Capítulo 9

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Ciudad de Nueva York, Nueva York.

La alarma sonó exactamente a las 6:00 de la mañana siendo apagada por un manotazo al instante.

Lunes.

Harry entre abrió sus ojos fijándose en la oscuridad de la habitación. Estiró su brazo encendiendo la tenue luz blanca que propagaba la lamparilla de noche. Parpadeó un par de veces más para acostumbrarse a la iluminación del foco.

Se levantó y caminó en dirección al baño. La fría agua se impactaba contra la cara del rizado permitiéndole despertar mejor. Tomó una toalla y se secó todo el rostro posando su mirada en el fino espejo.

Vio como sus ojos estaban irritados e hinchados, con un leve color rojo alrededor de ellos. ¿La razón? Había llorado.

Al momento de verse a sí mismo recordó el porqué de sus lágrimas, y como resultado, su apariencia en esos momentos.

*Flashback*

01 de diciembre.

Boston, Massachusetts.

Harry caminaba lentamente por los pasillos de la preparatoria sostenido por el oficial John, el cual evitaba que pudiera caerse o desmayarse.

La directora había concedido el permiso de John de retirar a Harry de la escuela, ya que por obviedad no estaba en condiciones de seguir asistiendo a sus clases.

Los estudiantes que estaban afuera de sus salones miraban con curiosidad y sorpresa como uno de sus compañeros estaba siendo llevado por un policía hasta la salida de la escuela. Algunos pensaron que tal vez había cometido algún crimen y habían ido hasta allí para hacer pagar a Harry, pero por la forma en que el oji-verde tenía su mirada perdida, su rostro pálido y ni siquiera se podía poner de pie por sí solo, dedujeron que era una situación más grave. Y valla que la era.

Al salir de la institución educativa pudo sentir las gotas de agua clavarse en su rostro con velocidad constante. Sentía el frío de cada una de ellas impregnarse en su piel mezclándose con las lágrimas calientes que fluían por si solas.

John corrió rápidamente jalando al rizado junto con el hacia su patrulla, donde cerró apenas estuvieron dentro. Cuidadosamente le pasó el cinturón de seguridad al rizado quien aún estaba en un tipo de estado de shock leve.

El oji-verde se fijaba en como las diminutas gotas arrasaban sin piedad al cristal recorriéndolo todo hasta dar fin con la ranura donde terminaba la ventanilla. Él se sentía como esa ventanilla.

Sentía su corazón como si fuera el cristal; indefenso, sin poder moverse ni protegerse de las gotas de lluvia las cuales eran como pequeñas cuchillas enterrándole dolor y miseria, haciéndole saber que ellas eran más de lo que él tenía para seguir, dejándolo absorto ante cualquier intento de mantenerse firme.

Estás se deslizaban con facilidad por el vidrio escurriendo con ellas algunos fragmentos de suciedad, haciendo que su color claro se volviera un café relavado.

Secreto Styles #LarryStylinsonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora