mis pies es que Tomy estaba buscando su tonta botella y sacó todo de su lugar o bien que Monett enloqueció buscando algo dentro de mi habitación, sea lo que sea que pasó aquí deberá esperar porque ahora mismo debo ir a almorzar con el vecino lindo del frente. Consigo ponerme de pie con algo de torpeza, saco del bolso mi teléfono y lo meto en el bolsillo de mi vestido, cierro la puerta y regreso a la sala como si las rodillas no me dolieran.

¿Por qué condenados el suelo me ama tanto como para que la gravedad me atraiga a el a cada minuto?

- bien Tomy, no seas maleducado, regreso en un par de horas - el perro no de imuta y sigue almorzando feliz de la vida, genial, soy ignorada hasta por mi propia mascota

Al atravesar el pasillo los nervios inundan mi cuerpo, limpio las palmas de mis manos en la tela de mi chaqueta antes de tocar la puerta con algo de suavidad, no se si estoy haciendo lo correcto pero no hay marcha atrás cuando Damien abre y queda de pie justo a dos pasos de distancia de mi.

El perfume de Damien me embriaga por un segundo, está vestido con un pantalón negro y una de sus habituales camisas de mangas largas, color salmón, una derivación del rosa que le sienta de maravilla y su cabello rubio oscuro casi castaño está revuelto dándole un toque despreocupado, por un momento creo que debí cepillarme de nuevo el cabello pero la ventaja de tenerlo corto es que disimula que tan tremendamente despeinada ando por la vida.

- Katania - sonríe mostrándome sus blancos dientes, él está dejándome atontada solamente con su sencilla sonrisa

Estoy perdida.

- hola - sonrío de regreso poniendo las manos detrás de mi cuerpo y balanceándome sobre las bailarinas en un gesto infantil que suele fluir cuando estoy nerviosa - lamento la tardanza

- llegas justo a tiempo - dice negando con la cabeza y abre más la puerta, señala el interior dándome a entender que entre - sigue

No respondo pero paso al apartamento con lentitud, dentro todo parece ser igual a las ocasiones anteriores que estuve aquí, sin embargo, enseguida noto que el aroma que rodea el ambiente es exquisito, mis estómago suena en respuesta calentando mis mejillas con violencia, Damien parece no darse cuenta porque camina hacia el comedor, lo sigo sin quitar la sonrisa boba de mi rostro.

- espero que te guste lo que cociné - dice mientras corre para mí la silla del comedor, me acomodo sosteniendo la falda con mis manos apenada por su acto de cortesía

- seguro que si - respondo evitando su mirada, el sonrojo seguramente va a acompañarme el resto de la tarde

- todo libre de canela - menciona guiñándome un ojo y eso me hace reír reduciendo la incomodidad del ambiente

Damien va a la cocina y regresa con el almuerzo, huele de maravilla y mi lado tragón reduce los nervios, no todos los días un chef importante te hace el almuerzo exclusivamente para ti en su propia casa, hay que aprovechar. Nos sentamos frente a frente y empezamos a comer en medio de comentarios triviales pronto me encuentro riendo mientras le narro uno de mis accidentes de la infancia, la vez que me fracturé la muñeca izquierda por intentar atrapar el conejo de la señora Martha.

- siempre has sido tremenda - opina con una expresión de diversión en el rostro - ¿Para qué querías el conejo?

- había visto el origen de los guardianes y pensaba que era el conejo de Pascua - le explico causando que tenga que reírse por la idea de una pequeña yo persiguiendo a un pobre animal pensando que me daría huevos de chocolate - no te burles, tenía solamente cinco años y terminé en el hospital, mamá me compró una barra de chocolate para que dejara de llorar

- te saliste con la tuya aún con una muñeca lastimada - hace una mueca de indignación fingida que causa mi risa escandalosa

El almuerzo es muy bueno, el pollo está delicioso e incluso el puré de papas termina encantandome pero más que la comida es la grata compañía de Damien lo que convierte el momento en algo simplemente perfecto.

Dulce CaosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora